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Aurora Lacueva: Que hable el pueblo

Para salir de esta crisis lo mejor es oír la voz del pueblo. Estamos envueltos en la estridencia del hablar y el actuar de las y los líderes de gobierno y MUD, y de sus seguidores más cercanos: amenazas, burlas, faltas de respeto… Y más allá, de un lado, protestas violentas, barricadas, quema de locales y vehículos, eventuales francotiradores. Y, del otro, represión desmedida, con bombas lacrimógenas y perdigones disparados a corta distancia, y repetidos incidentes de policías y guardias nacionales usando armas de fuego. Ambos bandos violan la Constitución y en ese juego parecen aspirar a una victoria total, que acabe con el contrario. Es el camino que lleva a más violencia, más muertes, caos, falta de libertades, declive en la producción, carencias en salud y educación, retroceso en la investigación y la creación. No merecemos eso.

Mientras nos van empujando en tal dirección, la mayoría de la población permanece en silencio, observando y padeciendo las ocurrencias de unos y otros, y tratando con esfuerzo de sobrevivir entre inflación y escasez. Es necesario que la ciudadanía, ese gigante hoy callado, se manifieste de manera organizada. El movimiento bolivariano liderado por Chávez trajo a nuestra sociedad el concepto de la democracia participativa y protagónica, y en la Constitución de 1999 existen herramientas para concretarla. Hay incluso instrumentos para momentos especiales como el actual. Uno de ellos es el referendo consultivo, a fin de preguntarle a la ciudadanía si desea o no que se organicen este año de modo excepcional unas elecciones generales, realizando para ello una enmienda a la Constitución. Si la respuesta fuera positiva, esta renovación de presidencia, gobernaciones, alcaldías y Asamblea Nacional habría de ser aceptada por todos, y podríamos entrar en un periodo de estabilidad y alternancia democrática. Es decir, no significaría la desaparición de ninguna tendencia política, sino su temporal pérdida o ganancia de posiciones. Si la respuesta fuera negativa, todas y todos deberíamos aceptar los poderes públicos como están. La elección de la Constituyente se pospondría hasta tanto se realizara este referendo, y se cumplieran sus consecuencias. La “carta dorada” para superar la crisis no la debe tener la Fuerza Armada ni poderes foráneos, sino el pueblo soberano.

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