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Maryclen Stelling: Asedio al diálogo

El diálogo, paradójicamente, se encuentra bajo fuego cruzado y sometido a la estrategia del desgaste.

Un conflicto o contienda doméstica con resonancia e injerencia internacional, que incluye presiones diplomáticas, económicas, mediáticas, psicosociales. Marchas y contramarchas; armas, destrucción y represión; involucramiento de la población civil en calidad de combatientes y víctimas; linchamientos, crímenes y bajas humanas.

En la procura de legitimidad, en ambos bandos se construyen narrativas en torno a la confrontación y la emergencia. Se producen marcos de “realidad” autoevidentes e incuestionables, mediaciones simbólicas que no son procesadas críticamente. Se acude a la descalificación del enemigo y la interpretación de los hechos para beneficio de la propia causa.

Estrategias adversas a cualquier intención de diálogo y convivencia.

La oferta del Gobierno Asamblea Nacional Constituyente y elecciones regionales como vías para la paz y la construcción colectiva- ha generado en ciertos sectores políticos el efecto contrario. En el ámbito oficial, el apoyo firme a la convocatoria oficial convive con críticas, deslindes y hasta deserciones. En la oposición se potencia la confrontación y surgen nuevas formas de beligerancia en torno a una suerte de cruzada liberadora, con fines políticos e ideológicos, económicos, sociales y psicológicos. Suerte de guerra “difusa” que desconcierta la reacción oficial.

El escalamiento de la confrontación conduce a “un estado de hostilidad socialmente extendido” y se borran fronteras, ámbitos y distinciones. El fin último es la derrota del enemigo con miras a alcanzar un logro político, redefinir el orden social o configurar una nueva hegemonía política. ¿Quién lleva la iniciativa? ¿Quién tiene el monopolio de la violencia?

¿Cómo se aborda el problema de la regulación de hostilidades y protección de las víctimas?

Cuando se demoniza al enemigo -a quien se odia y teme- se le despersonaliza y reconocen menos derechos y, en casos extremos, se legitima su exterminio. ¿Dónde quedan las demandas morales de regulación del conflicto?
En un contexto altamente vulnerable como el actual, el reconocimiento, la convivencia, la paz y la negociación no escapan al radicalismo irracional y escalada de la violencia. Grave situación de vulnerabilidad que se refleja en la vida cotidiana, en el ámbito privado y el público. Suerte de condena a la que ni el diálogo parece escapar.

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