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Alirio Pérez Lo Presti: La conspiración de los Oráculos

Era una tradición del siglo XX, que en cualquier parte del mundo, a efectos de mantenerse medianamente informado, cualquier persona se valía de varios periódicos escritos, para poder sacar una conclusión de lo que estaba ocurriendo. Esto lo hacía el ciudadano bajo la premisa de que los distintos medios de comunicación seguían líneas editoriales que incluso podían ser antagónicas, mas dependía del lector sacar su propia conclusión de los hechos. Mario Vargas Llosa lo ha señalado recientemente de manera puntillosa desde su condición de lector, pero tiene mayor valor su apreciación dada su vinculación con la prensa escrita como oficio.

En el siglo pasado, en países como la ex Unión Soviética, una persona podía comprar tres periódicos distintos en el aeropuerto de Moscú, pero los mismos contenían básicamente la misma información y el mismo enfoque, por lo que el ciudadano normal tenía contacto con una sola versión o interpretación de los hechos.

Por una parte había naciones en donde la persona tenía acceso a lo que estaba ocurriendo desde varias fuentes y otros países en los cuales prevalecía la censura. Con el auge de las libertades y el avance de las nuevas tecnologías, en nuestro tiempo el control informativo se atomizó a tal punto que los retos de la contemporaneidad tienen que ver con el manejo de un exceso de información a través de fuentes que no generan la credibilidad que deberían sembrar.

En el siglo pasado, en las sociedades más avanzadas del planeta existió un equilibrio de la información que permitía que un ciudadano pudiese ponerse en contactos con las más variadas fuentes y tópicos informativos para hacer un balance de cuanto le circundase. El conocimiento no era ilimitado, pero existían referentes generadores de credibilidad. Funcionaba como un sistema adecuado, porque el que hacía una indagación podía tener la posibilidad de seleccionar entre versiones encontradas. Lo que ha pasado en las comunidades del siglo XXI es un desbordamiento informativo que tiende a crear una especie de caos periodístico por la excesiva cantidad de fuentes noticiosas. Para un europeo contemporáneo, la información a la cual tiene acceso es tan amplia, que difícilmente podrá sacar una conclusión medianamente objetiva de las cosas. A mi parecer es una paradoja perfecta de la contemporaneidad.

Ese es un asunto que atañe a las sociedades avanzadas, en donde el exceso de fuentes de información tiende a crear una inevitable información, lo cual a su vez lleva a una segunda paradoja. Ante un exceso informativo, la persona tiende a resguardarse bajo la visión de un solo medio de comunicación. De ahí que contrario a lo que pudiese creerse, ya no se hace un balance, sino que los puntos de vista sobre las cosas son radicales. Las cosas se aprecian de manera tubular, en un solo sentido.

A todas estas, el punto es: ¿qué ocurre en una sociedad como la venezolana con respecto a la información? Apelo a la metáfora del plomero. En una ocasión, la tercera vez que llamé al mismo plomero para que reparara la misma fuga de agua, el experto en asuntos hídricos me dijo: “Con el agua es muy difícil trabajar, porque tiende a escurrirse por la menor hendidura”. Dado que el plomero era un pensador de los asuntos de su trabajo, pienso que lo mismo pasa con la labor de quienes se dedican al periodismo, al manejo de la información y a la emisión o generación de matrices de opinión. “Se puede engañar a la gente por un tiempo, pero no se puede engañar a las personas todo el tiempo”. La verdad de las cosas tarde o temprano hace su aparición y mientras eso ocurre, se hacen esfuerzos para que la realidad se tienda a distorsionar por las grandes masas de ciudadanos de las formas más extravagantes y ridículas.

Tratando de crear una opinión propia de las cosas que me rodean, cada vez son menos las fuentes de información en las cuales confío, porque al contraponerlas con la realidad el balance es risible. Pero de todas las fuentes de información con las cuales entro en contacto, las que me parecen más desatinadas son aquellas que tratan de asomar lo que va a ocurrir en función de futuro. Es una especie de carrera de oráculos que nos dicen cómo será el porvenir sin tener elementos de juicio que sustenten lo que se asoma como próxima realidad.

El buen analista tiene en cuenta dos cosas para poder emitir un juicio: 1) El uso de condicionales, dado que la vida se suele manejar bajo ciertos preceptos propios de la incertidumbre y 2) La premisa de que la vida en sociedad está subordinada a “lo sobrevenido”, esas cosas que han marcado el rumbo de la civilización y no estaban presentes en nuestra mente. Aquello que nadie pensaba que podía ocurrir y simplemente ocurre, desde los desastres naturales y los hallazgos “casuales” hasta la aparición de las más extravagantes enfermedades. Es el antojo y lo impredecible lo que inexorablemente marca sin reparo los más profundos surcos de la historia del hombre.

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