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Alberto Aranguibel: Allá va el ladrón!

Después de casi 20 años de infundios y difamaciones contra la dirigencia chavista y los funcionarios del gobierno, la oposición decidió en 2014 dar una paso hacia una fase más contundente y mandó una comisión de diputados a Europa a buscar los números de las cuentas bancarias de los corruptos que ella decía habían acabado con el erario nacional mediante lo que denominaban “la mayor corrupción de la historia” en el país.

El jefe de esa delegación parlamentaria dejaba en suelo venezolano el pequeño affaire de las acusaciones (varias acusaciones) contra su propia esposa por malversación y distracción de muy cuantiosos fondos públicos en obras no realizadas en el estado Zulia.

En un inédito acto de intervención auditora, recorrieron todos los bancos de Suiza, de Andorra, de España, Italia y hasta de Portugal, buscando las pruebas del desfalco descomunal que le han dicho siempre a los venezolanos y al mundo que habrían cometido los líderes revolucionarios, que ellos denominaron “boliburgueses” como parte de su campaña de descrédito contra el chavismo.

Pero los que aparecieron, no solo en esos bancos sino en los “papeles de Panamá”, fueron los líderes de la oposición y sus aliados de la alta burguesía criolla que han hecho fortunas con el bienestar económico que la revolución construyó a lo largo de más de diecisiete años para beneficio de las venezolanas y los venezolanos sin distingos de condición social, política o religiosa.

Quedaba al descubierto que la campaña de acusaciones era solo una estratagema de perversa distracción para esconder a los verdaderos autores del saqueo al país. Hoy la constante en las noticias que reportan las detenciones de los terroristas que pretenden escudarse en la fachada de “luchadores políticos” para intentar derrocar a la Revolución Bolivariana, es que en su gran mayoría son beneficiarios de grandes contratos en dólares preferenciales que les han sido otorgados para distintos propósitos empresariales, fundamentalmente la supuesta importación de alimentos y otros productos de primera necesidad. Esos son la prueba irrefutable de que quienes han robado son los que gritan “¡Allá va el ladrón!”.

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