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Esteban Emilio Mosonyi: Ni Primitivismo ni Barbarie: Todos somos civilizados

Multitud de presuntos voceros y voceras de diferentes ideologías de derecha, centro e izquierda nos hablan de una grave crisis venezolana signada por brotes de primitivismo, barbarie, vandalismo, gorilismo, atavismo cavernícola y regresión a la ley de la selva. Admitimos que nuestra crisis –y la del mundo entero- es severa, muy grave, gravísima en toda la extensión de la palabra; pero nada tiene que ver con los seudo-conceptos emitidos. Es facilísimo demostrar la validez y veracidad de nuestro aserto, comenzando por el hecho incontrovertible de que la historia de la humanidad no puede reducirse a una mera secuencia de etapas, desde el pasado más arcaico hasta una contemporaneidad supuestamente esclarecida.

Vayamos punto por punto:

Primitivismo: por lo menos desde la desaparición de los últimos neandertales, no existe ninguna población primitiva en la faz de la Tierra. Todas las múltiples culturas humanas son ricas y complejas con infinidad de aportes civilizatorios, con sus idiomas bien estructurados, tanto en el Continente euroasiático como africano, al igual que entre los pueblos aborígenes de América y Oceanía. Mi pasantía por el Rectorado de nuestra Universidad Indígena me permitió ratificar, también por vivencia personal, el refinamiento, la disciplina, la laboriosidad, la solidaridad y la nobleza prevalentes en el comportamiento diario de los pueblos indígenas de Venezuela; y de más allá de nuestras fronteras, que para ellos solo representan una imposición.

Barbarie: los griegos y romanos de la antigüedad denominaban bárbaros a quienes no hablaban su lengua ni compartían su cultura: simplemente eran diferentes. Recuérdense también el trato cruel del Imperio Romano para con los esclavizados; los multitudinarios baños de sangre en los juegos de gladiadores y en la persecución de los cristianos; el talante sanguinario de algunos de sus emperadores; la destrucción y aniquilamiento de Cartago: todo ello muy similar a la ejecutoria de los demás imperios que “en el mundo han sido”.

Vandalismo: los vándalos fueron un pueblo germánico, al igual que los godos y los sajones, que en una etapa de su historia se hicieron partidarios fanáticos del cristianismo arriano; y como tales se volvieron muy destructivos e intolerantes por motivo de su fundamentalismo religioso, tal como viene sucediendo hasta hoy con múltiples pueblos entrampados en este tipo de violencia. Fueron ellos quienes le dieron el nombre a la actual Andalucía: Vandalucía, convertida más tarde en El-Ándalus, bajo dominio árabe.

Gorilismo: sin mayores comentarios. Yo no sé qué tienen que ver los hábitos de los dulces y simpáticos simios africanos con los desmanes de cierto militarismo despótico.

Atavismo cavernícola: con solo contemplar las bellísimas pinturas rupestres, por ejemplo en las Cuevas de Altamira, intuimos la espiritualidad y excepcional sentido estético de este pueblo homo-sapiens cromañón de la Era Magdaleniense, tan remota en el tiempo.

La ley de la selva: ojalá todo funcionara en este “mundo ancho y ajeno” tan bien como los variados y diversos ecosistemas de la Madre Naturaleza; que nosotros los orgullosos contemporáneos no cesamos de destruir mediante engendros como el muy mal llamado “Arco Minero”.

 

En cuanto a las culturas de progenie occidental, somos muy respetuosos hacia sus magníficos aportes científicos y humanísticos –particularmente a partir del llamado Renacimiento- muchos de los cuales tenían importantes antecedentes o son compartidos con otros pueblos del mundo. Es verdad que la modernidad produjo entre otras la gran revolución termonuclear, la navegación espacial, la informática, la robótica y la medicina alopática; con todos sus componentes y resultantes repletos de características tanto positivas como negativas para la humanidad y el resto del Universo.

Pero esta modernidad –hoy transmutada en postmodernidad- engendró igualmente dos guerras mundiales genocidas y está prohijando actualmente una tercera gran conflagración de signo inequívocamente geocida; la que significaría el fin de la vida en el Planeta, al menos tal como la conocemos. Entretanto seguimos lidiando con flagelos como el cambio climático, el extractivismo contaminante, la pobreza y la desigualdad, la intolerancia y el odio llevados a su enésima potencia; junto con el intento macabro de masificación y despersonalización del ser humano por obra del capitalismo neoliberal-salvaje, el fascismo militarista-populista, el socialismo burocrático-autocrático, en sus distintas variantes y mezcolanzas típicas de nuestra época.

Por el multi-diálogo permanente de culturas y modelos civilizatorios.

Hacia un verdadero y perfectible progreso sustentable biodiverso y sociodiverso, con equidad y buen vivir.

Por la Venezuela de siempre orgullo del planeta tierra.

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