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Mario Villegas: A dos años de fraude, dos pájaros de un tiro

eis meses. Sólo seis, requirió la Asamblea Nacional Constituyente de 1999 para elaborar una nueva Constitución Nacional y sentar las bases para lo que, el entonces presidente Hugo Chávez, denominó “la refundación de la República”.

Escucho ahora al jerarca madurista Héctor Rodríguez decir en Vladimir a la 1” que el remedo constituyente de 2017 va a requerir todo el tiempo que sea necesario, incluso dos años si fuere menester. Dos años dizque para reforzar una Carta Magna que, luego del montón de modificaciones, eliminaciones y agregados anunciados en su campaña por los candidatos a ese parapeto constituyente, “seguirá siendo la misma Constitución de 1999”, según palabras del presidente Nicolás Maduro que quedarán para la historia de la tragicomedia en Venezuela.

La estimación de Rodríguez deja claro que el propósito oficialista nada tiene que ver con motivaciones democráticas. De lo que se trata es de evadir la expresión de la voluntad popular para aferrarse cada vez más al poder y eternizarse, recostado al presupuesto del Estado y sus privilegios.

Además, los dos años que reclama el madurismo para la engañifa constituyente ponen en evidencia su escandalosa ineptitud. ¿Cómo es que necesitan dos años para enderezar los entuertos a que ellos mismos han sometido a la República, en estos 18 años de desastre y empobrecimiento generalizado de la sociedad?

La Asamblea Nacional Constituyente de 1999, que requirió de apenas seis meses para producir una nueva Carta Magna y refundar la República, lo hizo, según la retórica chavista, tras doscientos años de malos gobiernos, especialmente de los últimos cuarenta de pésimos gobiernos adeco-copeyanos. ¿Cómo se entiende que ahora, tras 18 años de “revolución”, de presunta excelencia y honestidad administrativa, de reivindicación popular e inclusión social, hagan falta dos años para “reforzar” la Carta Magna?

¿Cómo se entiende que necesiten dos años para “blindar” una Constitución producida en apenas seis meses y caracterizada por Chávez como la mejor del mundo?

¿No se supone que con la mejor constitución del planeta y los dos supuestos mejores gobernantes de nuestra historia republicana -el de Chávez y el de Maduro-, el país debería estar en fabulosas condiciones como para no tener que invertir dos largos años en este espejismo constituyente?

Constituyente que, aparte de distraer la atención hacia objetivos distintos al de la solución de los graves problemas nacionales, no representa ningún escenario para la paz, como lo han venido propagandizando. Es, por el contrario, un nuevo y peligroso ingrediente para la división entre los venezolanos, para la confrontación, la violencia, la represión. El brutal y condenable traslado del alcalde Antonio Ledezma y de Leopoldo López a la cárcel militar de Ramo Verde son una pequeña y muy bochornosa muestra.

Por donde se lo mire, ese mamotreto constituyente es definitivamente un fraude. Un fraude por su naturaleza inconstitucional e ilegal. Un fraude porque no va a resolver, sino a agravar la crisis política, económica, social y moral que atraviesa la República. Un fraude porque las denuncias de la oposición acerca de la manipulación y maquillaje de las cifras de participación y votación han terminado siendo confirmadas por Smartmatic, la empresa cuya plataforma tecnológica ha sido utilizada desde el año 2004 en los procesos electorales en Venezuela.

Era previsible que sin participación de la oposición, ese fraude se consumara. Hace un par de semanas escribí: “En un proceso en el que el gobierno corre solo, sin contendientes, sin testigos, sin árbitros confiables ni  auditorías verificables, es de esperar que este se vaya a despachar y a darse el vuelto”.

Quiere decir que en un proceso donde haya candidatos de oposición, testigos, miembros de mesa, garantías confiables y presencia en las auditorías, hay enormes posibilidades de que las fórmulas electorales de la oposición se alcen con la victoria y hagan valer sus votos, aún con este mismo Consejo Nacional Electoral.

Tal cual quedó demostrado cuando la oposición evitó la reforma de Chávez a 69 artículos de la Constitución, cuando llevó a Henrique Capriles, Henri Falcón y Liborio Guarulla a las gobernaciones de Miranda, Lara y Amazonas; cuando puso a Antonio Ledezma en la Alcaldía Metropolitana. También con ese CNE la oposición ganó las elecciones parlamentarias de 2015 y obtuvo más diputados de los que la propia Mesa de la Unidad Democrática esperaba.

Así que ahora, entre disputar y regalarle al madurismo las 23 gobernaciones, al menos yo no tengo dudas. Hay que participar y matar dos pájaros de un tiro: ganar los gobiernos regionales y reconfirmar que sí hubo fraude en la elección de la farsa constituyente.

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