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Aurelio F. Concheso: Aumentos salariales bimestrales camino de ser bimensuales

Con el aumento salarial anunciado el 30 de junio, son tres los decretados durante el primer semestre de este año. Es decir, en promedio, uno cada dos meses, o bimestralmente. Al ritmo que se acelera la inflación, pronto se estarán haciendo estos aumentos cada quince días o bimensualmente. Y será en la medida que la descomunal impresión de dinero sin respaldo siga su, al parecer, indetenible ascenso.

Lo increíble es lo totalmente ajenos que parecen estar de ese hecho los burócratas responsables del citado desastre. Porque resulta sorprendente ver y escuchar a un funcionario identificado nada menos que como Vicepresidente de Planificación, asumir como un logro de la revolución haber decretado desde su inicio 39 aumentos de salario mínimo.

Inclusive, el dilecto funcionario remata aseverando que: “en toda la cuarta tan sólo se hicieron nueve incrementos del salario mínimo”. Tal vez no sólo el funcionario, sino todo el Gabinete Económico se sorprendería al saber que, en lo últimos 70 años, ha habido únicamente 10 aumentos de ese tipo en los Estados Unidos, y que en Alemania ni siquiera existía la figura del salario mínimo hasta 2015.

Ya los trabajadores venezolanos saben que cualquier aumento de esta naturaleza no los va a ayudar a recuperarse de los estragos de la inflación, sino que, más bien, los va a distanciar todavía más de ese objetivo.

El año pasado los aumentos eran trimestrales, y los asalariados terminaron en peor situación que en la que lo empezaron, medido como ingresos mínimos necesarios para complementar una canasta básica. Pero a los jubilados y pensionados les fue mucho peor, si se toma en consideración que a ellos se les paga el salario y no así el bono de alimentación. Porque no hay que olvidar que el Gobierno encontró una manera de ahorrarse una parte de lo que le tiene que abonar mensualmente a estos sufridos venezolanos, y eso se traduce en un salario que tan sólo representa el 30 % del ingreso mínimo. Además de que con este aumento que entró en vigencia el 1 de julio, queda en la mísera suma de $ 12.80, si lo calculamos a dólar libre, o en $ 36,23 si el cálculo es a la tasa oficial DICOM.

Para las empresas, que batallan por mantenerse solventes, el problema no es muy distinto. Muchas de las industrias están paradas por falta de insumos, o trabajando de un 15 a 20% de su capacidad. Como ellas no tienen la misma potestad de que goza el Gobierno para imprimir más dinero, y ante la imposibilidad de recuperarse con mayores ventas, tienen que acudir a sus reservas de capital y fondos de depreciación para hacer los pagos, acelerando así su descapitalización.

Por su parte, las pequeñas y medianas empresas del sector del Comercio y de los Servicios, que tienen más facilidad para hacerlo, prescindirán de los servicios de algunos de sus trabajadores, alimentando así las filas del desempleo que, según el Fondo Monetario Internacional, ya va por el orden del 25%, al margen de las edulcoradas cifras que sobre esa estadística reporta el Gobierno.

 

Para todo el mundo, al parecer menos para el Gobierno, está claro que nos encontramos en un círculo vicioso de aumentos de salario e impresión de más bolívares. Aumentos de precio que llevan a nuevos aumentos de salario y así, sucesivamente.

De igual manera, de lo que todavía no se ha percatado mucha gente es que la velocidad con la que gira ese círculo vicioso, no es constante, sino que se va acelerando de manera exponencial. Y no podría ser de otra manera, porque el actual diseño macroeconómico perverso contiene en sí mismo la semilla de su propia destrucción, y no hay cómo detenerlo si se sigue haciendo exactamente lo mismo.

Los aumentos de salario mínimo son un buen barómetro de ese fenómeno exponencial. Primero eran anuales, luego semestrales, después trimestrales, ahora bimestrales y pronto serán mensuales o quincenales.

La pregunta es: ¿y cómo se detiene ese camino a un colapso seguro? Una buena forma de comenzar, sin duda alguna, es cesanteando a todos los burócratas que puedan pensar que 39 aumentos salariales en 15 años, son un logro y no el anuncio de una catástrofe económica en puertas. Pero, además, sustituyéndolos por personas que sepan lo que se traen entre manos.

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