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Ramón Guillermo Aveledo: Revolución y privilegios

Hace mucho tiempo, tanto que todavía existía lo que llamaban “socialismo real”, en 1982, leí el libro La Nomenklatura, del historiador ruso Mijail Voslensky, sobre “los privilegiados en la Urss”, siglas que traduzco para los más jóvenes porque ya ese Estado tampoco existe: Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Libro que “no es muy recomendable para quien desee conservar sus ilusiones en la antaño llamada patria del socialismo”, según dice desde el vamos de su prólogo Fernando Claudín, ideólogo comunista español, militante desde 1933 y expulsado del PCE con Jorge Semprún en 1964, afiliado al Psoe en sus últimos años de vida.

¿En qué basa su afirmación? Dejemos que él mismo lo explique. “La fe en ese socialismo, consolante alivio para algunas gentes de la izquierda traumatizada por las flaquezas de nuestra democracia y los lacerantes efectos de la inacabable crisis económica, podría quedar malparada al confrontarse con la documentada y vívida disección” que hace el autor de la clase dirigente y dominante de la sociedad socialista soviética que, otra vez Claudín, “no puede ser más deprimente”. La portada, elocuente, es roja con la hoz y el martillo de diamantes.

La “Nomenklatura” la forman las personas que ocupan posiciones clave en el estado socialista. “La nueva clase” de Milovan Djilas, el marxista yugoslavo montenegrino. En socialismo, no hay Estado del pueblo libre, lo dijo Lenin. Y Steimberg, comisario del pueblo para la justicia bajo su liderazgo, relata cómo en los poderosos de la Rusia Urss se notaba “embriaguez del poder, insolencia triunfante, calumnias y pequeñas maldades, venganzas de baja estofa y desconfianzas sectarias, desprecio cada vez mayor hacia los subordinados. En una palabra: un nuevo poder. Y por otra parte, desaliento, miedo a las represalias, cólera impotente, odios silenciosos, adulaciones, mentiras perpetuas”.

En Rebelión en la granja, el clásico de Orwell, la sociedad animal socialista igualitaria es dominada por los cerdos apoyados en feroces perros. “Todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros”.
Que un pequeño grupo maneje el Estado como su propiedad y viva en lujos ofensivos a una sociedad empobrecida, es deriva natural de esas dictaduras. La “Nomenklatura”, clase parasitaria de privilegiados que llega a la riqueza a través del poder. Y cuando este no tiene controles, la única ley es la del embudo. Consumismo para unos pocos, comunismo para todos los demás.

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