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Néstor Francia / Análisis de Entorno: El loco del helicóptero (29-06-2017)

Como nos gusta proceder, nos tomamos la distancia mínima del hecho ocurrido el martes, cuando un helicóptero del CICPC fue secuestrado por el funcionario de la institución Oscar Pérez para atacar desde el aire la sede del TSJ. Esperamos a tener más información, sopesar reacciones, escuchar y participar de especulaciones a fin de hacernos una idea más clara de lo que ocurrió.

Se trata de un suceso tan grave como peculiar, realizado por un caballero a su vez fuera de lo común, una especie de “muñeco” narcisista y dotado de distintas características que lo pueden definir como un sicópata que hasta ahora se había comportado como un “loco manso”. Esto se puede constatar por diversas señales, más allá de algunas opiniones que lo tildan de una vez como golpista y agente de la CIA. Todo esto podría ser verdad, pero también responder al uso ya común en el chavismo de tildar de golpista y espía al primero que aparezca repentinamente del otro lado, sin presentar ningún tipo de evidencias. Este hábito puede tener eventualmente razones y efectos políticos positivos, pero restarnos igualmente credibilidad. Es lo que pasa, por ejemplo, con el caso de Miguel Rodríguez Torres. Si altos funcionarios afirman que este ex militar y ex chavista es agente de la CIA, pues debería estar ya preso, al menos para averiguaciones. Si no, la gente piensa con razón que la acusación es “paja loca” y se le resta crédito al Gobierno.

En fin, volvamos al tema del inspector Oscar Pérez. Primero que nada, digamos que nosotros no creemos que el hombre formara parte, en sentido estricto, de un golpe de Estado (aunque sí, posiblemente, de parte del entramado simbólico que conduciría a un desenlace tal). Un sujeto montado en un helicóptero civil (desde el punto de vista de su estructura mecánica), disparando a una institución pública, es el tipo de cosas que pasa a cada rato en Estados Unidos sin que nadie lo vincule de manera directa a un golpe de Estado. Pérez ni siquiera es un militar y no hubo ningún cuerpo oficial ni institucional vinculado a su ejecutoria ¿Qué pudo haber ocurrido entonces?

Aquí caemos en el campo de las especulaciones, que por cierto abundan. Una es que Pérez formó parte de una trama de alguien ¿del Gobierno, para sacar provecho de una situación que sin duda lo favorece en medio del conflicto violento actual? Puede ser, en la guerra todo se vale, menos la crueldad inhumana. ¿De una persona de su entorno policial que armó todo un tinglado para echarlo a los leones por alguna retaliación personal? Difícil de creer, pues sería demasiado trabajo para individuos que tienen otros medios expeditos para cobrar venganza o ajustar cuentas ¿De la derecha, que lo compró para generar una situación que abonase a la moralización de las huestes violentas y/o incrementar la sensación de inestabilidad e ingobernabilidad? Si fuera así, probablemente hubo un error de cálculo, dados los resultados. En fin, por eso es que las especulaciones no pueden ser tomadas como material fundamental para el análisis. La palabra “especulación” proviene de la misma raíz latina de “espejo”: en esta acepción, se asemeja, precisamente, a un juego de espejos,  conformado por imágenes virtuales y a menudo invertidas, como ocurre con las que se reflejan en un espejo. Así que desechemos por ahora todas estas versiones.

Vamos a concentrarnos, mientras se desarrolla esta curiosa noticia, en la cabeza alocada de este tipo. Según nuestra averiguación somera, y tomando en cuenta el hecho mismo y las imágenes que muestra el propio Pérez en su cuenta de Instagram, el sujeto sufriría de una patología denominada “Trastorno narcisista de la personalidad”, que se define como “un trastorno de la personalidad del grupo B (desórdenes dramáticos, emocionales, erráticos o eróticos), conocida históricamente como megalomanía. Véase las características de este tipo de personalidad y compárenlas con las de Oscar Pérez:

“Un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos como lo indican cinco (o más) de los siguientes puntos:

  1. Tiene un grandioso sentido de autoimportancia (p. ej., exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior, sin unos logros proporcionados).
  2. Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios.
  3. Cree que es ‘especial’ y único, y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto estatus.
  4. Exige una admiración excesiva.
  5. Es muy pretencioso, por ejemplo, expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas.
  6. Es interpersonalmente explotador, por ejemplo, saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.
  7. Carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.
  8. Frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él.
  9. Presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbios”.

No hay duda de que Pérez presenta “cinco o más” de esos puntos. Es, primero que nada, un insano, un enfermo, un demente. Alguien así puede llegar a cometer, por su propia cuenta, actos extremos que satisfagan su gran necesidad de llamar la atención, o ser fácilmente manipulado para comprometerlo en planes que se aprovechen de su patología.

Hay otras patologías que podrían ser revisadas y que acaso se corresponderían con la personalidad de Oscar Pérez: síndrome de Peter Pan, síndrome del héroe, complejo de autosuficiencia. Pero eso se lo dejaremos como material a nuestra hija, la sicóloga.

Sin más ni más, Pérez es un tipo alocado, fuera de sus cabales, y a partir de allí cabe cualquier especulación. Pero el evento tuvo además connotaciones políticas, más allá de su origen o motivaciones. De eso no ocuparemos mañana no se cae un pedazo del cielo.

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