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Gloria Cuenca: Hasta cuándo…

La arremetida del Gobierno con relación a la protesta en Venezuela se ha transformado en suspenso: ¿qué otra cosa inventó el régimen? ¿Con qué van a agredir a los muchachos?

Luchamos contra una pared, dañada, le falta más presión, para que termine de resquebrajarse y caer, ¡por fin! (según la última encuesta, falta solo un empujón); por eso la angustia de la gente en la calle. Sabemos y estamos claros en que la fuerte agresión del Gobierno obedece al pánico.

Se aterran de pensarse en la cárcel y sin dinero. También piensan, ¿qué harán al perder lo que han creído les pertenece?

Nosotros sabemos que en realidad nunca tuvieron nada. Se lamentan y prometen lo que no pueden cumplir. Por su falta de honestidad, por no tener normas de ética, por su inmoralidad constante. También por su ignorancia, ineficacia y mala fe, todo esto revuelto, como en sancocho criollo, común en las mesas cuando se podía. En ningún país del mundo, ni siquiera en los países cercanos, como Cuba, Nicaragua, Bolivia o Ecuador, podrían vivir medianamente felices. Se sabe, se conoce dónde están los reales de la gente que ha robado al pueblo sin ningún tipo de pudor.

Cómo el poderoso señor “don dinero” gusta y tiene amigos por todas partes, muchas corporaciones bancarias y entidades financieras se hicieron las locas al momento de recibir ese billetaje. No hicieron las pesquisas necesarias. Sin embargo, hoy se sabe, como la vieja consigna de Luis Herrera, dónde están los reales, pero no como pregunta, sino como aseveración.

Investigaciones hechas para conocer enormes cifras robadas y quiénes las tienen y dónde.

Alguien atribuyó al presidente Carlos Andrés Pérez la expresión: “Dos cosas que no se pueden ocultar, el dinero y la tos”. En efecto, con la globalización y los avances tecnológicos, con la droga, el lavado y el narcotráfico, se ha vuelto imperativo saber de dónde vienen los reales que alguien dispone. Millonarios y millonarias que surgieron de la nada, con historias de pobreza reciente, además saben que nunca han trabajado. No pueden demostrar de dónde salieron los reales. Los “pobres” no se han dado cuenta de que, no importa cuánto dinero hayan robado, son y siempre serán pobres. Con la más triste pobreza: de espíritu y mente.

PD. Hay pobreza material y también del espíritu, para quienes no han entendido. Soy multimillonaria del espíritu. Vale.

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