Inicio > El pizarrón de Fran > César Malavé: La magia roja de Tibisay

César Malavé: La magia roja de Tibisay

La magia blanca es antiquísima. Antes de Cristo Dedi en Egipto decapitó dos pájaros y un buey y después aparecieron con sus cabezas. A Houdini no hubo caja o baúl que lo mantuviera cerrado, aún bajo las aguas y a una exagerada profundidad. A todos ellos los superó David Copperfield, quien hizo desaparecer muchas cosas, incluyendo la estatua de la libertad, y atravesó la muralla Chin. Todo esto es historia frente a la proeza de Tibisay Lucena con el uso de nuevos y novedosos trucos que sintetizan la magia roja. En un acto de digna admiración, en catorce mil 500 centros de votación desolados en todo el territorio nacional logró que aparecieran, así, de repente, a media noche,  ocho millones 89 mil 329 votos durante la elección de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) propuesta por Nicolás Maduro. La cifra, así como lo reconoció con cinismo  Maduro en su alocución de victoria ante unos cuantos seguidores, fue sorprendente, inesperada y por lo mismo inverosímil, pues significó ni más ni menos que el más rechazado presidente de la historia venezolana, en su peor nivel de popularidad y tras cuatro meses de una sistemática represión y la muerte de más de 114 manifestantes, logró increíblemente casi la misma votación que Hugo Chávez en la elección presidencial del 2012, en uno de sus mejores momentos de popularidad. Los datos recogidos por los expertos, camuflados en el operativo más guarnecido por gorilas del régimen ubicaban apenas 2,2 millones de sufragios, mientras el CNE anunciaba unas cifras de ensueño para Maduro, quien, con su constituyente plenipotenciaria, adelantó que levantará la inmunidad parlamentaria para “hacer justicia”, pondrá en orden la Fiscalía para sacar del camino a Luisa Ortega Díaz, la histórica dirigente de la entraña de Chávez que se ha opuesto a sus maniobras, e instalará lo que ha denominado el “Estado comunal”, que ni él mismo sabe que es.

Los votos mágicamente salieron del sombrero de Lucena, quien, ignorando lo que pasaba en las calles, se felicitó por unas elecciones tranquilas y sin traumatismo, como si no le hubieran dolido los 16 muertos que dejó la jornada y pusieron a esta elección en el lamentable primer lugar de las más violentas de la historia republicana del país. Este inevitable salto al vacío del Gobierno se explica en la medida en que se percibe que ya no hay reversa en su proyecto, pues se entiende que si la cúpula chavista deja el poder, el destino para ellos será, inexorablemente, la cárcel o el exilio. En esa lógica, tienen que avanzar en un proyecto que les garantice impunidad mientras puedan resistir la formidable presión ciudadana y la vergüenza internacional, que ayer subió un listón con la inclusión de Maduro en la lista de sancionados por el Tesoro de Estados Unidos y antes, por la decisión, tomada primero por Colombia y luego por otras naciones, de declarar su no reconocimiento de la constituyente o simplemente su condena a lo sucedido este 30 de julio, trágico para la democracia. Maduro está, hoy por hoy, al nivel del sátrapa sirio Bashar al Asad, del eterno dictador de Zimbabue Robert Mugabe o del brutal líder norcoreano Kim Jong-un, todos sancionados directamente por Washington. Tiempos oscuros vienen para nuestra amada Venezuela. Y ya comenzó con el secuestro de Ledezma y Leopoldo, entre gallos y media noche. Solo nuestra resistencia digna y valerosa  y, por qué no, la ajustada presión internacional harán que de este desastre que sembró Maduro brote la simiente de un nuevo país, por supuesto sin él y su entorno, y el regreso de la estatua de la libertad ya no será un simple truco de magia, sino la consecuencia lógica y necesaria de la lucha y la perseverancia de un pueblo nacido, formado y curtido para vivir en absoluta democracia.

Te puede interesar

Compartir