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Vladimir Villegas: Ayer habló Venezuela

Más allá de las cifras, más allá de que se  haya tratado de una iniciativa no verificada por el Consejo Nacional Electoral (CNE), más allá de que optaron por calificarla como una consulta electoral ilegal, la jornada de ayer mostró con mayor claridad que nunca el deseo de cambio que hoy unifica a la absoluta mayoría de los venezolanos, y sobre todo su vocación democrática.

Esas largas colas en todos los rincones del país no deberían ser ignoradas ni descalificadas, como lo ha hecho voceros del gobierno y del CNE. Decir que se trató de una actividad partidista es un auto consuelo para quienes no quieren verle el rostro a la realidad de la Venezuela de hoy. Es un tremendo error. Más que eso, una muestra de soberbia y de falta de espíritu de enmienda. Dudo de que haya o pueda haber en Venezuela un partido político capaz de mover por sí solo la inmensa masa humana que ayer se manifestó. Ayer fue el descontento, no uno ni muchos partidos políticos, el que salió a firmar, no solo contra la Asamblea Nacional Constituyente inconstitucional promovida por la actual administración, sino en reclamo de cambio.

Imagino que, independientemente de lo que digan de la boca para afuera, les debe haber quedado claro que ni por la vía de la represión, ni la censura ni la compra de conciencia con una bolsa de comida es posible hacer cambiar la opinión que ya se ha macerado en la absoluta mayoría de la población en cuanto a que estamos frente a un fracaso monumental de una gestión de gobierno cuyos resultados están a la vista: destrucción del aparato productivo,  empobrecimiento, inseguridad creciente, impunidad, violación de derechos humanos y corrupción.

Esa mayoría que ha salido a expresarse quiere salidas democráticas, no anda buscando atajos ni violencia. Es el venezolano de a pie, que ha tenido en el voto a un instrumento para defenderse de los malos gobiernos y para ratificar y premiar a quienes lo hagan bien. Ese pueblo ha salido a la calle porque no le han dejado otra opción. Ha tragado “gas del bueno” ha sufrido la pérdida de decenas de sus hijos a manos de la represión. Pero no abandona sus ganas de votar, sus ganas de dirimir este conflicto político con el gobierno por vías democráticas.

La ciudadanía envió ayer un doble mensaje. Al gobierno  que no se crea el cuento de que podrá evitar eternamente someterse al escrutinio popular y doblegar con represión, demagogia y artimañas las ansias de cambio que ya se instalaron en el alma nacional.  Y a quienes creen en atajos, en alternativas sacadas de un sombrero, que el camino es y debe ser siempre democrático. El autoritarismo le teme más al voto ciudadano que a otra cosa. Contarse es la peor pesadilla a la cual pueden enfrentarse quienes buscan permanecer en el poder a espaldas del deseo de las mayorías.

Por eso la significación de la jornada de ayer.  Lo que vimos en las calles de Venezuela, en los llamados puntos soberanos, es mucho más que lo que puedan indicar las cifras de votantes. Es un país haciendo cola para opinar, para hacerse escuchar. Más allá de las observaciones que en lo personal tengo con la segunda y la tercera preguntas de la consulta de ayer, lo concreto es que lo ocurrido es un estruendoso rechazo a la propuesta  ” pret a porter” de Asamblea Nacional Constituyente que el gobierno está impulsando.

Si yo estuviera en el equipo de gobierno de Nicolás Maduro no dudaría en recomendarle evaluar seriamente la posibilidad de retirar o cuando menos suspender, congelar o engavetar, escoja usted el verbo señor Presidente, la convocatoria del día 30 de julio. Aunque sea por puro pragmatismo. Pero no dudo de que el propio jefe de Estado no necesita esa recomendación para admitir, aunque sea en solitario con su conciencia, que esa iniciativa constituyente no unifica ni siquiera al chavismo, no convoca a la paz sino todo lo contrario, y, si acaso se cristaliza, tendrá vida efímera, así como las decisiones que de ella se desprendan. De eso tampoco me queda ninguna duda.

Venezuela está hablando y ayer lo hizo en voz alta. Quiere paz, quiere votar, quiere democracia, libertad, calidad de vida, generación  de empleo, crecimiento económico, justicia social, respeto a los derechos humanos, seguridad, reencuentro, reconciliación, reconocimiento, diversidad y un futuro mejor para las nuevas generaciones. Y no va a renunciar a esos deseos. El que tenga oídos que oiga.

 

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