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Rafael Guerra Ramos: 60 años después

Hoy como ayer, el golpe contra la Constitución no tiene, ni podrá tener una salida distinta al cambio del régimen y el de la democracia, como en enero de 1958.

En vez de las elecciones generales previstas por la Constitución de 1953, Pérez Jiménez, violando lo dispuesto por su propia Carta Magna, ordenó que se convocara un plebiscito con el propósito de perpetuarse en el poder. El resultado fue una apabullante victoria a favor del SI, simbolizado por la tarjeta azul del general.

Es de advertir que el golpe plebiscitario fue un golpe frío, sin reacciones conflictivas, con total control de todos los escenarios y una oposición visible virtualmente inexistente. Sin embargo, a los días se produjo el levantamiento cívico-militar que lo obligó a volar en la Vaca Sagrada hacia el exilio.

Sesenta años después, violando la Constitución chavista, Nicolás Maduro ordenó la convocatoria de una Asamblea Constituyente que, según el Consejo Nacional Electoral obtuvo una votación muy superior a las obtenidas por Hugo Chávez en cualquiera de sus mejores elecciones. Peor aún, las señoras del cuerpo rector y sus jefes de Miraflores pasan olímpicamente por alto que el presidente y su gobierno desde hace mucho tiempo registra menos de 20% de aprobación en las encuestas.

La repulsa se ha profundizado durante más de 100 días del pueblo en la calle, con el luctuoso saldo de más de un centenar de muertos, decenas de heridos y miles de presos; bajo el repudio democrático, con una economía destrozada, una crisis humanitaria jamás padecida y conflictos generalizados; con generales, ministros y la familia presidencial acusados de vinculaciones con el narcotráfico.

Opiniones autorizadas provenientes del propio chavismo coinciden en que la irónicamente bautizada “prostituyente”, lejos de contribuir a la solución de alguno de los tantos problemas que acogotan a los venezolanos, por el contrario, constituye un carburante para agudizar la crisis, particularmente la de gobernabilidad. Ni los cuerpo represivos, ni las bandas armadas del oficialismo ni el instrumento brutal de represión en que se ha convertido el Tribunal Supremo de “Justicia” han podido ni podrán doblegar la voluntad de lucha de ese pueblo en la calle.

He ahí el sintético cuadro sobre las similitudes y diferencias entre el golpe plebiscitario de Pérez Jiménez y el golpe de la fraudulenta Constituyente castro-cabello-madurista, a 60 años del 23 de enero de 1958.

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