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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Pueblo Constituyente y caso Leopoldo López (12-07-2017)

Nuestra candidatura a la Asamblea Nacional Constituyente no has permitido asistir a diversas asambleas vinculadas a la campaña electoral. A decir, verdad, no todas nos han parecido la misma cosa. Fuimos a una que semejaba una ceremonia evangélica, con una dama bastante parlanchina que fungía de pastor, entonando los preceptos ecuménicos de la secta, y que después daría paso al pastor mayor encargado de explicar con mayor detalle tales preceptos, mientras los fieles, entre los cuales nos encontrábamos unos cuantos candidatos, nos manteníamos en nuestras sillas, solo levantándonos para ensayar cánticos y alabanzas a coro. Nosotros participamos de todo aquello, pues no nos pareció apropiado desentonar. En realidad había alegría, entrega y convicción, sí señor, tal como en los servicios evangélicos, a los cuales asiste también gente honesta, entusiasta y portadora de algún candor.

Otras nos han parecido mucho más interesantes, como una que encabezamos ayer en la Esquina Caliente, frente a la Plaza Bolívar, con un público participativo, crítico, consciente, que nos confirmó algo que ya tenemos internalizado: el chavismo de base, esa gran vanguardia social de la Revolución, es el sector del país más admirable, por su sagacidad, su decencia, su terquedad en la esperanza y la lealtad, y su alta conciencia política muy bien acompañada por un indomable espíritu crítico. Sale uno de algo como eso con el corazón reconfortado y el ánimo fortalecido. Es esto lo primero que quisimos dejar establecido hoy, tanto esa sensación tan positiva como la soterrada ironía que contiene el primer párrafo, que es una mansa protesta contra la instrumentalización del pueblo y la negación, que tiene tantas cabezas como la Hidra, del concepto chavista fundamental que apunta a promover la participación y el protagonismo de los ciudadanos.

Esa constatación es una de las principales razones que nos impulsan a querer formar parte de la Constituyente. No tanto porque pensemos que es pan comido cambiar las cosas. Siendo un fenómeno que tiene mucho de cultural, no será la Asamblea en sí misma la que alcance ya esas transformaciones tan estratégicamente necesarias, pero sí puede ser un instrumento que sirva de altavoz a ideas que no son nuevas -son las ideas de Chávez- pero que están bastante postergadas. Nos postulamos a la Constituyente porque Chávez vive, la lucha sigue, y seguirá aun por mucho tiempo.

Vamos a otra página: irremediablemente, en la Asamblea, cuyo tema principal era la Constituyente, surgió el tema de la medida sustitutiva de casa por cárcel para Leopoldo López. Era evidente la inconformidad  de aquel público, que se paseó por los crímenes del reo, la injusticia atávica de que los delincuentes ricos son a menudo favorecidos en ciertas circunstancias, mientras delincuentes pobres se pueden podrir en un calabozo sin importar su condición, la posibilidad de que López aprovechara el beneficio para huir, y otras consideraciones. Seguramente esperaban que yo, un comunicador más o menos conocido, investido por la dudosa autoridad de ser el ponente y además candidato, pudiera dar explicaciones que probablemente ya escucharon de otros sin quedar satisfechos. Bien, tuvimos que responder, a pesar de la dificultad de abordar un tema tan incómodo ante una audiencia que, en general, pensaba distinto a nosotros en cuanto a ese asunto.

Lo primero que hicimos es señalar la obligación que tenemos todos de acatar la decisión del TSJ, tal como lo hizo el presidente Maduro. Si exigimos a la Asamblea Nacional y a la Fiscal General de la República que acate al máximo tribunal, no podemos nosotros hacer otra cosa. En eso estuvieron todos contestes.

En segundo lugar explicamos, sin llegar a ser convincentes, el sentido y la eventual necesidad que existe de negociar cuando se hace política, aliñando la explicación con referencias a las dificultades de la actual coyuntura y a la conveniencia de que la ANC se desarrolle en el mejor ambiente político nacional que pudiéramos lograr. Recordamos aquí la negociación de Chávez con Gustavo Cisneros que referimos en un Análisis anterior.

Luego hicimos referencia al concepto del perdón que fue tan  caro al espíritu generoso de Chávez. Evocamos la amnistía que concedió, después del golpe de Estado de 2002, a los canallas que luego volvieron a conspirar una y otra vez, entre ellos el propio Leopoldo López.

No estamos seguros de que la gente presente haya “comprado” todos nuestros argumentos, pero en algo sí estuvimos todos de acuerdo: a pesar de las diferencias que puedan existir en la consideración de la medida que nos ocupaba, mantendríamos nuestra lealtad a Maduro, a la Revolución Bolivariana, y permaneceríamos firmes en la lucha por la Constituyente, y en la defensa del proceso revolucionario y antiimperialista que nos legó el Gigante. Por eso este compromiso nuestro de luchar en la Constituyente por la ampliación y el fortalecimiento real, concreto y constitucionalmente explícito del Poder Popular. Tanta conciencia, tanta lealtad, no puede seguir subestimándose.

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