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Fabricio Ojeda: El fardo

Imagine que desde hoy mismo unos tipos muy malvados lo obligan a correr por las calles con una mochila de cinco kilos a sus espaldas. Pa’rriba, pa’bajo, todos los días con su morral a cuestas. En la mañana, en la tarde, al mediodía y hasta de madrugada.

Le aseguro que al principio –a menos que sea un atleta o un niño de 12 años- andará con la lengua afuera, largando el bofe, sudando la gota gorda, botando las adiposidades. Pero eso será en los comienzos porque si no lo corretean losperros (o usted se muere antes), con el tiempo se irá acostumbrando, el peso se le hará más llevadero durante su recorrido diario y llegará el momento en que ni siquiera lo sienta.

Entonces, al verlo tan fresco sus verdugos querrán más, y le aumentarán la carga a 10 kilos. Y la lengua se le saldrá de nuevo, botará las vísceras, empapará la ropa… Pero se acostumbrará otra vez y el ciclo se repetirá indefinidamente, con más y más peso, hasta que ya no logre avanzar aplastado por la carga.

Eso mismo le ocurre a Venezuela, país que lo ha tenido todo durante siglos, pero siempre –por alguna u otra razón- ha debido llevar un fardo en el lomo (impuesto por su propia gente) que le ha impedido su correcto desarrollo.

Desde hace 18 años, el bulto que llevamos a nuestras espaldas por una decisión visceral, irreflexiva e ingenua de los mismos venezolanos, se ha puesto cada día más pesado. Tanto, que en lugar de avanzar como nación hemos retrocedido décadas, casi siglos, en muchos de los aspectos en los que habíamos logrado superar dificultades.

En vez de haber erradicado -o al menos disminuido- los niveles de pobreza, hoy somos una de las poblaciones más miserables del mundo. Igual sucede con otros indicadores sociales como la salud, la seguridad, la educación, la productividad, el autoabastecimiento, el empleo…

Y ni hablar de las libertades, del perfeccionamiento y modernización del sistema democrático, de las garantías y los derechos fundamentales. Hoy más que nunca esos avances que mal que bien habíamos logrado están siendo conculcados, pisoteados y atacados con la finalidad de transformarnos, definitivamente, en una república autocrática donde el caudillaje sea la norma y nuestro régimen de gobierno una abierta dictadura.

Y si en lo político el bulto que llevamos en la espalda se ha puesto cada vez más voluminoso –hasta el punto de dejarnos la rebelión como única vía para quitarnos ese molesto armatoste de encima-, en el económico el retroceso ha sido peor.

La regulaciones y controles, las expropiaciones, el chantaje de la burocracia corrupta, la estigmatización, la constante persecución contra la iniciativa privada y la galopante inseguridad jurídica; el monopolio criminal de las divisas que ingresan al país por concepto casi exclusivo de exportaciones petroleras, entre otras calamidades, han logrado lo que parecía imposible: la quiebra de la economía del país, el derrumbamiento de nuestro aparato productivo, la escasez, el desabastecimiento, el desempleo, la inflación más alta del mundo.

Ahora imagine que después de tanto sufrimiento y lucha logramos liberarnos de ese enorme paquete al que nos han condenado los despiadados y anacrónicos ejecutores que nos subieron al cadalso en 1999. Que salgamos del yugo de esa casta ineficiente, delincuencial, desvergonzada, cínica y autoritaria que se cree dueña de los destinos de más de 30 millones de personas.

Sin ese peso sobre los hombros no solo correremos. Volaremos libres como la tierra de gracia que somos, y con la ayuda de Dios y de los venezolanos emprendedores conseguiremos rescatar a Venezuela del atraso y la perfidia, enrumbar al país por los caminos democráticos, la modernidad y el imperio de las leyes como eje fundamental.

Con garantías y seguridades jurídicas, libertadeseconómicas, políticas y mucho esfuerzo. Sin imposicionesarcaicas de modelos fracasados históricamente en todo el mundo, podremos desarrollar las fuerzas creativas de nuestra gente para lograr una mejor patria y retomar los estándares de vida que una vez -aunque desigualmente- llegamos a conocer los venezolanos.

Sin con el insoportable atadijo castrochavista oprimiéndonos el espinazo logramos sobrevivir, con el cuerpo libre de lastre podremos convertir a Venezuela en una nación libre, justa,desarrollada y democrática.

Eso sí: debemos aprender la lección y no olvidar jamás lo que significó para el país el fracasado (por inviable) “Socialismo del Siglo XXI”, que una cuerda de farsantes nosquisieron imponer, aprovechándose de la candidez electoralde un pueblo que creyó lograr la emancipación y cayó en el foso del atraso, la miseria y la dictadura.

Pero antes tendremos que quitarnos de encima el pesado fardo que un mal día colocamos ingenuamente sobre nuestras espaldas.

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