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Alfredo Toro Hardy: La latinoamericanización de EEUU

Durante la mayor parte de sus historias independientes, las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica parecieron haber estado guiadas por un famoso párrafo del Diálogo Meliano de Tucídides: “Los poderosos hacen lo que desean y los débiles soportan lo que les toca”. Acercándonos a la segunda década del nuevo milenio, sin embargo, las cosas han cambiado. Mientras los caminos de Estados Unidos y América Latina parecieran estarse bifurcando, la influencia de Washington sobre la región disminuye un poco más con cada año que pasa.

Mientras lo anterior ocurre, Estados Unidos se va convirtiendo de manera creciente en una sociedad influida por América Latina. No por los gobiernos de esta última, desde luego, pero sí por sus poblaciones y su cultura. Se proyecta que para 2050 la población total de ese país alcanzará 400 millones de habitantes, de la cual casi el 30%, alrededor de 112 millones, será de origen latino. En otras palabras, cerca de un tercio de su población tendrá ascendencia latinoamericana (Idelise Malavé and Esti Giordani, Latino Stats: American Hispanics by the Numbers, New York, 2015).

La identidad nacional estadounidense se verá inevitablemente permeada por la fuerza de estos números. Samuel P. Huntington, quien fuese el mayor politólogo de ese país, escribió en 2004 lo siguiente: “En términos de lenguaje (inglés y español) y cultura (anglosajona e hispánica)… una porción sustancial de Estados Unidos, particularmente Florida y el Sudoeste, terminarán siendo hispánicos en términos de cultura e idioma, con ambas culturas e idiomas coexistiendo. Estados Unidos perderá su unidad lingüística y cultural para transformarse en una sociedad bilingüe y bicultural al estilo de Canadá, Suiza o Bélgica” (¿Quiénes Somos? Los Desafíos de la Identidad Estadounidense). De materializarse esta predicción se tratará, indudablemente, de la venganza del Sur frente a los términos de una relación histórica profundamente inequitativa.

Mucho se habla sobre la penetración ilegal de los latinoamericanos, particularmente los mexicanos, a Estados Unidos. Ello proyecta la impresión errónea de que la mayor parte del crecimiento poblacional latino en ese país deriva de los actuales flujos migratorios. Nada más ajeno a la realidad. El incremento latino deriva de la mayor tasa de natalidad que se evidencia entre los ciudadanos estadounidenses de este origen: 23% contra 7% para el conjunto de la población. Dos de cada tres latinos en Estados Unidos de hoy nacieron allí y uno de cada cuatro nacimientos en ese país proviene de una madre latina. Tres cuartos de los latinos en Estados Unidos dispone de esa nacionalidad (Malavé y Giordani).

Más allá de los grupos poblacionales latinoamericanos que aún migran a Estados Unidos, los ciudadanos estadounidenses de origen latino pueden trazar su origen a dos segmentos: descendientes de quienes cruzaron la frontera y descendientes de quienes fueron cruzados por la frontera. La historia de estos últimos es sin duda la más significativa, pues fue la resultante de las políticas expansionistas de Washington.

La guerra de 1845-1848 entre Estados Unidos y México, dictada por los apetitos de expansión territorial del primero, así como el Tratado Guadalupe Hidalgo que puso fin al conflicto, incrementaron sustancialmente el territorio estadounidense. California, Nuevo México, Nevada, Arizona y Colorado vinieron a agrandar la dimensión continental de Estados Unidos a expensas de México. Texas fue también absorbido, aun cuando en ese caso la iniciativa correspondió a los colonos estadounidenses que allí habitaban. En definitiva, una importante población mexicana fue cruzada por la frontera para transformarse en ciudadanos de segunda categoría  en un país extraño.

Bajo circunstancias distintas, también Puerto Rico cayó involuntariamente en manos estadounidenses. Desde la década de 1860 un movimiento independentista pugnaba por librarse del yugo español. Ello, sin embargo, habría de materializarse por un camino no buscado. La guerra de 1898 entre España y Estados Unidos hizo que la isla se sacudiera de una metrópolis colonial para caer en manos de otra. En 1917 la ciudadanía estadounidense fue ofrecida a los puertorriqueños por vía de la Ley Jones-Shafroth. Se trató, sin embargo, de una ciudadanía de segunda: no podían tener representación en el Congreso Federal ni, para ese momento, elegir a su Gobernador. Lo que si se les brindó fue la posibilidad de moverse libremente en territorio continental estadounidense. Fue así que cientos de miles de puertorriqueños pasaron allí. No obstante, al igual que en el caso anterior, los puertorriqueños no cruzaron la frontera, sino que fueron cruzados por ésta.

Pero hubo también los que cruzaron la frontera. Estos se hicieron sentir por primera vez en tiempos de la Revolución Mexicana, cuando un millón de mexicanos emigraron a Estados Unidos huyendo de la guerra civil. Desde entonces numerosas oleadas han repetido el mismo tránsito por las vías más diversas.

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