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Ramón Guillermo Aveledo: Buscando comprender

Como muchos, no estoy seguro de qué pasó realmente el domingo 6 en el fuerte Paramacay. A la versión oficial le pesa que la credibilidad gubernamental anda, por decirlo cortésmente, bastante deteriorada.

Pero, no tengo la menor duda, que suceda de verdad algo así no es una sorpresa, pues estaríamos ante un efecto bastante natural de una práctica gubernamental sobre cuyas eventuales consecuencias hemos venido advirtiendo.

Paradójicamente, el Gobierno también nos ha preparado para este tipo de noticias, cuando el péndulo de su discurso bambolea desde presumir del apoyo militar irrestricto a denunciar las amenazas de conspiraciones y conjuras.

Politizar la Fuerza Armada y militarizar la política son, aparte de inconstitucionales, fuentes de altos riesgos para la sociedad, la democracia y su institución militar, pues acaban poniéndose en entredicho una condición que les es fundamental, su carácter nacional al servicio de todos los venezolanos.

Lo advertimos cuando empezó a involucrarse a los militares en tareas de predecible popularidad, como el Plan Bolívar 2000. Lo mismo cuando en épocas de abundancia de recursos se la asoció a misiones como Mercal y se asignó a miembros suyos, como una especie de cuota fija de poder, el Ministerio de Alimentación, asumiendo responsabilidades en temas sensibles que, si bien podían tener favorable acogida, por los montos de dinero manejados y la discrecionalidad para hacerlo, entraban en zona del pavimento resbaladizo de la corrupción, para acabar empantanados en su trampa de lodo y mugre, lucrativa para algunos, generadora de envidias y recelos en otros, de disgusto y condena en los más y, a la postre, de esa mala reputación generalizadora que no sabe de distinciones.

Pero los recursos no sobran siempre, van mermando mientras la avaricia aumenta. Unos cuantos mezclan a la Fanb con decisiones que en vez de resolver los problemas los agravan, como los Clap con el abastecimiento y la represión con el descontento, y termina comprometida la organización militar con políticas ineficaces condenadas al fracaso de un Gobierno cada vez más impopular.

Súmese a lo anterior el afincarse en el apoyo militar para transgresiones a la constitucionalidad con escaso respaldo nacional y amplia condena internacional. ¿Cómo podría extrañarnos que el ambiente en los cuarteles no sea distinto al del país? Y el poder va por ahí, desnudo de legalidad. Esta es una calle ciega. ¿Qué hacer para que se den cuenta?

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