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Gloria Cuenca: Vivencias dramáticas

Nos toca a los venezolanos de este momento vivir entre el sobresalto y el drama. Soy, lamentablemente, de las que siempre supieron cómo empieza y cómo termina el comunismo. Mi historia la conoce la mayoría de mis contradictorios lectores. No me enorgullece haber sido comunista; sin embargo, me dio una dimensión de la vida que me permite comprender lo que mucha gente no entiende.

Se desesperan, se van del país. Otros hablan de lo que no saben. Los cubanos exiliados en Miami –me cuentan– son los maestros a seguir, porque los argumentos y pasos que dan sus seguidores, fieles al Gobierno de Venezuela, son los mismos. Ya lo vivieron. Solo que aquí van más lento. Allá no tuvieron oposición. Además, eran los años de la preeminencia de la propaganda de la izquierda en todo el mundo, haciendo de Fidel Castro el gran héroe revolucionario.

El paredón de fusilamiento, como “premio” para cualquier rebelde. Hay rumores, el decrépito dictador cubano ruge: “Más represión, más represión”. No estamos en la década de los 60 o en los 70. El mundo ha avanzado, a pesar las locuras: algunas religiosas, otras ideológicas, que no tienen nada que envidiar a las posturas radicales del pensamiento extremo. Escuchamos y sufrimos –sí, sufro mucho, por el país y su gente– cómo hay un sector que se ciega ante la posibilidad, cada vez más real y cercana, de la pérdida del poder.

No quieren ver que perdieron el pueblo. Se lo ganaron a “esfuerzo propio” por la corrupción, por la ineficacia, que condujo al desabastecimiento, al hambre y a la muerte por falta de atención médica. Devuelven a los tenebrosos calabozos de la cárcel de Ramo Verde a dos dirigentes y presos políticos emblemáticos: Leopoldo López y Antonio Ledezma.

¿Es la venganza por las sanciones de Estados Unidos contra él? En lugar de pensar en la justicia, hemos vuelto al “ojo, por ojo, diente por diente”. Al primitivismo. Corriendo el riesgo de que todos queden ciegos y sin dientes. Lugar común la expresión de don Quijote: “Cosas veredes, Sancho amigo, que farán fablar las piedras”. Es cierto, las piedras comenzarán a “fablar” en este terrible momento que vivimos. Debemos demostrar que sabemos de qué trata este infame gobierno. Lo peor, la anacrónica y putrefacta ideología comunista. ¡Jesús de la Misericordia, mete tu mano!

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