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Nelson Totesaut Rangel: Intensificación del orden

A este punto no es absurdo pensar que luego de cuatro meses de protestas las mismas se intensifiquen. No especulando sobre los manifestantes, los cuales dudo que posean nuevas técnicas de combate, sino por parte de las fuerzas del orden, que se percata de su incapacidad para aplicar el control efectivo. De hecho, me preocupa creer, que el saldo arrojado hasta ahora se quede corto, cuando la única vía para restituir la paz, sea por medio de la violencia.

Laureano Vallenilla Lanz, escribía previo a su famoso Cesarísmo Democrático, por allá en 1899, que “una sociedad política, cuando llega al extremo de que sus hombres sólo ejercitan los medios de la violencia, reconoce su incapacidad para gobernarse por la sola virtud de las leyes y no encontrará reposo sino al abrigo del despotismo, y no respetará otros gobiernos que aquellos que la hieran, y no tendrá más derechos que aquellos que le conceda la voluntad del sable que la domine”. Esto, añadiéndolo con Maquiavelo, cuando ciertamente asegura que es mejor ser temido que amado.

El positivismo criollo
El lenguaje empleado por Vallenilla está claramente influenciado por la escuela positivista que se encontraba en boga para aquel entonces. La misma no refiere a más que la aplicación de criterios científicos en el estudio de las humanidades. Comte, padre de esta escuela, consideraba al positivismo como la verdadera etapa de la historia probada. Las primeras dos fases: la historia teológica y la historia metafísica, eran descartadas por considerarse poco precisas, abriendo paso a algo nuevo. Es por ello que en la Europa de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX –narra Harwich, 1991– “imperaba la noción de que la historia, como patrimonio cultural específico de cada nación, sólo debía tener como función la de relatar acontecimientos de manera desapasionada y objetiva, mediante una escrupulosa investigación hecha a partir de la materia primera de la historia: la documentación de archivo”.

Esta escuela positivista tiene por máximas: “orden y progreso”, siendo el progreso el fin ideal y el orden el medio necesario para alcanzarlo. Vallenilla Lanz, haciendo uso de dichas ideas, busca dar sentido a la historiografía bajo una justificación de los tiempos vividos. Es por ello que invoca al “Gendarme Necesario”, siendo éste el capaz de controlar el caos venezolano de aquel entonces. Caos, por cierto, que parece ser cíclico e interminable, ya que persiste en nosotros desde la guerra de la independencia.

Círculo vicioso
Siendo fieles al canon positivo (de que no puede existir progreso sin orden), resulta imposible pensar que vamos a salir de la crisis económica con un caos interno como el que vivimos. La crisis generó el estallido social, el estallido social impedirá que la crisis sea superada. Es recíproco y vicioso, pero es así. La excelencia de un gobierno no depende ni de su ideología, ni de su método, sino de su capacidad de mantener la pax social interna del país.

Aquí mi preocupación al respecto. La falta de un diálogo político afecta a todos. Por un lado, a la población manifestante, que la hace correr huérfana hacia el abismo. Esperanzados, pero desconociendo que no ha habido lucha social que se haya concretado sin la negociación de los jerarcas políticos tras bastidores. Y, por el otro, el gobierno, el cual deberá de incrementar la búsqueda por el orden interno, acción que, probablemente le traiga detestables cifras y ninguna resolución plena.

¿Qué hacer?
Sigo creyendo que la única forma de evitar esto es por medio de un pacto de gobernabilidad, en donde se acuerden las normas básicas de convivencia y el repartimiento del poder. Si bien ninguna fuerza estará dispuesta a ello, es la única solución coherente y viable para detener el caos actual. El futuro no puede dejarse en manos de los desenfrenados, ya que su actuar no responde a racionalidad alguna. Tampoco se les puede dejar a las cúpulas partidistas dogmáticas, que son incapaces de romper con la idea del enemigo jurado. El futuro lo tienen que negociar los hombres que están dispuestos a compartir un país.

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