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Jesús A. Rondón: La barbarización de la clase media

Quienes fueron incorporados en esta idea de clase media, no solo se les dotó de una base material superior (mayores salarios), que permitió elevar su nivel de consumo; sino también de una identidad que colonizó todos aspectos de la vida cotidiana, tales como sus aspiraciones, gustos, entre otros.

Una de las consecuencias de asumir socialmente esta idea es que este conjunto de venezolanos no se asumen como trabajadores (aunque mayoritamente su base material sea el salario) y tampoco como la burguesía (Por que no son los propietarios de los medios de producción), aunque asimilan y defienden los intereses de ésta.
Los miembros de la clase media construyen una identidad y uno de sus rasgos son la superioridad moral y racional frente a la clase trabajadora, los cuales dada su falta de formación son incapaces de conducir sus vidas y menos llevar las riendas de un país, de una sociedad. Así pues, la clase media es ese faro en la sociedad que todos deben seguir.

El desarrollo democrático desde la década de los sesenta generó las condiciones para la consolidación de la clase media a través de la asignación de parte de los recursos de la renta petrolera cuando hubo bonanza (década del 60 y mitad del 70), de la misma manera la azotó cuando la renta petrolera disminuyó (mitad de los 70 y todos los 80). Y es este último escenario donde la opinión pública fue colonizada por el discurso de la clase media, demandando cambios para que su base material retorne, pues al haber menos que repartir, los beneficios son cada vez más exiguos.  Aun así los cambios no se dieron.

Digamos que la rebelión popular del 89 y el intento de golpe de Estado del 92 inauguraron desde otra perspectiva la posibilidad del cambio. El discurso de Chávez convocando al pueblo como sujeto histórico fue acatado y movilizó las voluntades para que los cambios se hiciesen desde el mismo marco democrático. La clase media se incluyó en eso que se denominó pueblo con la esperanza de recuperar su base material, pero esta inclusión duró poco, pues a pesar de que el gobierno de Chávez en el marco de la redistribución de la renta petrolera aumentó la base material de la misma, quienes forman parte de ésta, tienen una particular forma “de percibir la democracia, su enfrentamiento histórico al socialismo, y un problema de status, la negación a igualarse por debajo, de que su grupo pueda ser permeado por los pobres.” Rodríguez (2017). Aun así seguían siendo beneficiados.

En el escenario actual donde nuevamente hay una disminución de la renta petrolera, los beneficios se restringen, surge con fuerza nuevamente en la opinión pública la clase media como el faro guía, solo que es ignorado y en su soledad viene la desesperación.

La dirigencia opositora capitaliza el discurso de la clase media y la moviliza, pero, como no son mayoría, los radicaliza y le convoca paulatinamente a tomar acciones de calle. Entonces sus acciones son más hostiles, pues si el resto de la sociedad no quiere escuchar hay que obligarlos y aquí llegamos a la “guarimba”, es decir a la violencia contra todo el que piense distinto. Así es como las personas que se asumen como la lumbrera moral y racional del país entendieron o justificaron que la violencia era la única forma de promover los cambios. A mi juicio así fue que se barbarizó la clase media, que hoy ignora los mecanismos que brinda nuestra democracia.

De este repaso concluyo que, en nuestro período democrático, el pueblo de a pie siempre respetó las reglas del juego, solo en el 89 explotó y fue una acción limitada, aunque no la represión. En el 92 con el intento de golpe de Estado de Chávez, el pueblo se mantuvo dentro del juego democrático. Por otro lado, que la clase media fundamentalmente desprecia a aquellos que hacen que el chavismo siga siendo gobierno.

Es la soberbia. Hoy tenemos el desafío de consolidar la democracia participativa y protagónica y el desarrollo de un modelo económico “post-petrolero” o diversificado. En esa tarea todos y todas estamos convocados, incluso la clase media. Ahora bien, ¿cómo logramos que se incorpore y abandone la barbarie como forma de hacer política?, yo creo que desandando y eso significa  desarrollar un liderazgo que desarrolle procesos que los incluya, pero no como seres superiores, sino como venezolanos y venezolanas que aportan a la construcción de un proyecto con intereses comunes.

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