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César Malavé:  El mejor oficio del mundo sin celebraciones

A nuestro juicio, dentro del gremio periodístico venezolano, no hay razones para celebraciones: Controversial, expuesto a escrutinios y retos, y sometido, además, a severos riesgos, “el mejor oficio del mundo”, en el decir de Gabriel García Márquez, atraviesa ciertamente por una de las etapas más exigentes, de nuestra historia. ¿Cómo brindar, y prodigar amables parabienes, en medio de un clima tan enrarecido, cuya impronta más sobresaliente es la brutal represión y asesinatos cometidos contra un pueblo, que sólo pide respeto a su Carta Magna y bajo el fuego cruzado de amenazas explícitas a la libertad de expresión, algunas ya materializadas, y otras en camino con el fraude electoral que el gobierno militarista de maduro se empeña en llamar Constituyente. Sólo  entre el 31 de marzo y el 24 de junio, 376 trabajadores de la prensa han sido agredidos en 238 casos documentados por el SNTP.  Las fuerzas de seguridad del Estado son responsables de 170 casos de agresiones contra los periodistas en la cobertura de las manifestaciones antigubernamentales, siendo de la autoría de  la GNB el 60,5% de los casos de agresión. A propósito de ese hostil estado de cosas, un sinnúmero de organizaciones acordamos rememorar la señera efemérides con una serie de eventos que animan el debate y la necesaria reflexión sobre el periodismo que hacen los valientes periodistas venezolanos, de cara a la coyuntura actual, y en lo tocante a aquel hacia donde anhelamos trascender.

El hecho de que el genio de Simón Bolívar concibiera las cuatro páginas semanales del Correo del Orinoco, impresas en la capital provisional de la república, Angostura, desde el 27 de junio de 1818,  adhiere al periodista a la acción, al encargo histórico de no tolerar, nunca, ningún tipo de cadena capaz de relegarnos a la vejatoria condición de vasallos. Al calor de un régimen que se proclama “bolivariano”, con impúdica falsedad, los pretendidos amos del poder obvian, a plena conciencia y con obstinada depravación, un principio que el propio Libertador dejaría claramente asentado en su proyecto de Constitución de 1819, la segunda, por cierto, del constitucionalismo venezolano. El artículo 4 de ese texto fundamental advierte que “el derecho de expresar sus pensamientos y opiniones, de palabra, por escrito, o cualquier otro modo, es el primero y más estimable bien del hombre en sociedad”. Y a renglón seguido complementa, terminante: “La Ley misma jamás podrá prohibirlo”. Hay, pues, razones de sobra para la prevención, aunque no para sumirse con reincidencia en un espíritu proclive a la fatalidad, al entreguismo.  La sociedad venezolana, según revelan sostenidamente las mediciones de opinión, le asigna a los medios de comunicación independientes, y en particular a los periodistas, un alto grado de credibilidad. Sin lugar a dudas, el cierre de RCTV fijó un antes y un después, en los afectos de la gente hacia este gobierno de enchufaos y corruptos. Lo remacha, asimismo, la deplorable audiencia que acopian las televisoras y medios afectos o subordinadas a la práctica totalitaria del oficialismo.. El periodismo libre, aquel que no dobla la cerviz ni tarifa su mensaje, está escribiendo en estos tiempos una crónica emocionante, y hermosa, por su contenido de justicia y de resistencia. Es, sin lugar a dudas, la forma más edificante de conmemorar el Día del mejor oficio del mundo.

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