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César Malavé: Sed de libertad en tiempos de gorilas condecorados

Han transcurrido más de tres meses desde que el pueblo venezolano decidió  enfrentar las acciones tiránicas del nefasto gobierno de Maduro y su entorno gorilesco. El saldo de 91 muertos y millares de heridos y presos caracterizan el momento histórico de la Patria en Resistencia. En ese lapso de tiempo cada día nos arrastra con todos sus tenebrosos presagios hacia los despeñaderos del 30 de julio, pero todos los días el ruido y la indignación en la calle aumenta. Los venezolanos, adoloridos y enlutados pero firmes en la defensa de la Constitución y la democracia, gritamos la inquebrantable decisión de no permitir el ultimo zarpazo, que acabe con descalabrar los pocos vestigios de libertad, pública e individual, que aún quedan de pie en este suelo escarnecido. El pueblo resiste, mientras desde un poder que se ha apartado, por completo ya, de todo vestigio o ropaje democrático de ocasión, se arroja a las calles a una manada de irracionales, bajo el amparo de fuerzas llamadas a guardar, precisamente, el orden público, con órdenes expresas de arrasar todo lo que se atraviese en su siniestro camino. Les han concedido holgada licencia para amenazar, golpear, asaltar, ultrajar, despreciar, saquear… ¡y matar! en esa orgía de bestias, con uniforme o sin él, que lo mismo da cuando el “honor” se lleva colgado en las partes más sucias de esta ruindad oficial que nos allana. Ningún reparo tienen al instante de penetrar a una casa, urbanización, clínica, hotel etc., Nada escapa al arrastre de los gorilas. Y como colofón, después de su “hazaña” son condecorados por el gobierno nacional.

¿Qué busca el Gobierno con todo esto?, es una pregunta formulada constantemente. Porque si el propósito es acallar al país, inmovilizar su tejido social, el efecto que se advierte es, ciertamente, uno totalmente contrario. Taponada la salida electoral, la pacífica y constitucional, pareciera que se apuesta a forzar un desenlace abrupto, sangriento, impredecible. ¿Una guerra civil, quizá? Sin equilibrio o contrapeso ninguno entre los poderes públicos, maniatar al parlamento, y ahora también a la fiscal, plantea un enredo legal, institucional, que será muy complicado resolver. No obstante, por encima de sus tumbas, lágrimas y miedos, y ardida en sus hambres de comida y de esperanza, hay allí una nación dispuesta a ponerse de pie tras cada caída. Venezuela vive tiempos de gorilas condecorados por un gobierno de espaldas a un pueblo saturado de sed libertaria. En Venezuela vivimos tiempos de bestias en un ejercicio de barbarie fascista, pero ese es el instante en que la indignación, el desespero, y la sed libertaria  logra superar al temor, hasta eclipsarlo. Es absolutamente normal tener miedo, pero los gorilas tienen  doble miedo. No pueden salir de sus fortalezas sin guardaespaldas, no se atreven a salir a la calle como lo hace el ciudadano común. Tienen mucho miedo. La cobardía es su impronta indeleble. Nuestro futuro  es de libertad, de independencia de la dominación Castro cubana y de victoria sobre la bestialidad corrupta, herencia del llamado socialismo del siglo XXI.

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