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José Manuel Rodríguez: Proudhon, “Desorden Público” y el Gobierno

Perdónenme los anarquistas, pero de ellos, el que menos me gusta es el tal Proudhon. No por decir que los gobiernos abusan, hostigan, reprimen y someten al escarnio público a los ciudadanos; sino por su estúpida convicción de la inferioridad física, intelectual y moral de la mujer… que así lo decía. No por estúpidos sino por manoseo oportunista “Desorden Público” gritaba en un ska bailable que el poder es arrogante, el poder es petulante, el poder es altanero, es soberbio y muy grosero… No hay cosa más ancha y sin dueño que las inconsistencias expresivas.

El Estado es un aparato que planifica, norma y controla los asuntos de la sociedad. Marx le agregaba lo represor. Sin duda es así, como también es el que hace valer la soberanía y, sobre todo, el que guía el timón por el rumbo que la mayoría de la sociedad determinó. En el caso de la Venezuela del siglo XXI, fue la profundización de la democracia de la mano del socialismo. Así lo hicimos, al reelegir a Chávez en octubre del 2012 aprobamos su Plan de la Patria 2013-2019.

Ahora bien, siempre ocurrirán hechos sobrevenidos que dificulten la marcha. Aunque en teoría tales hechos no tiene por qué modificar el propósito. La preservación del camino al socialismo no puede depender de la voluntad de los dirigentes que les tocó el turno de la conducción. Para decirlo en lenguaje cabrujiano, el liderazgo de ese Estado en construcción es contingente. Si no fuera así, si dependiera de los dirigentes, no hay sociedad protagónica.

Estamos en medio de una violencia inaudita que acorrala al pueblo todo. Los chavistas se confinan en sus casas y barrios para evitar ser linchados (que son hechos y no amenazas). Y el Gobierno enredado en una estrategia suicida, deja que todo suceda apostando al desprestigio de los violentos y amagando con el Rondón no ha peleado.… Es deber del Estado mantener, a toda costa, la paz y la seguridad de la sociedad. No hacerlo es expresión de lasitud. Ella, en medio de una convocatoria a constituyente que la derecha amenaza impedir, liquida el entusiasmo que su llamado provocó.

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