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César Malavé: Región de Oriente: Una víctima más            

Conscientes de la grave crisis que atraviesa el país y, en peligro su destino plural y democrático en forma definitiva por el llamado al fraude electoral del gobierno para el 30 de julio, hemos querido hacer un paréntesis en nuestros comentarios semanales  relativos a estos temas, para hablar, un poco, de otro no menos importante: La libertad de expresión y su estrangulamiento por la vía del suministro de papel, monopolizado por el gobierno en sus pretensiones totalitarias. Hoy nos vemos precisados a informar responsablemente  a los sucrenses asiduos lectores de Región de Oriente y a los venezolanos en general, acerca del riesgo que  afronta esta tribuna escrita de más de 43 años de circulación, de interrumpir su circulación, en los próximos días, por la misma razón por la que han dejado de circular más de una veintena de periódicos en el país. Esta situación, como se ha expuesto antes, está presente desde que el Gobierno decidiera controlar la importación y distribución del papel periódico, a través de la Corporación Editorial Alfredo Maneiro (CEAM). Aparte de que la experiencia da cuenta de lo nefasto que eso ha resultado en lo concerniente a otros rubros, es fácil comprender lo delicado, y hasta peligroso, en que redunda tal dependencia de los medios de comunicación, respecto al sector oficial, en tiempos de crispación social, polarización política e inestabilidad institucional. Los trámites burocráticos para la provisión del papel  han sumido, a todos en esta casa editorial, en un estado de incertidumbre constante y angustioso. La sociedad civil y quienes nos sentimos parte de esta gran familia editora, por el tiempo que tenemos como colaboradores en sus páginas, hemos desplegado una campaña tendente a lograr el normal suministro del papel necesario para la circulación de nuestro querido “Región de Oriente”

Como lo acotamos al iniciar nuestro artículo, estamos conscientes que nuestro pueblo  todo, en mayor o menor grado, está sometido a severas penurias mas urgentes y vitales, que la del papel periódico. No obstante, queda absolutamente claro que amordazar a los medios de comunicación social, cualquiera sea el método, deja sin tribuna a la sociedad entera. La censura y, peor aún, la autocensura, obstruyen los canales de expresión, silencian la protesta, le restan eco y efectividad. Es el sistema plural, de separación de poderes, de justicia social y auténticamente democrático, en definitiva, el que así se resiente. No deja de ser  capcioso que las victimas de tales tropelías anticonstitucionales, sean precisamente los medios independientes. Los que mantienen una línea editorial libre de ataduras partidistas o grupales. Vale decir, aquellos que conservan su postura crítica frente a cuanto estimen reprochable en el manejo de los asuntos de interés público. ¿Será necesario recordar que la Constitución Bolivariana de 1999 (artículo 58) garantiza el “derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura”, así como “el derecho al trabajo” (artículo 87); y reconoce (artículo 110) el carácter de “interés público” de los medios, con las plenas garantías que ello supone? Por todo eso, y más, exigimos del Gobierno una inaplazable rectificación, en nombre de la gran familia de este periódico, de la cual me siento parte desde su fundación, y de todos los que sufren un drama similar. El derecho a la información es, por lo demás, un bien inestimable que pertenece al público. Se trata de un derecho humano, esencial, en cuyo ejercicio y defensa no estamos dispuestos a claudicar.

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