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Jesús Alberto Castillo: La recuperación de Cachamaure

En estos días me encontré, en una emisora radial de Marigüitar, a Felicidad Febres y Nerva Brito, dos destacadas mujeres mejienses. Las escuché muy atentamente en un programa anunciando la reinauguración, para el próximo sábado 5 de agosto, del balneario “Cachamaure”,  cercano a la población de San Antonio del Golfo. La noticia me produjo una sensación maravillosa. Me recordé inmediatamente de aquel hermoso paraíso terrenal que sirvió de escenario a diversos eventos culturales, musicales y de todo tipo. Un verdadero ejemplo de hospitalidad, civismo y potencial turístico en la región sucrense.

Ambas mujeres se encontraban muy motivadas explicando el gran reto que asumieron los consejos comunales, desde Tarabacoa hasta Los Ciruelos, para la recuperación de este importante balneario, bañado por el impetuoso golfo, pero  abandonado por la desidia de los entes competentes. Nerva, mi exalumna de Historia de Venezuela en la carrera de Educación Integral de la UDO-Sucre, se expresaba a todo pulmón de ese majestuoso acto de recuperación del Cachamaure, gracias a la autogestión comunitaria y el empeño de los ciudadanos por devolverle un espacio de recreación y esparcimiento al Municipio Mejía. Una necesidad sentida que pone de relieve las ganas de un pueblo organizado por mejorar su calidad de vida.  De verdad me satisfizo el énfasis que puso Nerva, una reconocida docente de San Antonio del Golfo que lucha por lo que cree y reconoce el trabajo en equipo.

Luego escuché a Felicidad, la popular “Negra de Cachamaure, quien conserva la frescura en su rostro y la energía en cada palabra pronunciada. Ella es una abnegada enfermera, con más de 30 años en el ambulatorio de San Antonio del Golfo, luchadora social y ferviente católica que ha sabido ganarse el cariño de su pueblo querido. A pesar de las adversidades ha sabido echar para adelante y comentó que, gracias a la fundación Linternita, la comunidad organizada ha podido recabar fondos para acometer con éxito el alumbrado público y mejora de la infraestructura del balneario. Toda esta iniciativa ha permitido que muchas personas naturales y jurídicas se hayan sumado a colaborar para convertir a Cachamaure en lo que hace mucho tiempo fue; un verdadero encanto natural para bien de los mejienses.

Pude enterarme, gracias a estas dos valiosas mujeres, que se ha preparado a un grupo de niños y niñas en materia turística para que les den la bienvenida a los ansiosos visitantes que aspiran disfrutar de las instalaciones de este conocido balneario sucrense. Precisamente, estas acciones son las que demuestran el valioso papel que juegan las comunidades en mejorar su entorno, en la medida que asuman la voluntad de hacerlo, trabajar en equipo y tener sentido de pertenencia. Así se hace grande un pueblo. Debemos sentirnos orgullosos de esa acción comunitaria, de índole participativa, que permitirá explotar las potencialidades turísticas que presenta Cachamaure, al igual que muchos lugares del estado Sucre, en pro de una economía productiva y desarrollo local.

La recuperación de Cachamaure debe servir de ejemplo como una experiencia exitosa de liderazgo comunitario. Es la expresión de un clima participativo de actores sociales que, más allá de sus diversas ideologías e intereses, han entendido su compromiso de trabajar mancomunadamente y con visión de futuro para un desarrollo que sea disfrutado por las presentes y futuras generaciones. No me quedó más que felicitar a estas dos grandes mujeres, al igual que al resto de los dirigentes sociales, por trabajar a brazo partido y devolverle a Cachamaure una sonrisa risueña para el disfrute de propios y extraños. Honor a quien honor merece. Trataremos de estar allá para sentir de cerca esta experiencia que ha de ser emulada por los demás. Así es que se construye un país.

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