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Enrique Meléndez: La nueva oligarquía

 

En el fondo se ve como una comedia de payasos; como decir, una opereta esta constituyente cubana. Toda una fauna de tipos que la conforman; desde los cazadores de renta, como los llaman los economistas, hasta el jefe del consejo comunal del último confín de Venezuela; eso sí, encargado de la distribución de las bolsas CLAP en su localidad; es decir, allí está la representación de la nueva oligarquía venezolana.

No digo burguesía; porque la burguesía es industriosa. Esta gente no ha buscado, sino la manera acomodaticia de vivir de la renta del Estado; que en este caso es petrolera; puesto que el 97% de los ingresos, que tiene el país, proviene de la factura petrolera; habiendo esta gente destruido todo el aparato productivo del país.

Es decir, allí están los ricos de espíritu, como diría Jesús, la viveza criolla; puesta a la disposición de sus intereses; el partido de los inconformes, y que arrastran ese complejo de minoría de edad; de culpable incapacidad, como diría Kant, en el sentido de que se consideran ineptos, para desarrollar su espíritu industrioso, y lucrarse, gracias a su trabajo creativo y productivo; sólo que pretenden hacerse ricos por la vía del parasitismo: lo que se conoce como la riqueza fácil, y que es lo que precisamente ellos denuncian, que era la burguesía venezolana.

Porque ese fue el cliché que se sembró en la conciencia del criollo; a partir de lo que se conoció como el proteccionismo; que conllevó a un desarrollo industrial, de donde salía una manufactura de baja calidad, y de lo cual venía aquello de que cuando uno iba a comprar determinado producto, le preguntaban si lo quería nacional o importado; por supuesto, el importado era diez veces más caro que el nacional; precisamente, por los altos aranceles, que tenía que pagar, para entrar el producto al país, y junto a este proteccionismo, existía lo que se conocía como el estímulo a la producción, a través de programas de subsidios y de créditos a los sectores industriales y agrícolas; créditos que muchas veces no se cancelaban:

Famoso, en ese sentido, el Banco Industrial de Venezuela; que varias veces fue recapitalizado, a propósito de varias quiebras que presentó, y que sobrevivió, no obstante, hasta hace poco. El hecho es que esta burguesía, que se benefició de esta política; del compre venezolano, y que se auspició desde la propia dictadura de Marcos Pérez Jiménez, a propósito de esta situación, se ganó esta mala fama; aun cuando, en tiempos del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, se inició lo que se conoció como el proceso de reconversión industrial, y mediante el cual todos estos vicios de parasitismo; ligados a hechos de corrupción en dicho sector se buscaron superar; mediante lo que se conoció como la competencia empresarial; que implicaba una mejora en la calidad de la producción, y que se llevó a cabo a medias, a propósito del rechazo que tuvo esta política, precisamente, en aquellos sectores que se sentían afectados por la misma, y que fue lo que llevó al traste a ese gobierno de Pérez; más que “El Caracazo”, como dicen algunos, o los propios intentos de golpe militar que del año 1992.

De todas formas, hubo un desarrollo industrial, que se vio traducido en la instalación de unas doce mil industrias en plena operatividad; que existían para la llegada de Chávez al poder, y donde se daban sinergias, como la que si vio entre la Corporación Venezolana de Guayana y la industria manufacturera, sobre todo, de la zona norte del país; aquélla suministraba la materia prima, y la industria manufacturera la procesaba; lo que explica el hecho de que cualquiera podía equipar su casa con productos baratos; fabricados o ensamblados en Venezuela, y no como ahora; que cada uno de los enseres de cocina, por ejemplo, pasa del millón de bolívares; que es lo que mide el empobrecimiento del hogar venezolano. De esas doce mil industrias, apenas quedan operativas para el día de hoy unas cuatro mil, y las que no dejan de estar amenazadas por las políticas erráticas de este gobierno.

Incluso, en esa fauna, que yo digo que está presente en esta constituyente cubana, no deja de figurar el presidente de alguna de esas empresas, que Chávez expropió o nacionalizó; una empresa que está en la ruina, con una nómina de cinco trabajadores, a la que ha quedado reducida, y que depende ahora del Estado; como sucedía en aquella época de la llamada sustitución de importaciones; que, por supuesto, era la gran idea de Chávez en estas circunstancias; como no deja de estar allí el tipejo que participa de esas operaciones financieras fraudulentas, que lleva a cabo el gobierno con las firmas financieras internacionales, a espaldas del país, en su afán de buscar dinero a toda costa, y que representan pérdidas patrimoniales; sólo que estamos ante una oligarquía que no le importa vender al país, si es posible, sólo para seguir llenándose los bolsillos.

Obsérvese que a nivel internacional se ha conformado otro eje, que apoya la política anticonstitucional de Nicolás Maduro, a partir de episodios fraudulentos, como esta constituyente; que tiene carácter de terror, sobre todo, a partir de las decisiones arbitrarias y apresuradas, que viene haciendo; frente al otro eje, que reclama el respeto al orden constitucional, y esto porque a partir de este proceso constituyente hay demasiados intereses foráneos también en juego, y los que no dejan de tampoco de figurar en la representación de esta fauna; una opereta, como decía al comienzo, donde lo que se oye es la resurrección de ese lenguaje desfasado de la izquierda de las décadas de los sesenta y de los setenta; a través de manejos de conceptos como el del imperialismo yankee; mientras el señor Donald Trump les hace el favor de ponerle leña a ese lenguaje; con amenazas militaristas, como el que acaba de manifestar, cuando ha dicho que no descarta la opción armada para Venezuela.

melendezo.enrique@yahoo.com

 

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