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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Después del helicóptero (30-06-2017)

¿Cuál será el efecto político del ataque sui generis de Oscar Pérez contra el TSJ? En nuestra opinión, y por los vientos que soplan, ninguno que tenga demasiada importancia. De hecho, es probable que esta noticia desaparezca de los titulares, como lágrimas en la lluvia, más temprano que tarde (volvería, eventualmente, si atrapan al piloto). La gravedad del conflicto político del país, que incluye a la Asamblea Nacional Constituyente, se lleva todo por delante como un huracán de grado cinco. En ese conflicto, del cual forma parte la aventura de este “Rambo” tropical, la misma es un hecho espectacular pero secundario en cuanto a sus consecuencias en el factor político, como hemos dicho.

De momento, pero solo de momento, el tema del helicóptero favorece al Gobierno. Refuerza internamente la matriz de golpe de Estado, pero como no hubo golpe, y ni siquiera intento real de tal cosa, pronto será ingresado en los archivos del olvido. En el plano internacional reafirma una matriz que ya se venía imponiendo, la de que la violencia no es solo del Gobierno, pero no deja por ello de desecharse la matriz principal: que el principal responsable de la misma es, precisamente, el Gobierno. Ni Almagro dejará de ser Almagro; ni el Imperio, el Imperio; ni Peña Nieto, Peña Nieto; Ni Santos, Santos. El canciller Samuel Moncada se quejó de que la mayoría de los gobiernos  y organismos no se habían pronunciado sobre el acontecimiento señalado. Pues casi todos han “corregido” el silencio, pero con más ruido que armonía.

Para confirmar todo lo dicho, basta con repasar las distintas declaraciones. Las de los voceros nacionales, sobre todo los opositores, no hacen sino contribuir a la confusión general. Al principio, Henrique Capriles, que no quiere perder oportunidad de figurar, y algún otro vocero, asomaron la idea de que el ataque aéreo reflejaba el “malestar” en los cuerpos de seguridad del Estado. El gobernador de Miranda dijo, en las primeras de cambio, que “Este tema del helicóptero es una señal clara del descontento que hay en el país. Adentro, en la Policía, Guardia Nacional, todas las instituciones, hay división”. De esta manera se cuadraba con algún alborozo instantáneo que apareció en las bases sociales del fascismo, que se expresó en cacerolazos y hasta repentinas acciones de calles no previstas. Dentro de la épica guarimbera, apareció de la nada un héroe alado y justiciero. Pero después las cosas han indo cambiando, luego de cierto omisión inicial por parte de cabecillas y comunicadores de la MUD.

Al darse cuenta de que el hecho no generó consecuencias reales que la favorecieran, la oposición comenzó a hilvanar un discurso que culpabiliza al Gobierno y, además, lo ubica en el origen de la acción de Oscar Pérez. Se inició la construcción de una intriga con base en la especulación de que todo no es más que una trama urdida por el Gobierno para sacar provecho político de ella. Las declaraciones en ese sentido han comenzado a abundar. Veamos algunos botones de muestra.

El Capitán retirado Carlos Guyón Celis, quien acompañó a Chávez en la rebelión militar del 4F y luego cruzó la calle para ubicarse del otro lado, afirmó que “Lo del helicóptero fue montado por el régimen porque anteriormente fue volado un dron por un periodista y fue detenido, imagínate volar un helicóptero que ataca instituciones y luego desaparece, habiendo dos satélites en el espacio. Hoy haré un escrito pidiéndole a Nicolás que entregue su cargo al pueblo”.

Y el periodista del portal derechista La Patilla, Daniel Guillermo Colina, calificó el incidente del helicóptero como un “show” y señaló que hay dos cosas que le causan suspicacia: “Primero, las declaraciones del ministro Ernesto Villegas y segundo, que no haya sido removida la directiva del CICPC, tomando en cuenta que ellos no saben lo que pasa en la institución, cómo es que toman un helicóptero y realiza lo que hizo, donde están los radares de la aeronave, como es que no saben por dónde se estaba moviendo ese helicóptero”.

También el ex gobernador del estado Zulia, Pablo Pérez: “La gente no es pendeja y por eso muchos se preguntan cosas como ¿dónde está el piloto? o ¿por qué no activaron sus modernas defensas antiaéreas? entre otras cosas… el país no está para shows… La triste y muy lamentable realidad que vivimos los más de treinta millones de venezolanos supera con creces la ficción de helicópteros supuestamente robados para presuntos ataques terroristas y no sé cuántas fantasías más”.

Desde el exterior también se abonó a esa matriz. Diego Moya-Ocampos, del IHS Markit, una compañía con sede en Londres que provee a empresas y gobiernos información sobre las industrias aeroespacial, de defensa, seguridad y otras, afirmó que “Es posible que el evento del helicóptero sea organizado por el gobierno, ya sea para distraer la atención o provocar una reacción de las filas medias para continuar purgando fuerzas de seguridad”.

En cuanto a las declaraciones oficiales internacionales de los enemigos de Venezuela, son todas cortadas con el mismo patrón: condenan formal, breve y levemente la acción del helicóptero terrorista para luego lanzarse con todo, una vez más, contra el Gobierno de Maduro y exigirle su capitulación ante la derecha insurrecta. Tomemos el ejemplo señero, aunque invitamos al lector a buscar otras declaraciones de gobiernos aliados del imperialismo. El Departamento de Estado de Estados Unidos pidió a “todas las partes en Venezuela que se abstengan de la violencia” tras el ataque aéreo contra el TSJ, para luego volver a su retahíla intervencionista. Uno de sus voceros reiteró su “condena” a “los esfuerzos del presidente Nicolás Maduro para anular la Constitución y convocar a una Asamblea Constituyente ilegítima” y añadió que “Los responsables de la represión criminal de la actividad democrática pacífica y las violaciones flagrantes de los derechos humanos deberán ser responsabilizados individualmente por sus acciones por parte del pueblo venezolano y sus instituciones”, e insistió en promover la agenda opositora, al exigir que se establezca un calendario para celebrar “elecciones libres, justas y creíbles”, que se “respete” la Constitución y la Asamblea Nacional, además de volver a reclamar “la liberación inmediata e incondicional de todos los presos políticos” y que se atiendan las “necesidades humanitarias” del pueblo venezolano. Nada nuevo bajo el sol.

Entretanto, el río del conflicto sigue corriendo con sus aguas teñidas del rojo de la sangre. La lucha sigue con los mismos actores.

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