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Vladimir Villegas: Tubazos en salsa de mango

No hay manera de darle vueltas al asunto. El asalto a la Asamblea Nacional por parte de activistas vinculados “al proceso” es uno de los acontecimientos más peligrosos que hayamos visto en los últimos tiempos. No solamente peligroso. Detestable, bochornoso, indignante.  Es de esos acontecimientos que no se pueden borrar. Retrata  de cuerpo entero a quienes lo cometieron, a quienes lo negaron, a quienes lo justificaron y a quienes lo catalogan como “un show de la derecha”.

Pero por sobre todas las cosas también deja al desnudo la situación de impunidad de la cual disfrutan estos delincuentes – ¿o los llamamos caballeros? – que armados de palos, tubos y demás implementos, golpearon implacablemente a varios parlamentarios y trabajadores del Parlamento. Desde 1846 no ocurría un ataque de esa naturaleza contra el recinto que congrega a los representantes del pueblo. Gracias a Dios no hubo fallecidos. Pero este 5 de julio,con tan vil ataque, quedó en evidencia ante el mundo la tragedia venezolana. Ni los diputados se salvan de ser atacados por bandas armadas.

Hemos visto reacciones insólitas en el oficialismo. El  presidente Nicolás Maduro condenó los hechos, pero desde su equipo le echan la cabra pal monte. Días antes, ese oscuro personaje que tiene un programa que lleva por nombre un instrumento para rasurar habìa dicho con sonrisa de oreja a oreja que a los dirigentes opositores” hay que darle unos c…ñazos”. Después del ataque, Oswaldo Rivero, conocido como ” Cabeza e’ Mango, reivindicó la acción. Luego el hombre del Mazo también salió a justificarlo. Y después desde medios oficialistas han querido remendar el capote con versiones tan cantinfléricas como esa según la cual “el pueblo” – así se auto denominan estos cabilleros- había ido a la Asamblea a entregar un documento y a pedir un derecho de palabra.  Es decir, todo un menjurje de versiones sobre un mismo hecho, con cero consecuencias para los atacantes.

Para ellos no hay y seguramente no habrá “Operación tun tun”. Tampoco habrá sanciones -ojalá me equivoque – para los funcionarios de la Guardia Nacional encargados de velar por la seguridad del recinto parlamentario y de los diputados, que se hicieron los “paisas” frente a este cobarde acto de indudable inspiración fascistoide. ¿Qué pasó? Que el mismo jefe militar que días atrás empujó y vejó al presidente de la Asamblea, Julio Borges, no dio ninguna instrucción destinada a impedir el ingreso de los ” compatriotas” que no saben diferenciar entre lo que es caerle a palos y tubazos a diputados y entregar un documento e incluso solicitar un derecho de palabra ante un Parlamento que de paso ni siquiera reconocen.

Sé que han transcurrido varios días de este ataque. Pero es imposible dejar pasar por debajo de la mesa este funesto acontecimiento. Ni siquiera porque una noticia tan impactante y positiva, según mi punto de vista, como la casa por cárcel a Leopoldo López haya podido opacar este oprobio cometido en plena conmemoración del 5 de Julio. Vaya manera de rendir tributo a quienes dieron pasos tan determinantes en el largo y tortuoso camino hacia la libertad y la independencia…

El ataque a la Asamblea Nacional es apenas el trailer de la película que se avecina. No es exagerado temer que estos hechos puedan repetirse con mayor frecuencia y descaro. Y que traigan como consecuencia respuestas del mismo tenor por parte de los agredidos. Eso es lo que nos espera. No nos llamemos a engaño. Estamos a un tris de que la hora loca llegue a un climax sangriento y violento.  ¿Cómo lo detenemos? Los defensores y panitas de los agresores seguirán alentándolos? ¿Alguien podrá detener a quienes quizás se estén preparando para no dejarle cayapear en una próxima oportunidad?

Venezuela está en una hora crucial. Y mucho dependerá del liderazgo político el devenir de los próximos días. Esta Constituyente nacida de espaldas a las grandes mayorías y a la propia Constitución no ha llegado y, como ocurre con los huracanes, ya huele a tempestad. Atajemos la locura. Parece tarde. Pero estamos a tiempo.

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