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La masacre de Amazonas: “A mi hermano le destrozaron la cara, lo reconocí por los lunares y una cicatriz”

“Para el régimen es más fácil matar a los indios que darle una razón para vivir. ¿Por qué se ensañan con los indios?”Foto Liborio Guarulla

A Yoselkis Morillo le costó identificar el cadáver de su hermano: las fuerzas de la dictadura que irrumpieron en el Centro de Detención Judicial de Amazonas (Cedja) en la noche del martes y la madrugada de miércoles lo dejaron desfigurado y mutilado. Su relato es prueba de la bestialidad de la actuación de los cuerpos de seguridad que masacraron a 37 presos, un hecho por el que el ministro de Interior y Justicia, Néstor Reverol, pretende culpar al gobernador Liborio Guarulla.

En la tarde del miércoles, Yoselkis Morillo todavía pensaba que su hermano podía estar vivo: cuando leyeron afuera de la morgue del hospital José Gregorio Hernández la lista de los 37 masacrados de Puerto Ayacucho, su nombre estaba entre los últimos.

A medida que los mencionaban, la respiración se le entrecortaba: con un nombre más aumentaba la posibilidad de que no fuera él. Hasta que escuchó: Juan Carlos Conde Morillo. Allí tuvo la primera certeza.

Las horas avanzaban y todavía no le entregaban el cadáver de su hermano. Hasta que un forense se asomó. “Faltan tres cuerpos por identificar. Si hay familiares aquí que no hayan encontrado, pueden pasar a verlos”.

Entró con su mamá a la sala de autopsias. Lo que vio le contrajo las entrañas: sobre una mesa estaba un cuerpo que tenía una cicatriz en el pecho. Como esa cicatriz inconfundible que tenía su hermano. Los lunares le corroboraron que, en efecto, era él. Pero fue lo único que le sirvió: la cabeza estaba destrozada. Y una de las piernas, desprendidas.

Con ese recuerdo tendrá que vivir en adelante: Juan Carlos Conde Morillo, un indígena baniva de 21 años, es una de las víctimas de la masacre de la cárcel de Puerto Ayacucho.

Cuando Yoselkis habla rompe en llanto de vez en cuando. Pero se recompone de inmediato. Hasta el final de la entrevista, cuando pide un minuto para enviar un mensaje a Nicolás Maduro y a Néstor Reverol: “No sean tan cínicos. Tengan un poco de conciencia. Aquí, en Amazonas, han venido matando jóvenes. Nunca se había esto en otros estados, que en una semana maten ocho, nueve jóvenes y niños que están empezando a caminar. ¿Por qué, si tanto hablan de Cuba, no los mandan a Cuba a estudiar? Para el régimen es más fácil matar a los indios que darle una razón para vivir. ¿Por qué se ensañan con los indios? Nos destruyen nuestra selva, nos quitan a nuestros representantes (en la Asamblea Nacional) y también nos matan a nuestros hijos. ¿Por qué?”.

Por cierto, fue en esta tarde del jueves, mientras Yoselkis buscaba cómo enterrar a su hermano, que Delcy Rodrígez, en condición de presidenta de la fraudulenta asamblea constituyente, pidió un aplauso para Iris Varela por darle a Venezuela “el mejor sistema penitenciario del mundo”.

Yo tenía la esperanza de que él estuviera vivo. Nos fuimos para allá y empezaron a llegar los cuerpos. Hasta hoy en la mañana pude reconocer el cuerpo de mi hermano, totalmente destrozado e irreconocible. Los reconocí por lunares y una cicatriz en el pecho. De resto, la cara está irreconocible”.

-Nosotros teníamos la esperanza de que él estuviera vivo porque estaba en la parte que llaman “la Iglesia”, que es donde están los muchachos que son evangélicos. Nos dijeron que todos ellos habían sobrevivido. Nos dijeron que estaba allí y teníamos la esperanza de que él estuviera vivo…hasta ayer en la tarde, cuando leyeron las listas de los fallecidos, de los que se quedaron aquí y de los trasladados. Él estaba en la lista de los fallecidos.
-¿Supieron desde el principio que tu hermano era una de las víctimas?

-¿Cuándo fue la última vez que hablaste con él?

-Fue un día antes, el día 15, a las 10 de la noche. Nos llamó y nos dijo que aparentemente había un intento de toma y que él estaba aferrado a las manos de Dios, que tuviéramos mucha fe. Nos dijo: hermana, están cerca, se van a meter, yo estoy aferrado a Dios. Oren mucho por mí y por todo. Tengan mucha fe de que todo va a salir bien.

-Cuando él los llamó y les dijo eso, ¿ustedes se fueron para allá directamente?, ¿había otras familias?

-Sí, nos fuimos directamente.

-¿Estuvieron toda la noche afuera del retén?

-Sí, en las adyacencias. No cerca porque la Guardia Nacional tenía un perímetro cerca, donde no dejaban pasar carros ni personas.

-¿Escucharon el tiroteo?

-Detonaciones muy fuertes. Como cuatro, cinco explosiones. Disparos, ráfagas de disparos…

Ensañamiento

-¿La Guardia Nacional reprimió a los familiares que estaban allí?

-Ellos pararon a la gente que iba para allá. Había madres desesperadas por entrar a ver qué era lo que pasaba. En la madrugada no hubo represión como tal. Usaron los antimotines para que la multitud no llegara hasta allá, porque también era un peligro que la gente llegara. Pero en horas de la mañana sí había mujeres desesperadas porque habían cesado las detonaciones y queríamos información. Los guardias se pusieron obtusos, agarraron a la madre de uno de los detenidos, la hija se metió, detuvieron a una muchacha que estaba embarazada y a otra más.

Juan Carlos Morillo tenía 21 años y era padre de un niño de dos años

-¿Cuándo supieron que había muertos y que uno de ellos podía ser tu hermano?

-Como a eso de las 11 de la mañana, una muchacha llegó en una moto y dijo: ‘váyanse para el hospital (José Gregorio Hernández, de Puerto Ayacucho), lleven copias de cédula de sus familiares porque la gran mayoría de los reclusos está muerta’. Yo tenía la esperanza de que él estuviera vivo. Nos fuimos para allá y empezaron a llegar los cuerpos. Hasta hoy en la mañana pude reconocer el cuerpo de mi hermano, totalmente destrozado e irreconocible. Los reconocí por lunares y una cicatriz en el pecho. De resto, la cara está irreconocible.

-¿Esta mañana (del jueves) fue que pudieron entrar en la morgue?

-Sí, porque me dijeron que había tres cuerpos que no habían sido reconocidos. Yo pasé con mi mamá y los pudimos reconocer.

-¿Qué tipo de heridas tenía tu hermano?

-No sé qué le tiraron en la cabeza… la tenía totalmente destrozada… (llora). Tenía heridas de bala en el cuerpo y una pierna como desprendida. Más nada…

-¿Pudiste ver los otros cadáveres?

-Sí… fue algo monstruoso. Fue algo monstruoso ver cómo destruyeron prácticamente a esos muchachos. No era la manera, no era la manera, no era la manera… de verdad… tenía que haber voluntad política del gobierno de ponerse con esos muchachos y recuperarlos. Acabando con su vida no era la manera.

-¿Tu hermano tenía hijos?

-Sí, tenía un niño de dos años… (no puede continuar porque comienza a llorar).

No habrá próxima vez
-Hay gente que dice que se lo merecían porque eran delincuentes. Pero hay gente que tenía familias, hijos… y mi hermano fue juzgado en las peores condiciones, con un ensañamiento judicial tremendo, y pienso que si querían tomar el control del retén, querían hacer algo bueno, esa no fue la manera. No era la manera hacer una masacre de esa magnitud… no era la manera… es indignante ver cómo los fiscales se tocan las manos… es muy fácil culpar al Gobernador del estado, pero el gobernador no estaba allí: los que estaban disparando eran los del Gobierno. No eran los policías del estado. ¿Que hubo enfrentamiento? Claro que hubo enfrentamiento porque obviamente el pran no se iba a entregar así como así, pero hay responsabilidad de parte y parte: el Gobierno no tenía por qué ensañarse de esa manera. Tenían que buscar una estrategia con esos muchachos porque ellos tenían derecho a reinsertarse en la sociedad pero no se las dieron: simplemente los mataron. -¿Quién crees que fue responsable de esto que pasó?

-¿A cuál cuerpo de seguridad viste disparando o supiste que estaba disparando?

-Estaba la Guardia, El Conas, el Dgcim, el Cicpc… o sea, había una multitud inmensa de funcionarios que estaban rodeando el centro, y bueno… no se sabe: hubo participación de todos.

-¿Cuándo fue la última vez que viste a tu hermano?

-Lo vi el domingo en la visita familiar…

-¿Ese día te asomó algo sobre lo que iba a pasar?

-No. Él estaba animado, estaba bien. Fuimos al culto de la iglesia y me pidió que la próxima vez que fuera, le llevara a su hijo.

Correo del Caroní

AFP: El tormento de las familias de los 37 muertos en cárcel de Venezuela

El cementerio municipal estaba lleno de fosas abiertas: solo se había enterrado a uno de los presos, aunque la orden fue sepultarlos inmediatamente

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“¡Por favor, tengan piedad!”, rogó Lauche Fernández, familiar de uno de los 37 presos que murieron durante un motín en un centro de detención del estado Amazonas, sur de Venezuela, mientras esperaba que las autoridades entregaran los cuerpos.

Un centenar de familiares aguardó horas este jueves frente al hospital de Puerto Ayacucho, capital estatal, para recibir los restos de las víctimas de lo que denuncian como “una masacre”.

“Ya empiezan a oler. Por favor, tengan piedad y entreguen los cuerpos”, pidió Fernández, a gritos, ante los micrófonos de la prensa local, según videos cedidos a la AFP.

Al final de la tarde, el cementerio municipal estaba lleno de fosas abiertas: solo se había enterrado a uno de los presos, aunque la orden fue sepultarlos inmediatamente. Los familiares todavía esperaban.

El panorama en el cementerio era desolador. La madre de uno de los reclusos agradeció que al menos su hijo “estaba completo y no destrozado, como otros”, confesó a la AFP.

El motín ocurrido en los calabozos del centro judicial de Amazonas, región selvática fronteriza con Colombia y Brasil, dejó 37 presos muertos y 15 policías y militares heridos, uno de gravedad, confirmó este jueves el ministro de Interior y Justicia, general Néstor Reverol.

La Asamblea Constituyente designó este jueves una comisión, presidida por la asambleísta Iris Varela, exministra de Servicios Penitenciarios, para investigar lo ocurrido. El Parlamento de mayoría opositora también lo hará.

Reverol señaló al gobernador de Amazonas, el opositor Liborio Guarulla, como “responsable directo”.

“Es un retén que está bajo la custodia de la gobernación”, expresó, pidiendo investigar a Guarulla por “inacción” pues -dijo- solo tres custodios, más el director, estaban a cargo de 103 presos.

– Armas largas y granadas –

El motín reflotó la crisis penitenciaria venezolana, con frecuentes enfrentamientos entre reclusos por el control de las prisiones y denuncias de violaciones de derechos humanos, así como de muertes por falta de alimentos y medicinas.

Jackson Sanz, padre de un fallecido, pidió al presidente Nicolás Maduro y a su gobierno “dar la cara por esta masacre”.

Guarulla dijo a la AFP que desde “hace tres meses y medio” la militar Guardia Nacional tenía acordonado el centro de reclusión tras la denuncia de un posible ataque de la guerrilla colombiana Ejército de Liberación Nacional (ELN).

“Se presumía que algunos de estos reclusos podían estar armados y por eso se solicitó la requisa (…) Fue una tragedia, de 103 reclusos, 40% fueron eliminados”, afirmó.

Fuerzas especiales del Ministerio de Interior intervinieron y tomaron el centro de reclusión “de manera desmedida porque usaron granadas y armas sofisticadas, y el resultado es una verdadera masacre”, añadió el gobernador.

“Lo que no hizo la guerrilla lo hizo el gobierno”, manifestó Guarulla, quien difundió en Twitter fotos de cadáveres apilados.

Pero, según Reverol, los efectivos que realizaron la requisa fueron recibidos por los internos “con armas largas y granadas”, una veintena de las cuales estallaron durante los enfrentamientos.

Sin dar cifras, el ministro reportó que algunos de los 37 fallecidos “fueron ajusticiados por un pran” -líder de presos-, que “tenía sometidos a algunos privados de libertad que querían deponer las armas”.

Agregó que otros murieron “producto de la onda expansiva y las esquirlas de las granadas” o por la acción de los agentes de seguridad, que según él respetaron el principio de “uso progresivo y diferenciado de la fuerza”.

Guarulla asegura que un preso aprovechó el caos para fugarse.

– Clausura –

Tras lo ocurrido, el centro de detención de Amazonas fue clausurado y, según Reverol, será rehabilitado en un plan puesto en marcha por el gobierno en julio de 2011 para pacificar los penales y adecuarlos a estándares internacionales.

Veintisiete reclusos, todos condenados según Reverol, fueron trasladados a otros centros fuera de la región y el resto a calabozos policiales.

Hay unas 50 cárceles en Venezuela, de las cuales 98% funcionan bajo el nuevorégimen.

Carlos Nieto, de la ONG defensora de los derechos de los presos Una Ventana a la Libertad, sostiene que el proyecto no ha avanzado según lo prometido. “Plantearon construir una cárcel en cada estado. En Amazonas no han puesto ni la primera piedra”, declaró a AFP.

Esa organización estima una población de 88.000 presos en Venezuela, sobrepasando la capacidad de las cárceles de 35.000.

Por falta de espacio en los penales y retrasos procesales, unas 33.000 personas están recluidas en centros de detención preventiva, como el de Amazonas. Nieto precisó que la sobrepoblación en esos establecimientos supera el 400%.

Versión Final

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