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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Derrotados adentro, derrotados afuera (27-07-2017)

La derecha acumuló ayer dos nuevas derrotas, una interna y otra externa. La interna fue el fracaso del “paro cívico”, que en realidad terminó siendo nuevas guarimbas en los municipios acostumbrados y en los estados andinos donde actúa con más fuerza el paramilitarismo, como Mérida y Táchira. Es tan evidente la falta de apoyo popular a las acciones opositoras, que ni siquiera los medios de la derecha, salvo los más recalcitrantes, pudieron esconderlo, aunque sí trataron de minimizarlo.

Un ejemplo de lo dicho es la agencia EFE, que reportó que el “paro” se cumplió “de forma parcial en varias ciudades del país”, mal disimulada manera de informar sobre el mencionado fracaso. Por su parte, otra agencia de derechas, AFP, asentó que “Bolsas de basura, escombros y el tronco de un árbol bloqueaban el paso de un puente que separa el barrio de clase media de La Urbina de la barriada de Petare, en el este de Caracas. Y de un lado y otro, dos realidades: en el primero, todos los comercios cerrados; en el otro, abiertos en una jornada aparentemente normal”. Lo que reporta AFP es una cosa con reflejos marxistas, aunque usted no lo crea: la sutil presencia, a veces encapsulada, de la intensa lucha de clases que se libra en Venezuela, el soterrado fondo del problema.

En otro reporte de EFE: “La necesidad y la lealtad al difunto presidente Hugo Chávez minan en los barrios pobres de Caracas el seguimiento al paro general de dos días con que la oposición venezolana presiona, a partir de este miércoles, al Gobierno para que retire la Asamblea Constituyente que ha convocado”. Sí señor, lucha de clases, ese hilo a menudo invisible con que se urde el manto que cubre a la sociedad. Y también: “Pese a que la Constituyente parece inspirar pocas pasiones, la situación era diferente en las partes deprimidas de la ciudad, donde la circulación fluía sin complicaciones -más despejada de lo habitual- y la mayor parte de los negocios y los vendedores ambulantes seguían operando pese a la menor afluencia de personas en las calles”. La agencia española no atribuye el fracaso al muy escaso apoyo popular que tiene la oposición política en Venezuela, sino a razones de cualquier otra índole: de algún modo hay que envainar al Gobierno, por supuesto.

No menos estrepitosa ha sido la derrota en el frente externo, cuando no solo no prosperó una resolución contra Venezuela y la Constituyente, sino que además se debilitó el frente por imperialista, con la defección de Uruguay, que era el número 14 en ese combo que hoy por hoy sigue insistiendo con terquedad en una posición que no ha cosechado sino más frustraciones para la derecha criolla, sobre todo para su base social de apoyo. Las razones dadas por Uruguay para este cambio de perspectiva son harto interesantes. El representante alterno de ese país, Álvaro Daniel Gallardo, explicó a un grupo de periodistas que no firmó el texto porque había algunos aspectos que su Gobierno “prefiere no mencionar”: “Principalmente la referencia a la Asamblea Nacional Constituyente, en la medida en que es un mecanismo previsto en la Constitución venezolana y el Gobierno uruguayo entiende que no puede imponerle a Venezuela que no eche mano de un recurso de su Constitución”.

Así pues, es claro que el poderoso grito de la Constituyente popular se está sintiendo con fuerza también más allá de nuestras fronteras: a la mayoría no le gusta arrimarse a los perdedores.

Claro está, el imperialismo y sus sirvientes externos e internos no van a cejar en sus intenciones. Según EFE, un alto funcionario del Gobierno de Donald Trump, que habría pedido el anonimato, asomó que “Vemos la fecha del 30 de julio como una línea roja que, si se cruza, podría suponer el fin de la democracia en Venezuela… Estamos preparados para anunciar que cualquiera que decida unirse a la ANC deberá saber que su papel a la hora de socavar los procesos democráticos y las instituciones de Venezuela les expondrá a posibles sanciones de EEUU” ¡Uuuy, qué miedo!

El 30 de julio, el pueblo revolucionario de Venezuela va a cruzar la “línea roja” que tanto preocupa a Trump y a sus secuaces, pero que no marca en fin de la democracia, sino un paso de gran importancia en el largo y difícil proceso constituyente venezolano que desencadenó Hugo Chávez y que persiste en la construcción de un nuevo tipo de democracia, la democracia participativa y protagónica.

Entretanto, la Asamblea Nacional Constituyente sigue creciendo en apoyo popular y paulatinamente permea más allá del chavismo militante. Según los más recientes estudios creíbles a los cuales tenemos acceso podemos decir que el domingo, si se desarrollan los comicios con normalidad, lo que al parecer será básicamente así, en el escenario más pesimista se puede esperar 6 millones de votos, y en otro más optimista más de 7. Sea como sea, la Constituyente sí va. Mañana analizaremos las razones de este respaldo creciente, si no ocurre algo extraordinario. Por ahora, nos vemos esta tarde en la avenida Bolívar.

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