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Luis Fuenmayor Toro: La paz de los sepulcros

 

En principio todos queremos la paz. Vivir en paz, trabajar en paz, cultivar nuestras familias y desarrollar nuestros proyectos en paz. No hay diferencias en este objetivo dentro de las sociedades, salvo las derivadas de la existencia de quienes quieren dominar la sociedad en función de sus intereses propios y de la escoria generada por la descomposición social. Una minoría, pero agresiva y la mas de las veces poderosa. Las contradicciones entre los seres humanos existen desde siempre, al igual que su extensión a los grupos que integran. En la medida que las sociedades avanzan y crece su dominio sobre su entorno, el hombre ha ido sustituyendo las formas cruentas de resolución de esas controversias por formas civilizadas para ese fin. El voto directo, universal y secreto en la escogencia de representantes y gobernantes y en la toma de otras decisiones, ha significado indudablemente un avance en esta materia, que ha sido mejorado con la representación proporcional de todos los pareceres en los organismos de gestión resultantes.

Lo anterior no significa que las sociedades hayan alcanzado la forma final de resolver sus diferencias, pues la evolución humana y social continúa y aparecerán formas superiores, no fácilmente imaginables en este momento. Por otra parte, la paz es un objetivo pero la forma de alcanzarla no puede ser cualquiera. Para algunos, como el caso de nuestro gobierno, la paz se alcanza simple y llanamente mediante la represión. Esta concepción no solo la observamos con espanto en las acciones violentas cotidianas contra la gente de la GNB, la PNB y las otras fuerzas mal llamadas del “orden público”. La vimos hace muy poco en la cobarde acción de un coronel gorila contra el Presidente de la Asamblea Nacional. La sufrimos también de parte de los paramilitares del Gobierno (¿colectivos?), que mantienen aterrorizadas a las comunidades donde se desenvuelven y que actúan, descaradamente, como auxiliares de la represión directa de las movilizaciones de protesta.

Esta forma de garantizar la paz no difiere de las formas más primitivas de hacerlo. Garantizar la paz por la fuerza, por la coerción, por la vía de inducir miedo, en lugar de la vía de la conversación y el diálogo, del establecimiento de acuerdos, de la búsqueda de consensos, es muy propio de personas soberbias y autoritarias, de bajo nivel cultural y de conocimientos, defensora de intereses mezquinos y con antecedentes familiares y socio-culturales de irrespeto por los demás e imposición violenta de su voluntad. Es imposible, por ejemplo, que al interior de una banda delictiva puedan operar mecanismos de paz distintos de la violencia; en estos grupos la paz se obtiene por la vía de la paz de los sepulcros. Para el gobierno, la única forma de lograr la paz es a través de la represión de la población. Está en su sangre, en cada fibra de sus cuerpos, no tienen otra forma de imponer sus ideas y criterios, pues sus intereses son contrarios a los de la nación.

La paz de los sepulcros es la vía escogida por el régimen de Maduro para mantenerse en el poder para siempre. Como no convencen, se imponen.

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