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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Comunicación: ¡zapatero a sus zapatos! 

La noticia más relevante de ayer fue el ataque supuestamente chavista a la Asamblea Nacional. Es un hecho confuso, de cuya autoría e intenciones no podemos estar seguros. El presidente Maduro ha ordenado inmediatamente una investigación: “Yo condeno absolutamente esos hechos, hasta donde los conozco en este momento. Yo no voy a ser nunca cómplice de ningún hecho de violencia. Los condeno, y he ordenado su investigación y que se haga justicia”. Sin demora, el ataque ha sido comidilla de la canalla mediática y las redes digitales al nivel nacional e internacional. Nosotros esperaremos a ver cuál es el desarrollo de esta noticia, antes de comentarla en nuestra entrega de mañana.

Por lo pronto, nos mantendremos en la intención que nos ha animado para el Análisis de hoy. Empecemos por recordar el párrafo con el cual cerramos nuestro Análisis del martes, en el que nos referimos a los planes de la MUD para este mes: “Los desaguisados de la MUD pueden actuar, en cuanto a nosotros, como consuelo de tontos. Que ellos estén mal no quiere decir que nosotros estemos bien. Pero ese es otro cuento”. Pues bien, vamos a ir con parte de ese otro cuento.

Ya todos sabemos que las dificultades económicas continúan, aunque con algunas novedades. Ha mejorado el tema de desabastecimiento, pero han empeorado los de la especulación y la inflación. Ahora son pocos los productos que no se consiguen en la calle, pero los precios suben a cada momento de manera ininterrumpida y grosera. Eso, por supuesto, está haciendo un severo daño al Gobierno Bolivariano. No obstante, ese daño se ha visto empeorado por el fallido tratamiento comunicacional que se le ha dado al asunto. Vamos a repetir una vez más que esto no es de exclusiva responsabilidad del MINCI, ya que las políticas comunicacionales no se deciden en ese nivel sino en el correspondiente al alto Gobierno.

En cuanto al asunto económico, hemos caído en el error de no hablar con verdad al pueblo. Hemos generado por momentos demasiadas expectativas en torno a medidas coyunturales e insuficientes, presentándolas como especie de panaceas, o con un optimismo excesivo en cuanto a sus posibilidades de contribuir a la solución de los problemas de manera más o menos perentoria. Es el caso de toda la  bulla que se hizo con la agricultura urbana, que, como se sabe, en todas partes funciona como actividad complementaria a la agricultura extensiva, que es el verdadero camino para afirmar la seguridad alimentaria de cualquier país. Comunicacionalmente, esa “boom” ha pasado a segundo plano. Luego, una cosa parecida ha pasado con los CLAP, cuyas virtudes se ven sobredimensionadas en cuanto al real alcance  que pueden tener como respuesta a la problemática de la obtención de bienes de consumo masivo por parte de la población. Precisamente, para esos problemas no hay soluciones mágicas ni rápidas. Eso ha debido dejarse establecido desde hace tiempo, junto a la presentación de un verdadero plan económico con metas al mediano y al largo plazo, dejando en claro que todavía el pueblo deberá hacer sacrificios para salir del hueco económico en el cual nos encontramos. Todo esto no lo pensamos ahora ni lo planteamos ayer, desde hace algún tiempo lo venimos asomando por varias vías.

Pero ese no es nuestro único problema en el campo de las comunicaciones, y no somos los únicos que lo hemos venido aseverando. Hace poco, en una conferencia en la ciudad de Rosario, Argentina, el conocido intelectual Atilio Borón abordó el tema, según reportó el periodista venezolano Eleazar Díaz Rangel. Borón afirma que: “Según el investigador y documentalista australiano John Pilger, en 1983 había 50 corporaciones que poseían los principales medios globales, que en su mayoría eran estadounidenses. En 2002, o sea, 15 años después, había disminuido de 50 a nueve… Y Robert Murdoch, el gran magnate de los medios, dueño de la Fox, ha predicho que hacia el final de esta década quedarán solo tres gigantes mediáticos y que la suya será uno de ellas”. Borón añade que su poder es tal que “muy pocos gobiernos pueden resistir sus embates” y que “tienen la capacidad fenomenal de chantajear y extorsionar no solo a los gobiernos, sino también a los ciudadanos, a los partidos, a los sindicatos, a todas las organizaciones. Y están por fuera de cualquier control democrático”. Pero no es solo eso, el intelectual argentino dice además que si hay algo en que han fracasado todos los gobiernos progresistas de izquierda de la región, ha sido la comunicación. Es decir, el enemigo comunicacional es muy fuerte, pero nosotros no ayudamos mucho en esta batalla.

Los problemas comunicacionales del chavismo son muy graves, quizá el peor de ellos es la sordera a las críticas en ese sentido. Nosotros sostenemos que el primer deber del comunicador no es hablar sino escuchar, no es juzgar sino investigar. Solo después a de escuchar e investigar, quizá podamos juzgar y hablar.

También hay otra cosa que nos gusta decir. Si un comunicador opera a un enfermo, lo más probable es que este muera. Si construye una casa, probablemente se la caiga encima a quien la habite. Eso es porque el comunicador, por lo general, no es ni médico ni ingeniero. Pero cualquiera se cree un comunicador, como si la comunicación no fuese un oficio especializado, que requiere estudios y experiencia. Muchos personeros del Gobierno proponen, aprueban y desaprueban planes comunicacionales sin conocimiento de causa, solo fundamentados en el poder que detentan. Algunos hasta son frecuentes anclas de programas de TV y radio, siendo pocos quienes lo hacen realmente bien ¡Zapatero a sus zapatos!

Los problemas de nuestra comunicación los hemos señalado una y otra vez, empeñados en arar en el mar: comunicación sectaria, repetitiva, dogmática, chata, sin creatividad, improvisada, prepotente, descolorida. Se ha hecho esfuerzos, sin duda, pero es poco lo que se ha podido cambiar. En este tema vale  también la crítica que ha presentado hace poco el ex ministro y ex presidente de PDVSA Rafael Ramírez, referida a la situación general del país: “Hay mucha confusión, debe tenerse cuidado con las descalificaciones, acusaciones y señalamientos. Es momento de escuchar, revisar, rectificar y, siempre desde el campo de la revolución, trabajar en avanzar. Tenemos una gran responsabilidad con el país. Debemos ser capaces de escuchar cualquier voz Chavista o Bolivariana que muestre opiniones diferentes, por muy incómodas que sean”.

Bien, en el campo de la comunicación, nosotros mostramos opiniones diferentes y a menudo incómodas para los altos funcionarios del Gobierno. Hay que decirlo, no hemos sufrido descalificaciones ni señalamientos por ello, aunque sí cierta exclusión en los medios del Estado -en los que pululan los loros-, pero igualmente muy poco se nos escucha. No nos angustiamos por ello, no somos tampoco la gran cosa. Nos angustia, sí, el destino de la Revolución porque, repetimos: que ellos estén mal no quiere decir que nosotros estemos bien. Seguiremos fastidiando.

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