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Vecinos de Caracas narran cómo es vivir bajo el acecho de grupos ‘irregulares’

En una eterna tragedia se ha convertido la rutina para los habitantes del barrio Los Sin Techo de El Cementerio, zona sur de la ciudad capital, desde hace tres años aproximadamente. Entre escasez y dificultades ahora deben lidiar con el horror de tener que convivir con grupos irregulares que, amparados bajo la actuación de cuerpos policiales, se han dedicado a sembrar terror en el sector, erigiéndose como los dueños de la vida. 

Así lo declaran residentes de la zona, quienes amparados bajo el anonimato exigen justicia y que pare la eterna masacre en la que se ha convertido su día a día. Entre los casos de ajusticiamientos más recientes ocurridos en el sector está el de Daniel Antonio Hernández Valderrama, de 24 años, quien se encontraba en una cola en el Mercal de la zona, cuando fue abordado por varios sujetos y obligado a subir a un jeep sin placa.

Amigos de la víctima explican que el suceso ocurrió el 16 de mayo, a las cuatro de la tarde. El joven, que apareció al día siguiente en la morgue de Caracas con 12 heridas por arma de fuego, se encontraba rodeado de varios de sus seres queridos cuando lo secuestraron. Incluso ”a su madre la bajaron de un solo golpe del jeep, ya que ella logró abrazarlo para evitar que se lo llevaran”, indicó uno de los dolientes.

Cuando la mujer acudió a la medicatura forense para hacerse el respectivo examen médico legal, a instancias de un fiscal del Ministerio Público, encontró el cadáver del menor de sus tres hijos, ya lo habían buscado por hospitales y comisarías y no lo habían conseguido. De acuerdo con los registros del despacho legal, el cuerpo de Hernández fue hallado en la calle 10 de El Valle, con múltiples heridas por arma de fuego.

Enardecidos vecinos aseguran que el joven era un hombre sano, que vivía y trabajaba en la comunidad, y que fue “detenido” por varios miembros de un grupo llamado “Divino Niño”, que acostumbran a operar en la zona con complicidad de los cuerpos policiales. “Siempre llevan algo que dice Policía Nacional Bolivariana encima, a veces hasta suben totalmente uniformados, aunque no son policías”, revela un vecino. La familia de Daniel tenía más de un año amenazada de muerte.

Incluso la madre de la víctima está amenazada con “picarla” si insiste en las denuncias ante los órganos competentes. Al momento que el joven fue secuestrado, los sujetos llegaron en dos camionetas negras y un jeep blanco sin placas. No portaban pasamontañas en esa oportunidad, porque —según los denunciantes— se sienten amparados por los cuerpos policiales.

“Cada vez  que suben al cerro gritan: ‘escóndanse bajo la cama y los colchones que llegaron los locos. Véannos para que nos denuncien. Nosotros estamos protegidos por el gobierno”, explica un residente, harto de la impunidad. Agrega: “ahora ni se tapan la cara”.

A las víctimas de esta tragedia diaria no les queda duda de la complicidad y la indiferencia de las autoridades para con estos grupos. “A ella (mamá) el fiscal le dijo que la labor de ellos es marcar las casas, decir dónde vive cada persona”, indicó un amigo de la víctima, quien rechazó esta especie de cacería que ha comenzado en el barrio desde hace varios años y que —aparentemente— no tiene intenciones de parar.

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