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Jesús Alberto Castillo: ¿”Hora  0” o negociación?

Los venezolanos dimos una muestra de civilidad y democracia al mundo. La realización de la consulta popular, más allá de que no tiene consecuencias jurídicas, sirvió para mostrar dónde se encuentra la mayoría. El régimen quedó al desnudo ante la comunidad internacional  al no contar con el apoyo de la población, por lo que le va a resultar muy difícil imponer la Constituyente a trocha y mocha. Ello explica el llamado desesperado de Maduro por negociar, lo que, a nuestro modo de ver, debería ser asumido por la dirigencia opositora. No se trata de ceder un milímetro en la estrategia política, sólo un asunto de lógica y olfato para obligar al régimen que retire su convocatoria a la Constituyente. Ha llegado la hora de los verdaderos estadistas, de los políticos responsables que apuestan a un clima de gobernabilidad, más que a apetencias grupales y personales.

Es cierto que Maduro está acorralado y que ya la gente no se cree sus benditos cuentos con el carnet de la patria. Pero también es verdad que mientras más es atacado por sus adversarios radicaliza sus acciones. Es lógico que así sea, porque nadie está dispuesto a entregar el poder hasta que no se le haya vencido constitucionalmente. Este detalle, por muy insignificante que parezca para la dirigencia opositora, debe servir de aprendizaje y reorientar la táctica de la negociación. No significa ello que deba capitularse en las aspiraciones. Sólo que, ante el complejísimo panorama que hay en Venezuela, lo sensato es que la oposición y el gobierno se sienten, más que a hablar, a llegar a acuerdos concretos que signifiquen ganancias para ambas posturas. El país no aguanta más polarización ni aventurismo. Los líderes políticos deben estar claro que la praxis política es esencialmente dialógica, es decir, encierra controversias para llegar a acuerdos.

Tal como está el juego ahorita, un llamado a la ”Hora  0”, como han pregonado algunos radicales de la oposición, significaría un retroceso para el avance de los sectores democráticos frente al forajido régimen. Es ponerle más gasolina a la candela. Aunque suene halagador a los oídos de muchos, no sería lo conveniente para una oposición que, a pesar del ventajismo y represión oficial, ha permitido contener el espíritu dictatorial del régimen. Allí están los ejemplos del paro petrolero del 2002 y de la salida anticipada de Maduro desde la Asamblea Nacional por Ramos Allup. En el primero de ellos, el finado Chávez supo levantarse de las adversidades, ser victimizó y logró recuperar su popularidad a base de misiones. Lo mismo ocurrió con Maduro cuando sus adversarios anunciaron que lo sacarían en 6 meses. Allí están los resultados. El debilucho presidente reagrupó sus fuerzas y arremetió contra sus adversarios gracias al TSJ, CNE y colectivos armados. Vino con todo y hasta convocó una constituyente con bases comiciales inconstitucionales.

Por eso desde el MAS hemos vendió hablando de acabar con la violencia, mediante una tregua que permita el entendimiento entre los bandos. Los radicales no están de acuerdo con esta propuesta y la satanizan, pero no ofrecen algo alternativo y beneficioso para la población que se muere de mengua, hambre e inseguridad.  Pero no sólo el MAS ha hablado de reconciliación, también lo ha dicho la iglesia y diversos sectores representativos que han visto deteriorada su calidad de vida ante un gobierno sordo, corrupto y militarista.  La experiencia nos enseña que los triunfos deben ser administrados con inteligencia, sin revanchismo. Hoy la oposición debe dar muestra de que está luchando por el interés del país, más que por cuotas partidistas. Debe negociar con el gobierno y exigirle que retire la constituyente para volarse a las elecciones regionales. De esta manera tendría un favorable escenario para terminar de acorralar al oficialismo. Lo demás es puro cuento.

Con esa visión acudimos el pasado domingo a firmar en la consulta popular. Lo hicimos convencido de desnudar al régimen y tener la capacidad de doblegarlo a para que eche atrás su obstinada constituyente. Plantear la “Hora 0” es seguir dando pasos hacia el precipicio. Los venezolanos acudimos a la consulta para rechazar la Constituyente, exigir a la Fuerza Armada el cumplimiento de la Constitución (lo que implica respetar el mandato constitucional del Presidente) y promover la reinstitucionalización político-económica del país. Una “Hora 0” es seguir jugando al caos y a la polarización política. Es ese escenario lo que más le conviene al gobierno para seguir alargando su agonía.  Preferimos apostar a acuerdos concretos que se traduzcan en soluciones para los venezolanos. Dejemos que la historia se encargue de dar la razón definitiva.

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