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Jesús Alberto Castillo: ¿Participar en las elecciones regionales?

Esa es la pregunta de las mil lochas en los opositores, a partir de los controversiales resultados de la recién electa Asamblea Nacional Constituyente. Los partidos políticos deshojan la margarita para tomar una decisión tan peliaguda y con un CNE que, según el desenlace político, no es garantía de nada. A decir verdad, nada más ilusorio seguir pensando que con la “salida anticipada” se resolverán todos los males del país. Y es que la política no es un asunto del querer, sino del poder. Como se dice en el argot popular “los deseos nos empreñan”. Así de claro y crudo nos atrevemos a sentenciar para abrir una gran reflexión en los sectores radicales de la oposición y terminen convenciéndose de que el voto es y seguirá siendo la mejor arma para recuperar la democracia.

Ya lo había advertido Fernando Mires, célebre intelectual chileno, en su obra “Teoría de la profesión política” que para hacer política no sólo significa desear el poder sino arriesgar perderlo. “Nadie gana poder sin que alguien lo pierda. Solamente es posible ocupar posiciones de poder mediante desplazamiento de adversarios que ocupan zonas de poder. Porque la política no sólo la hacen los ganadores, sino también los perdedores”. Esa marcada concepción hobbesiana del autor sobre la política nos permite comprender lo ocurrido estos años con el oficialismo y la oposición en Venezuela. Hay que evaluar, sin tapujos, para visualizar escenarios políticos que, irremediablemente, tendremos que afrontar. Es como se dice por allí que “la política no se acaba en Diciembre”. Ella forma parte de nuestros genes, está entrelazada con nosotros mismos y se da todos los días. El problema es que, a veces, no logramos percibirla en su justa dimensión.

Si observamos los resultados de la Asamblea Constituyente podemos precisar que significaron un ejercicio de medición  del chavismo, más allá de las decisiones que puedan emerger de tal instancia. Similar a lo ocurrido con la consulta popular de la oposición. Una medición de fuerzas. Que haya trampas o que el CNE no es creíble con los resultados de la Constituyente, no es lo que debe llenar de indignación a los seguidores opositores, porque al fin no fue una contienda de los diversos adversarios y, en efecto, no había testigos. “Ellos cobraron y se dieron el vuelto”. Lo mismo podrían decir los afectos al oficialismo de los resultados de la consulta pública, la cual no dejó evidencia al quemarse las papeletas. Es un asunto de quien se mueve más en el ajedrez político, convence, contraataca y vence. Así es la política, un ruedo duro que requiere de pensar en frío y saber, estudiar al contario y saber cómo y cuándo acorralarlo para triunfar.

Si bien es cierto que la convocatoria y bases comiciales de la Constituyente tuvieron visos de inconstitucionalidad y ventajismo electoral, no podemos negar que el oficialismo ganó políticamente. No sólo aplacó la conjura opositora, la salida anticipada y le echó un balde de agua fría a las protestas de calle. También aglutinó y alentó a su militancia, la cual lucía hace unos meses muy desganadas. Pero lo más sorprendente es que recuperó los espacios del palacio legislativo con un cuadro de su Comandante Eterno, en desafiante burla a sus adversarios. Finalmente, logró desestimular a los seguidores opositores para crear una especie de abstención en las anunciadas elecciones regionales. Eso es jugar fino en el tablero político, a pesar de las diferencias internas que subyacen en su seno. La política se mide con los resultados y de eso sabe muy bien el oficialismo.

Por eso estamos convencidos de participar en las regionales (gobernadores y diputados a los Consejos Legislativos). En ese escenario debemos ir unidos con candidatos que aglutinen las fuerzas democráticas. Debe ser producto de un monitoreo permanente de los que adversamos al gobierno  para darle un cambio real a Venezuela, no por la vía de la violencia, sino con los votos. Esa fue la conclusión a la que llegamos este Lunes en un Comité Ejecutivo Ampliado del MAS. Inscribir candidaturas en todos los espacios regionales y promover un encuentro en el bloque democrático que incluya a otras fuerzas más allá de la MUD. No vamos a caer en el chantaje de que si se participa en las regionales es traicionar la lucha librada en las calles. El nuevo escenario político así para no cometer los desaciertos de la antipolítica en el 2005. En conclusión, hay que participar y no dejarle los espacios solos a quienes juegan con el hambre y la esperanza del pueblo.

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