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Nelson Totesaut Rangel: Macron I de Francia

François Mitterrand, recoge Marc Bassets en artículo para El País, llegó a decir en su crepúsculo: “Soy el último de los grandes presidentes. Después de mí, sólo habrá financieros y contables”.

Su predicción pareció cumplirse cual maldición. Luego de una estabilidad relativa, Francia no estaba urgida de presidentes extraordinarios. La normalidad servía, al menos en momentos normales. No obstante, los tiempos cambian, y un presidente “normal” –como así mismo se vendió Hollande en su campaña de 2012– demostró no ser lo que desea Francia; quedándose así  rezagada  en  su último quinquenio.

Hoy, con la victoria de Emmanuel Macron, el candidato del sistema, frente a una Marine Le Pen, la que parecía enarbolar las banderas la révolution, Francia enfrenta una verdadera etapa por su supervivencia, bajo el escepticismo depositado en un joven individuo, muy suertudo y poco experimentado.

Este personaje, de baja estatura y contextura poco significante, no deja de impresionar. Al mejor estilo napoleónico, hace entrada sublime en la casa de Louis XIV, bajo la gloria de sus dos grandes victorias libradas. La primera, su Presidencia; la segunda, la mayoría absoluta en Parlamento. Ahora, con poderes totales, Macron I, convoca en sesión extraordinaria a las dos casas (diputados y senadores), en nada menos que el epítome del absolutismo francés: el Palacio de Versailles, para así echar las bases de su revolución, en marche.

Con esto, la maldición de Mitterrand parece romperse. Si bien llegara a la Presidencia como un verdadero “financiero”, este individuo ha logrado conglomerar más poder que cualquier otro Presidente galo desde la Segunda Guerra Mundial. Todo esto con un alto costo, enterrando tanto a la derecha como a la izquierda, y así acabando con toda la clase dirigente previa, que demostró sucumbir fatalmente ante sus propios errores. Ahora, con tan solo un mes en el Eliseo, se ha hecho de todas sus herramientas para brindarle a Francia una presidencia extraordinaria, en tiempos que lo ameritan.

¿Qué propone?
Con voz plausible y sin dejarse intimidar, Emmanuel Macron “sugiere” tres puntos en agenda. El primero, es la inmediata reducción del Parlamento francés en un tercio; cifra un tanto escandalosa que busca aumentar la representación territorial, disminuyendo a los parlamentarios. Lo segundo, levantar el “estado de emergencia” que perdura desde los ataques terroristas del año 2015. Pero antes, por supuesto, confiriéndose las mismas atribuciones por la vía legal y bajo el nombre de “Ley antiterrorista”; la cual pretende promulgar previo al 1° de noviembre, fecha para la cual pondrá fin al mencionado estado. Por último, inyectarle al sistema una “dosis de proporcionalidad”, lo que refleja la intención de que toda Francia sea escuchada y representada. Teniendo como claro ejemplo a su reciente contrincante, el Frente Nacional, que obtuvo 11 millones de votos y tan solo 8 escaños.

Las propuestas de Macron I son bastante balanceadas. Responden a la celeridad ameritada del momento, pero se cubren bajo la legalidad correspondiente. No aspira a destruir el sistema, pero tampoco complacerlo. Lo incorrecto lo busca arreglar, acabar con la “República ineficaz” –como el mismo le dijera– adaptando a Francia a una era distinta, en la cual, por un lado, existe una guerra difusa, en donde los contrincantes no usan uniforme y se encuentran camuflados por doquier. Y, por el otro, el sentir nacionalista ha atentado contra las bases de la unión, aspirando por mayor autonomía, haciendo una lectura errada de la palabra soberanía.

Con él Europa y Francia respiran. La primera, porque se nutre de un aliado necesario en tiempos de disgregación. La segunda, porque se ven acciones contundentes al desastre: dejando que el Parlamento considere sus propuestas y, frente a cualquier negativa, imponiéndolas por referéndum. Evidenciando que su presencia en el Elíseo promete ser realmente revolucionaria; un presidente necesario en tiempos de turbulencia.

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