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Víctor Álvarez: ¿Qué le pasa al paralelo?

El dólar paralelo se calcula con base en los bolívares que hay que entregar por la cantidad de pesos que se necesitan para comprar un dólar en Cúcuta. El alza del paralelo se debe a un explosivo coctel que mezcla la escasez de alimentos y medicinas, el desmesurado crecimiento de la liquidez monetaria, las pésimas expectativas sobre la inflación y el reciente éxodo de venezolanos que cruzan la frontera con bolívares y se apresuran a cambiarlos por pesos para comprar lo necesario para sobrevivir. Esta combinación pulveriza el valor del bolívar, razón por la cual cada vez se necesita una mayor cantidad de la moneda nacional para comprar los pesos que luego se cambian por un dólar en Cúcuta.

Las subastas del Dicom no han servido para frenar el paralelo. Las bandas se fijan arbitrariamente por debajo del precio que iguala la oferta y la demanda y esto estimula una mayor demanda que, al quedar insatisfecha, sube el precio del paralelo. Al asignar el mayor porcentaje del menguado ingreso petrolero a la tasa Dipro, en lugar de venderlo todo a la tasa Dicom, quedan muy pocas divisas para alimentar las subastas. Así, la demanda sobrepasa a la oferta y tiende a elevar el precio de equilibrio. Y al rezagarse la tasa Dicom en comparación con el paralelo, las subastas no terminan de incentivar la oferta privada, la cual se siente más atraída por el precio que paga el manipulado y poco transparente mercado paralelo.

La coexistencia de varios precios de la divisa estimula la especulación cambiaria. Mientras coexistan Dipro, Dicom y el paralelo, se mantendrán los incentivos perversos para tal especulación. Al no unificar el régimen de cambios múltiples, el Dicom no será un sistema de subasta clásico, con creciente oferta del sector privado, sino una limitada venta de petrodivisas con un tipo de cambio que no se podrá mantener y tenderá a depreciarse de manera continua.

La tasa paralela no es una cotización real porque no expresa la productividad y competitividad de la economía. Su desquicie es la consecuencia inevitable del abandono de la política cambiaria y monetaria. El BCV no ha utilizado la tasa interés para drenar el exceso de circulante que se dirige a la compra de dólares. El mal manejo del encaje legal y de las tasas de interés que el BCV fija a los bancos, también ha contribuido al comportamiento errático del paralelo. El desbordamiento de los agregados monetarios atiza las bruscas oscilaciones del paralelo.

La base monetaria pasó de Bs 5 billones en julio 2016 a Bs 22 billones en julio 2017, fundamentalmente para financiar el déficit de Pdvsa y el gobierno. La emisión de dinero creció más de 300%, mientras que el PIB continuó en una prolongada contracción. Y mucha plata detrás de pocos bienes agrava la inflación, razón por la cual las personas y empresas corren a protegerse en el dólar paralelo.

La amenaza de un embargo a las compras de petróleo, la escasez de divisas y el riesgo de caer en un default, crean incertidumbre y temor en las empresas y agentes económicos que necesitan divisas para operar. El desequilibrio entre oferta y demanda de dólares dispara el paralelo a niveles tales que ningún comerciante está en capacidad de ajustar los precios a la velocidad con la que se mueve el dólar paralelo, que es la tasa de cambio a la que reponen los inventarios y calculan los precios de venta.

Por si fuera poco, al acercarse los pagos de la deuda, las subastas del Dicom tienen los días contados. Las posibilidades de adquirir divisas a un tercio de lo que cobra el paralelo, sencillamente desaparecerán. El gobierno priorizará los pagos de la deuda externa y recortará la oferta de petrodólares en las subastas. Es previsible, entonces, que estas subastas apenas duren un par de meses más, y esta demanda se trasladará nuevamente al mercado no oficial, presionando así nuevas alzas del dólar paralelo.

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