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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Matrimonio en la UCAB (08-08-2017)

Hoy se reanudan las sesiones de la Constituyente y se inicia el período de inscripción de candidaturas para las elecciones regionales del 10 de diciembre. A pesar de que persisten aislados focos de violencia, no hay duda de que la acción guarimbera ha mermado considerablemente. Lo del Frente Paramacay no entra en la categoría de guarimba, fue una acción militar puntual y no una manifestación callejera, aunque sin duda debe haber alentado algunas de las pocas acciones violentas de calle que se han visto en los dos últimos días.

El hecho de que buena parte de la oposición haya decidido participar en las elecciones regionales y que inclusive el mismísimo Freddy Guevara, uno de los capos fascistas de las guarimbas, haya dicho en ese contexto que la “salida” es electoral, es un reflejo claro de que la violencia terrorista ha sido derrotada y que la Constituyente fue la tapa que se le puso a ese frasco.

De manera que las cosas marchan en el rumbo que marcó el presidente Maduro, en el sentido de la concepción de la Constituyente como una herramienta para la paz. Nosotros, por supuesto, no vamos a caer en triunfalismos, nunca lo hacemos. Es verdad que hemos ganado algunas batallas recientes y recuperado, sin ninguna duda, la iniciativa política que lucía perdida después de las elecciones parlamentarias de 2015, pero esta guerra está vivita y coleando. Se ha alejado la posibilidad de una guerra civil y también la de una intervención directa del imperialismo, pero son peligros no del todo conjurados, no podemos dormirnos en nuestros laureles.

Al participar en las elecciones regionales, la derecha inicia un camino de reagrupación, recomposición y acumulación de fuerzas después de la derrota. No han capitulado, solo se adaptan a las nuevas realidades que generan sus recientes fracasos. Esto quiere decir que los constituyentes, al lado del pueblo revolucionario, tenemos ahora redobladas responsabilidades. En este momento, somos el gran tema político del país, lo único que queda como opción para entrar en una nueva etapa del proyecto nacional chavista. Por lo pronto, que salgamos bien librados de las elecciones regionales -e inclusive que estas se den y sean una gran contribución a la paz- dependerá de lo que la Constituyente enseñe de aquí en adelante. Es una esperanza que hay que convertir en realidades, el mandado no está hecho.

A estas alturas, se van dando poco a poco importantes definiciones que tienen que ver con el futuro inmediato del conflicto político nacional. Una de las más relevantes es el ya público matrimonio de parte de los ex chavistas desertores con la derecha pro imperialista. Se va dando de manera natural lo que Chávez exigía cada vez que algún chavista mostraba debilidades que anunciaban su defección: ¡que se terminen de ir!

Esa boda se ha consumado en uno de los principales templos de la derecha en el país, la Universidad Católica Andrés Bello. Allí se reunió la flor y nata de la reacción criolla con un grupo de resentidos ex chavistas que fueron más allá, inclusive, que otros que no han caído tan hondo, como Héctor Navarro, Ana Elisa Osorio, Gustavo Márquez, Gonzalo Gómez, por nombrar algunos, que no han osado sentarse con los más conspicuos capos derechistas, por más que sí hayan compartido parte de sus posiciones políticas.

Una de las voces más beligerantes en la ceremonia de la UCAB fue la de la ex  Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, quien dijo desconocer la decisión de la ANC y que se mantendrá en el cargo. Pues bien, que usted se ponga un gorro hecho de papel periódico y se meta una mano por debajo de la chaqueta, no significa que usted sea Napoleón Bonaparte. Lo que dice la ex Fiscal es demasiada bravuconada para sus reales posibilidades actuales, cuando la derecha muerde el polvo de sus derrotas.

Convocando a más conflictividad, Ortega trató de soliviantar a los fascistas presentes, vociferando que “Los problemas del país no son una Constituyente presidencial, es el deterioro que tiene el país. Esa Constituyente lo que trajo fue más miedo, más represión. Llamo a los diputados de la Asamblea Nacional para que no permitan que ese espacio se lo quiten”. Es más, intentó radicalizar a la derecha frente al tema electoral, al afirmar que ve “con mucha preocupación el tema electoral (los comicios regionales)  Si la oposición no participa, las elecciones van. Si participan no van. Alerta con eso”.

Por su parte, Freddy Guevara alardeó con un supuesto apoyo popular del cual evidentemente carecen: “Si la Asamblea Constituyente reconoce como Fiscal a William Saab, la población reconoce a Luisa Ortega Díaz como Fiscal legítima” (¿?). Aun más radical que los fascistas, emulando a la ex Fiscal, otro arrepentido, Miguel Rodríguez Torres, aseveró que “No tenemos Tribunal, no tenemos Asamblea, no tenemos Presidente y no existe el pueblo (¡!) … Tenemos un país, realmente, donde nadie sabe quién manda. Este es un país anarquizado y caotizado por la decisión del liderazgo político”. Esto es realmente desvarío en estado puro.

Pero Rodríguez Torres no se equivocó en todo, pues señaló que el gobierno decidió “hacer de la política un campo de batalla militar donde los venezolanos, por la razón política, nos convirtamos en dos ejércitos enfrentados”. En general, la metáfora es válida, solo que no es el Gobierno quien ha hecho de la política un campo de batalla.

La guerra la ha declarado el imperialismo, se llama Guerra No Convencional, como todos sabemos. Pero en verdad sí hay “dos ejércitos enfrentados”, tal como ocurrió en los albores del siglo XIX venezolano: el ejército de los patriotas, por un lado, y el ejército de los imperialistas y sus aliados, por el otro. En fin, dime con quién andas.

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