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Gloria Cuenca: La debacle

El 30 de julio comenzó la debacle. Si había alguna posibilidad de encuentro entre los sectores en disputa, ese día se acabó. Después de eso, el régimen sigue cometiendo atrocidades, incumpliendo toda normativa vigente y exasperando a los ciudadanos venezolanos que no pueden creer (tampoco yo) lo que hacen y los vemos, como espectadores de una ópera bufa.

Mientras más atropellos y maldades, mientras más muertos, heridos y presos; más burla, bailes y risitas de complicidad. Toman la tragedia como si fuera una juerga. Se nota como les gusta mortificar al país. Está claro que no les importa nada. Alguien en las redes, ¡por fin!, dice que “esta conducta refleja a una gente que no siente temor de Dios”. ¿Cómo hacerlo si son ateos? Además, comunistas, con el adiestramiento de la KGB y la Stasi.

No tienen ningún tipo de sentimiento de compasión, misericordia, tampoco amor. Pueden, mis contradictorios lectores, considerarme exagerada. Lo lamento, es así. Predican el odio como doctrina. La lucha de clases es lo principal, hay enemigos que deben ser aniquilados. Estos sobrevivientes de los últimos tiempos se han dado cuenta de que los empiezan a mirar como monstruos sin entrañas. Cambian algunas expresiones y señalan que ellos tienen el amor como propósito. Falso de toda falsedad.

La violencia es para los comunistas la partera de la historia. Es decir, solo con violencia se avanza. Por eso, los curas que se han hecho comunistas están muy mal. O, tal vez, confundidos, ignorantes y desinformados. También los comunistas creyentes en Dios tienen lo que llamo “un pulpo jugando dominó en la cabeza”.

Las doctrinas, una idealista (el cristianismo) y otra materialista (el marxismo), son absolutamente incompatibles. De manera, pues, que siendo mestiza y estando siempre de acuerdo con toda clase de combinaciones, esta que trata de dos ideologías irreconciliables, sé perfectamente que no puede ser, no pueden convivir armoniosamente. Es inútil, lo dice la hermosa oración de San Francisco de Asís: “Donde haya odio, ponga yo amor, donde haya injuria ponga perdón”. Estos entes que nos desgobiernan no saben ni de perdón, ni de amor. Solo de corruptelas y de una ambición desmedida. No tienen consciencia del daño que le hacen al pueblo. ¡Es al pueblo al que más perjudican! ¿Amor? ¡Sí, Luis!

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