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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Trump y el viejo circo (14-08-2017)

La novedad no es que Estados Unidos considere la opción militar contra Venezuela, es así desde siempre        . Cuando en 1958 el entonces vicepresidente Richard Nixon visitó nuestro país y recibió una amarga bienvenida con el pueblo en la calle acosándolo y atacando el vehículo que lo transportaba, el presidente Eisenhower ordenó la movilización de la cuarta flota del Pacífico con la intención de rescatar a Nixon si se le impedía salir del país, lo cual finalmente no fue necesario. Los planes de invasión han estado y permanecen allí, nadie lo dude ¿Acaso no han sido develadas varias versiones, como el Plan Balboa, la Operación Tenaza y el plan Freedom-2?

Lo nuevo es que nunca un presidente gringo lo había expresado tan abiertamente como lo ha hecho en esta oportunidad Donald Trump. La reacción de los revolucionarios venezolanos ha sido absolutamente necesaria y conveniente. El ardor y la fuerza mostrada por los oradores constituyentes, que precedieron a la aprobación unánime del acuerdo de rechazo a las amenazas de Trump, fueron contundentes y dejaron en claro la decisión férrea de enfrentar al imperialismo con las armas si osaren hollar el suelo de la Patria. Esa decisión, la movilización popular y la firmeza de la FANB son un poderoso disuasivo a los planes imperiales.

Ahora bien, analizando el asunto con cabeza fría, esto parece más bien otra de esas bravuconadas verbales a las que nos viene acostumbrando el insufrible inquilino de la Casa Blanca. Hasta el diario fascista El Nacional lo ha definido como una “balandronada” en su editorial de ayer. Por supuesto, si fuera por él y los extremistas que lo acompañan, nos invadirían mañana mismo. Pero como hemos dicho más de una vez, es falso que querer sea poder,  una cosa piensa el burro y otra quien lo va a montar.

Este lenguaje altisonante lo viene utilizando Trump contra Corea del Norte, un dolor de cabeza más importante para el imperialismo que el que le puede causar por ahora Venezuela, pero los más agudos analistas piensan que son solo presiones para influir al momento de negociar, que es la verdadera conveniencia de Estados Unidos ante el delicado asunto de la península de Corea. No pareciera que en el caso de Venezuela ocurra algo muy diferente. De hecho, algunas declaraciones de funcionarios y asesores militares yanquis van en sentido contrario al de estas expresiones amenazadoras de Trump. El viernes citamos al general H. R. McMaster, asesor de Seguridad Nacional del presidente estadounidense, quien considera “improbable” una intervención militar de países vecinos o Estados Unidos en Venezuela. Y ayer un portavoz del Pentágono, Eric Pahon, aseveró que “El Pentágono no ha recibido ninguna orden referente a Venezuela”.

Siempre nos hemos mostrado reticentes ante cualquier asomo de simplificación de la realidad. En la sesión de la Asamblea Nacional Constituyente, Fernando Soto Rojas se refirió a que el mundo, sin duda, ha cambiado. Estos cambios se perciben en detalles muy interesantes que surgen en determinadas situaciones, como por ejemplo la reacción que han tenido los gobiernos de derecha del continente, enemigos acérrimos de Venezuela, al rechazar unánimemente las amenazas de Trump.

En la víspera de una visita del vicepresidente yanqui Mike Pence a Colombia, el gobierno de ese país, por medio de su Cancillería, expresó que “Rechazamos medidas militares y el uso de la fuerza en el sistema internacional. Todas las medidas deben darse sobre el respeto de la soberanía de Venezuela a través de soluciones pacíficas”. Y el gobierno de Perú dijo rechazar “todo intento interno o externo para recurrir a la fuerza… la única vía aceptable para recobrar la democracia es el diálogo”.

Por su parte el gobierno de México declaró que “La crisis en Venezuela no puede resolverse mediante acciones militares, internas o externas”, al rechazar el “uso o amenaza de uso de la fuerza en las relaciones internacionales”.

Entretanto, en un comunicado de Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) divulgado por la Cancillería brasileña, se afirma que “El repudio a la violencia y a cualquier opción militar que envuelva el uso de la fuerza es inamovible y constituye base fundamental de la convivencia democrática, tanto en el plano interno como en el de las relaciones internacionales”.

Por supuesto, no podemos predecir qué posición asumirían estos gobiernos lacayos a la hora de la verdad, pero                 este disenso público de los payasos con el dueño de circo demuestra que aunque aun presenta sus funciones, el circo no es el mismo de ayer, sus  carpas están algo desvencijadas y los leones se están poniendo viejos.

En cuanto a la oposición venezolana, su posición se ubica a la derecha de estos gobiernos que la apoyan, lo cual es mucho decir. En un comunicado de la MUD, que aparenta oponerse a las amenazas de Trump, ni siquiera mencionan al mandamás yanqui ni a Estados Unidos, mientras cargan contra la “intervención” de Cuba en Venezuela, como si fuera este país hermano quien hubiese proferido las amenazas. Pero hay que entenderlos: sangran por la herida, rumian su fracaso y no osan oponerse del todo a su última y remota esperanza: la intervención imperialista en Venezuela. Siguen desubicados y erráticos.

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