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Alberto Mansueti: “Estado profundo”

¿Hay una clase gobernante por encima (o por debajo) de la Casa Blanca? ¿Hay en EE.UU. un Gobierno paralelo, una dirigencia subterránea, moviendo los hilos, sin dar cuentas a nadie?

Claro que sí. Y en casi todos los países que practican el modelo político estatista: un Gobierno sin límites, inflamado, muy excedido de tamaño, de peso, y en Presupuesto fiscal.

Hace unos días, el Dr. Ron Paul, líder y referente del liberalismo clásico, advirtió a su ex contendor por la nominación del Partido Republicano, el presidente Donald Trump: “El ‘Estado profundo’ va tras de ti, y te quiere joder…” (palabras más o menos).

No es ninguna “teoría de la conspiración” porque es un hecho: cada año vemos las reuniones del Club Bilderberg: las cúpulas del poder y la banca, de la tecnología y la cultura y hasta figuras del cine y el espectáculo, de diversos países, se encierran por dos o tres días, en algún hotel exclusivo. No es algo secreto: están a la vista de todo el mundo, se dejan tomar fotografías, y entrevistar por la prensa; y luego se meten en sus salones a puertas cerradas, a deliberar y tomar decisiones.

¿Por qué hay “gobiernos por encima de los gobiernos”? ¿qué pasó con las instituciones republicanas: la primacía de la ley (“Estado de Derecho”) y los gobiernos responsables ante el pueblo?

La respuesta es simple: los países están enfermos de “estatismo”; los gobiernos han cruzado hace tiempo las fronteras que le separan de la sociedad, violando el límite entre lo público y lo privado. Así se han transformado en unas enormes maquinarias de personal, dinero y otros recursos en cantidades astronómicas, ligadas a variados intereses privados espúreos, por varios tipos de relaciones, también espúreas.

Esos gobiernos gigantescos, y sus negocios turbios con los grandes grupos privados, no pueden manejarse con instituciones republicanas y representativas, de transparencia y de responsabilidad en el manejo de los asuntos públicos, tales como son las del Liberalismo Clásico. Así estas instituciones decaen, y pasan a desempeñar roles decorativos, en tanto se crean unos pequeños círculos exclusivos o “comités ejecutivos mixtos”, en estrecho contacto y comunicación unos con otros, los de distintos países, por encima de las fronteras.

El “poder real” se le llama a veces. El “estado profundo” le llaman en EE.UU., y con ese título se publicó el año 2016 un libro firmado por Mike Lofgren: The Deep State: The Fall of the Constitution and the Rise of a Shadow Government. (El declive de la Constitución y el ascenso del Gobierno en la sombra.)

Dice Lofgren: “Fui 28 años miembro del personal del Congreso, especialista en seguridad nacional. Yo manejaba información secreta, yo me moví en los límites del mundo que describo.” En 2013 publicó un libro sobre el final de los dos partidos del “Establishment”: The Party Is Over, jugando con los dos significados de la palabra “party”, que a la vez es “partido” y “fiesta”. Subtítulo: How Republicans Went Crazy, Democrats Became Useless, and the Middle Class Got Shafted (Los republicanos se volvieron locos, los demócratas se hicieron inútiles, y la clase media ha sido atontada”.)

¿Qué es el estatismo? Es la inflación del estado, salido de sus límites propios, usurpando funciones que no son las suyas, en la economía, en educación, medicina, previsión social, y casi todas las esferas privadas. Según alegan sus jefes, para cumplir todas estas funciones, necesitan mucho poder y dinero.

Por eso siguen otras dos usurpaciones derivadas: de poder, quitando libertades a las personas; y de dinero, multiplicando e incrementando los impuestos. Es la usurpación, por el Estado, de funciones, libertades y fondos, que son de los ciudadanos; o sea de la sociedad civil, en las esferas privadas.

Explica Lofgren que el “estado profundo” no es una conspiración oculta, que esconde su rastro; son “operadores que actúan a la luz del día”. Tampoco es el “Establishment”, porque todas las sociedades complejas tienen esas redes sociales informales, que vinculan a los de alto status, y cuya finalidad es su enriquecimiento y perpetuación.

El Deep State es más bien una clase que manda, algo así como un Club exclusivo. “No es algo siniestro, aunque muchos de sus aspectos sí lo son. Ni es invencible: sus reiterados fracasos, como p. e. los de Irak, Afganistán, Libia, son rutinarios, y sólo su cerrada auto-protección les permite escapar de las consecuencias de sus pésimas decisiones”. En la lista de “fiascos” vale enumerar las eternas crisis y recesiones en la economía; la corrupción, y el grueso manto de impunidad que la cubre; la educación “pública”; la medicina socializada, y el “Inseguro” Social.

Su libro pasa lista y nos muestra a algunos de los más conspicuos miembros del Club: el complejo militar-industrial, el mundo financiero de Wall Street montado sobre el dinero de puro papel, y los amos de Silicon Valley, tales como Bill Gates, asiduo concurrente a las sesiones Bilderberg. Todos dicen ser “expertos” y técnicos, y alegan no tener ideología.

¿Cuál es el cemento que pega a unos con otros? El “pensamiento grupo” (Groupthink), responde Lofgren, término prestado del psicólogo Irving Janis (1918-1990). ¿Y cómo logran la uniformidad de criterios? Con una regla no escrita, pero que se cumple a rajatabla, sobre el éxito profesional: “No critiques; necesitas pensar como nosotros, si quieres progresar en tu carrera.”

Por eso, ante cada fracaso, su norma de conducta no es corregir el rumbo, al contrario: es más de lo mismo, siempre, como si el error no hubiese sido de concepto, o de política, sino de dosis insuficiente. Así, cada vez que ponen una “torta”, nos encajan “más de lo mismo”. O sea: “¿No te gusta la sopa? ¡Dos platos!” Un ejemplo: “¿No te gusta el socialismo? ¡Doble ración entonces: comunismo!”

Para un próximo artículo dejo el análisis del “Estado profundo” en América latina. Es una trilogía de cúpulas de poder, tratadas respectivamente por Milovan Djilas, Manuel Ayau, y Jean-Francois Revel: la Nomenklatura socialista; el empresariado mercantilista; y el Mandarinato Cultural.

¡Seguimos en contacto los buenos!

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