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Alirio Pérez Lo Presti: Ataque suicida

En 1651, Thomas Hobbes hizo publicar en Londres el que sería su libro más renombrado: Leviatán, o la materia, forma y poder de un Estado eclesiástico y civil. Leviatán es el nombre de un monstruo bíblico, una especie de serpiente marina demoníaca. El nombre de esa bestia fue usado por Hobbes para designar al Estado, cuya autoridad según él es, sin duda, monstruoso, pero es lo único que nos protege de un monstruo bíblico aun más terrible, el Behemot, representación de la guerra civil. Hobbes vivió un período de guerras civiles y tuvo que exiliarse durante mucho tiempo en Francia e Italia. En un momento, hablando de sí mismo y de su historia, dijo que había nacido el mismo día que el miedo, a quien consideraba su hermano.

Una de las especialidades que emerge dentro del pensamiento filosófico es el estudio de la política, teniendo a Thomas Hobbes como uno de sus más grandes representantes. Su preocupación era encontrar una fórmula que posibilitara a los hombres el vivir juntos sin enfrentarse unos a otros y sin causarse daño, evitando una agitación permanente. Hobbes afirmó que “el hombre es como un lobo para el hombre” y pensaba que podía llegar a organizarse en sociedad de tal modo que esas fieras pudieran convivir de una manera armónica. A propósito de los recientes hechos de terror ocurridos en el Parlamento venezolano, las voces más sensatas de lo que pudiésemos llamar la conciencia mundial han hecho un llamado para que no sea el clima de la violencia el que impere en nuestra nación.

Las imágenes en las cuales los diputados del Parlamento venezolano son agredidos por una turba de personas han dado la vuelta al mundo, siendo un hecho noticioso de carácter internacional la condena que se ha realizado en torno a este triste episodio de nuestra vida política e histórica. Difícilmente quien se precie de ejercer la ciudadanía puede estar a favor de tal nivel de violencia y las potenciales implicaciones a las cuales conlleva: el acrecentamiento de la misma.

No sólo se ha agredido a un grupo de ciudadanos, lo cual de por sí es un hecho condenable, sino que estas personas son los representantes de millones de seres que a través del voto depositaron su esperanza en la actual Asamblea Nacional. Al violentar a cada uno de ellos, se está agrediendo a quien votó por ese diputado, siendo múltiples los mensajes que derivan de este insano episodio de nuestro tiempo, el cual es reprobado por la mayoría. El ataque hacia los miembros del Parlamento venezolano es una de las expresiones más lastimosas de barbarie y esa violencia es un fuego que difícilmente se puede controlar cuando se desboca.

Creo que quienes propician esta manera de conducirse en realidad se hacen más daño a sí mismos y a quienes representan que a los propios agredidos, porque en las sociedades modernas esta manera de ser tarde o temprano tiende a volcarse en contra de quien la alienta. Funcionamos juntos sí solo sí se establece un pacto social de gobernabilidad que permita a cada actor ser representado y ser respetado por lo que es. Apelar a la agresividad es una manera de desconocimiento al otro y lo peor de todo, a sí mismo, porque la política es precisamente un invento humano para impedir las confrontaciones físicas. La política es el antídoto para evitar la guerra y la no aceptación de este principio equivale a condenar a una sociedad a que sea el barranco lo que le espera al voltear la esquina.

El miedo es la base del pacto social, pero también su límite, siendo necesario organizar la comunidad a partir de los individuos para quitarse ese miedo que tienen unos por otros. Del concepto de acuerdo entre ciudadanos emana la ley para evitar el enfrentamiento entre los mismos y de esa reunión entre pobladores va surgiendo ese gigantesco ser, compuesto por infinidad de almas. La portada de la famosa obra de Hobbes mostraba un monstruo compuesto de minúsculos seres humanos. Ese gigante tiene dentro de sí concentrada todas las partes y solamente la cabeza es la que monopoliza la violencia en el conjunto social.

Con todas las críticas que se le puedan hacer a Hobbes, dado su absolutismo, él ha influido de una manera incomparable a todos los pensadores políticos posteriores, aunque lo cuestionen. No hay pensador político que haya reflexionado sobre filosofía política y antes o después no tome en cuenta sus argumentos, representando un telón de fondo del pensamiento político occidental.

Las últimas páginas del Leviatán plantean una serie de principios prácticos que alejarían, según Hobbes, las posibilidades de la guerra civil: que la justicia sea administrada por igual a ricos y pobres, que se condenen las venganzas privadas, que los impuestos sean equitativos, que el Estado provea a la caridad pública, que los vagos sean obligados a trabajar y que el soberano escoja buenos consejeros. Los hombres son lobos para los hombres, si viven en ausencia de normas sociales que son necesarias para convertirse en compañeros.

@perezlopresti

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