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Guillermo Ortega: Adicción inflacionaria

No hay mayor controversia en cómo se genera un aumento sostenido y persistente en el nivel de precios, lo que técnicamente conocemos como inflación. Es cierto que diversos factores pueden conducir a que se produzca un aumento en el nivel de precios y tampoco existe una relación binaria entre precios y creación monetaria, pero cuando se produce un aumento sostenido, a tasas considerables, cualquier economista, sea de la tendencia que fuera, reconoce que ese incremento y el financiamiento monetario vienen de la mano. Ocurre que aquellos economistas que sostienen lo contrario, cuando les toca asesorar a gobiernos en emergencia, saben muy bien cómo producirla y hacer uso del impuesto inflacionario.

La controversia en realidad no está en el origen del problema, quienes la generan piensan que es la mejor alternativa para generar ingresos.

Ciertamente, el asunto más controvertido tiene que ver con los efectos de la inflación y las alternativas que tiene el Gobierno para reducirla. Desde el punto de vista formal, la inflación es básicamente un impuesto sobre los saldos de dinero expresados en bienes que mantienen las personas. La tasa de inflación es el impuesto y los saldos reales es la base impositiva.

La ventaja aparente de ese impuesto es que es relativamente sencillo de recaudar y al mismo también fácil de evadir para un grupo de agentes que pueden ajustar sus portafolios. El Gobierno no requiere de una agencia de recolección, solo necesita tener a alguien en el Banco Central que lo permita.

Cualquiera que vea las cuenta del Banco Central en Venezuela notará que hoy en día el financiamiento monetario es el ingreso, luego de los petroleros, más importante para el sector público consolidado. En términos de los activos del Banco Central, el financiamiento a las empresas públicas es tres veces los activos externos, 286 veces las reservas internacionales. Solo para fines comparativos, esa relación para 2011 era apenas 64% de los activos externos. No hay que hacer ningún análisis econométrico para asociar ese incremento con una tasa de inflación que se ha ido acelerando y que bordea el 1.000% anual.

Alguien diría que ese financiamiento a Pdvsa viene a compensar el efecto adverso que tienen los cambios múltiples sobre el balance de la industria petrolera. Es cierto, es un problema complejo, con muchas aristas. Hoy el ajuste fiscal en Venezuela va mucho mas allá de la unificación cambiaria. El balance neto de ingresos y gastos en moneda extranjera es hoy tan precario que una unificación cambiaria no hace mucho para mejorar las cuentas fiscales.

El gran importador es el sector público, de manera que el problema cambiario ha creado también una enorme distorsión al interior del sector público. Similar a lo que ocurrió con el sector privado, el Gobierno se ha hecho adicto a la distorsión cambiaria y con ello al financiamiento monetario.

De allí la complejidad del asunto. Para sustituir el impuesto inflacionario el Gobierno tiene que renunciar a esa adicción. La misma adicción termina por producir la ilusión de que la fiesta nunca termina. La inflación es un impuesto muy perverso, requiere generar más inflación para generar un ingreso que se va erosionando. Es la dinámica de la adicción inflacionaria.

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