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Roberto Malaver: No me empujen, que yo me caigo solito

“Yo quiero explicarles la teoría del empujón en Venezuela –así comenzó el diputado Ramos Allup su conversa en la mesa de la unidad que los miembros caídos de la oposición tienen reservada en la Tasca Puerto de Palos, donde siempre hay un Colón. “Nosotros, en el partido, debo decirlo –siguió diciendo Ramos Allup- hemos dado varios empujones a compañeros que no eran nadie, pero desde el partido los empujamos y comenzaron a ser alguien, es decir, hasta Ministros, eso en la Cuarta República. También es verdad que a nosotros nos han dado unos empujones desde afuera, no para expulsarnos, sino para meternos más adentro de la situación política”.

“Muy interesante esa teoría” –dijo el diputado Ismael García. “Es decir, que el empujón que el coronel le dio al compañero Borges, no fue para expulsarlo de la política, porque él se está expulsando solito, sin necesidad de que lo empujen. Cuando se volvió a ver al coronel, yo pensé que le iba a decir: “No me empujes, que yo me caigo solito”. Terminó filosofando el diputado.

Esperando que terminara su disertación, para servirlos, estaba Romualdo Salazar, el jefe de los mesoneros de la tasca Puerto de Palos. Y aprovechó que el diputado terminó: “¿Cómo están los salvadores de la patria?”.  ¿Sudados de tanta lucha por el país? ¿La Constituyente los tiene locos? Díganme ¿en qué los puedo servir? “Lo mismo de siempre” -dijo el diputado Edgard Zambrano-. Y un diputado nuevo, de esos que nadie conoce, ni siquiera los que estaban sentados en la mesa, dijo: “Y por favor, una piña colada”- El mesonero se lo quedó viendo, tratando de averiguar quién será este tipo, pero no dio con ninguna cara conocida. Viendo que el mesonero estaba intentando descifrar quién era el tipo, el diputado García le dijo: “No trates de saber quién es este tipo, nosotros tampoco sabemos quién es, solo sabemos que es diputado nuestro, y eso basta”.

El diputado Ramos Allup tomó nuevamente la palabra. “Lo que pasa es que en este país nadie investiga, y ahora con estos chavistas mucho menos”- “¿No investigan los chavistas?” –lo interrumpió el diputado García- “Si a nosotros nos tienen locos, que no podemos hacer ninguna vaina, porque todo lo saben esos carajos”. El diputado Ramos Allup se lo quedó viendo como si estuviera viendo un Guardia Nacional, y el diputado García le dijo: “No me vayas a llamar cabrón y muerto de hambre, porque a ti te encanta ofender a esa gente, y después salimos nosotros a jalarle bolas para que den un golpe”.

El diputado Ramos Allup se sirvió un trago que le había servido Romualdo Salazar en ese momento,  y siguió diciendo: “Cuando hablo de investigaciones, estoy hablando sociológicamente. Es decir, para explicar la teoría del empujón en Venezuela, es importante tener argumentos, y yo puedo decir que en este país, hay un montón de encumbrados, tanto políticamente como económicamente, que solo les ha bastado con un empujón. Sigo, el empujón, o empujoncito, como le dicen algunos cariñosamente, no es más que un pasaporte a la felicidad. El General Gómez también tenía sus empujados con poder, que antes no eran nadie. Rómulo también empujó a unos cuantos, y Pérez…” “Lusinchi  no empujó a nadie, a él lo empujó Blanquita”- Interrumpió el diputado García, y Ramos Allup le dijo: “Cuando el ignorante no quiere aprender, no vale la pena explicarle”.

El jefe de los mesoneros, Romualdo Salazar, que había escuchado la teoría del empujón de Ramos Allup, y les estaba sirviendo lo mismo de siempre, dijo: “Me gusta esa teoría del empujón, diputado. Pero no se olvide diputado, que hay carros que no prenden ni empujados. Así como le está pasando a ustedes”.

Y Romualdo salió rumbo a la barra muerto de la risa.

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