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Néstor Francia / Análisis de Entorno: OEA: Objetivos máximos y objetivos mínimos (23-06-2017)

No tiene sentido pensar que la derrota del imperialismo y Almagro en la OEA va a significar algún cambio inmediato importante en las políticas del imperialismo y sus aliados continentales contra Venezuela. En general, las acciones políticas tienen objetivos máximos que pueden no darse, y sin embargo alcanzar objetivos mínimos que produzcan réditos en el futuro. Un ejemplo clásico en nuestro país fue la rebelión militar del 4 de febrero de 1992. Los objetivos máximos de Chávez y sus soldados eran el derrocamiento de Carlos Andrés Pérez y el fin de la noche del puntofijismo. Como dijo el propio Comandante, “Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad  capital”. Sin embargo Chávez, como el gran estratega que fue, no se quedó allí, y dijo además: “Vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse hacia un destino mejor”. En ese momento, comenzaron a perfilarse los objetivos mínimos de la acción: despertar al pueblo venezolano, sacudir su conciencia y convocarlo a la lucha. Derrotado militarmente, tuvo la grandeza de convertir aquello en una gran victoria política.

Si analizamos el resultado de la reciente Asamblea General de la OEA sin dejarnos llevar por las pasiones, no hay duda de que las propuestas de Estados Unidos, Luis Almagro y los otros aliados del imperialismo fueron derrotadas.  Sus objetivos máximos no fueron alcanzados, sin embargo sí lograron algunos objetivos mínimos que no se deben despreciar. Pudieron radicalizar contra Venezuela a una clara mayoría de países latinoamericanos y del Caribe, nos mostraron ante el mundo divididos, como no había sucedido en mucho tiempo y dejaron abierta la puerta de una futura intervención más directa (indirectamente nos están interviniendo desde hace años).

Por supuesto, ante la victoria obtenida en la OEA, nuestro Gobierno tiene que actuar con criterio de ofensiva, que es lo que se vio ayer en la rueda de prensa con medios internacionales que ofreció el presidente Maduro. Esta ofensiva no necesariamente ha de expresarse en una actitud agresiva, también puede (y debe) tener matices propios de la diplomacia. Por ello no es de extrañar que el Presidente haya tendido la mano al gobierno de Estado Unidos, al señalar que aprueba reuniones de “alto nivel” con ese país. Según Maduro, “Han pedido unas reuniones importantes, de muy alto nivel. No las voy a develar ni a informar todavía”.

Inclusive, el Presidente mostró su disposición de dialogar con su homólogo estadounidense, Donald Trump, si este logra ver la verdad sobre nuestro país. Por supuesto, acaso no hay nada más relativo que la “verdad”. Nosotros desconocemos el carácter de la propuesta de “alto nivel” que habría hecho el gobierno yanqui, ni siquiera es posible conocer las intenciones de fondo de esa propuesta, pero es claro que con ese enemigo siempre habrá que hablar, si ciertamente se logra, con especial cautela, porque podemos estar seguros de que vendrá con el puñal escondido bajo la manga. Ya vimos lo que ha pasado con Cuba.

Las intenciones de Estados Unidos después de su derrota en la OEA son las de cobrar en algo lo que alcanzaron, aunque no fuera, como dijimos, sus objetivos máximos. Por medio de un comunicado presentado por la embajadora de EE.UU. ante la ONU, Nikki Haley, la misión de la potencia del Norte ante la organización mundial exigió ayer “acciones” en Venezuela ante la “trágica situación” que estaría sufriendo nuestro país. “El pueblo venezolano está padeciendo hambre mientras su Gobierno pisotea la democracia”, reza el comunicado.

La funcionaria gringa introdujo expresiones típicas del imperialismo, el cual cumple con las formalidades de los organismos internacionales cuando le conviene, pero los manda al diablo cundo no le sirven. En ese sentido afirmó que “La comunidad internacional debe actuar incluso si el Consejo de Derechos Humanos y la Organización de Estados Americanos están bloqueados” en sus decisiones sobre Venezuela. Es decir, es una vez más la actitud de Jalisco, que si no gana arrebata. Es lo mismo que hace Trump ante las decisiones de la absoluta mayoría de los países que se oponen en la ONU al bloqueo económico contra Cuba. Así es la “verdad” imperial.        Maduro fue mucho más agresivo contra el obseso fracasado Luis Almagro, al cual pidió que renuncie a su  cargo por inmoral, lo que permitiría a Venezuela evaluar su retorno a la OEA: “Almagro lleva con Venezuela más de 15 derrotas, y más apabullante la que le acabamos de propinar, debería renunciar a la OEA y permitir que los países nos ocupemos de recuperar y reorganizar la OEA, si es que fuera el caso”.

Por supuesto, ni Trump ni Almagro van a desistir de apoyar a la derecha venezolana y de conspirar junto a ella para dar al traste con la Revolución Bolivariana. Quizá los gringos se andan planteando tan solo escenarios alternativos que les permitan mejores resultados que hasta ahora. Pero la esencia de lo que ocurre no ha cambiado para nada.

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