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Mario Villegas: Por las malas, ni a misa

Bien bonito que le quedó al presidente Nicolás Maduro decir que va a llevar a la oposición a “dialogar por las buenas o por las malas”. Y lo hizo con todas sus letras ante la mal llamada Asamblea Constituyente, en la que se despepitó en ofensas personales, descalificaciones y amenazas contra el presidente de la legítima Asamblea Nacional y demás dirigentes de la opositora Mesa de la Unidad Democrática.

Tanto los insultos como la amenaza de sentar por la fuerza a los representantes de la oposición no pueden ser interpretados sino como una patada a las posibilidades de entendimiento para conjurar los riesgos de una confrontación fratricida y avanzar en la búsqueda de soluciones urgentes a la grave crisis política, económica, social y moral que hoy corroe al país.

Lejos de abonar en el camino del encuentro, de la reconciliación y de la paz, que prometió la profusa campaña pro constituyente, el Jefe del Estado echa más gasolina a este incendio que, por el contrario, debería convocar y sumar el esfuerzo de todos los venezolanos en la patriótica tarea de apagarlo.

Envalentonado se veía al primer mandatario en su comparecencia ante la pretendida llamada Constituyente, cuyos 545 miembros rojo-rojitos aplaudían a rabiar sus imprecaciones contra los dirigentes opositores. A decir por la competencia de destemplanzas que día a día libra el Jefe del Estado versus Diosdado Cabello, parece que Maduro ya no es rehén de los sectores radicales del chavismo sino más bien su líder emergente mientras Cabello quedó para bravuconear desde y para los reductos más retrógrados del chavismo.

Es racionalmente innegable que en sus momentos iniciales al frente de la primera magistratura, Maduro tuvo algunos impulsos favorables al diálogo y la negociación política con los partidos de la oposición y otros importantes factores de la sociedad venezolana, hacia los cuales mostraba un cierto ánimo conciliador.

Así se pudo apreciar en los encuentros que al comienzo sostuvo en Miraflores con los gobernadores y los alcaldes de oposición, así como con el liderazgo empresarial encabezado por Fedecámaras, todos ellos transmitidos en largas y muy vistas cadenas de radio y televisión.

Tiempo después lo hizo también con la dirigencia de la MUD, cuya primera reunión con el Jefe del Estado y la jerarquía chavista fue igualmente difundida por cadena de radio y TV. Es memorable, entre otras intervenciones, la del secretario general de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, poniendo en su sitio y callándole la boca al entonces presidente de la Asamblea Nacional.

Por desgracia, los extremismos del oficialismo y de la oposición abortaron aquel proceso que pudo haber tenido favorables resultados para el país.

Ya para 2016, cuando por mediación papal se intentó una nueva negociación política, Maduro utilizó la bandera de la negociación fundamentalmente como un expediente para ganar tiempo, para oxigenar a un régimen que por paliza había perdido la AN en votación popular y apelaba a todos los recursos para afianzarse en el poder. Hay que admitir, sin embargo, que en aquel proceso de diálogo de 2016 la representación opositora participó sin voluntad real de participar, con una inapropiada batería de negociadores y con muy pobres resultados, además de muy mal concretados y pésimamente presentados.

Tras aquel fallido proceso, y luego de la ilegal negación del derecho constitucional al referendo revocatorio, así como de largos meses de protestas populares, de criminal represión policial-militar-paramilitar, de violencia callejera, de más de un centenar de asesinados, miles de heridos y cientos de nuevos presos políticos, con una mal llamada Constituyente actuando a la cañona y con unas elecciones de gobernadores en puertas, el ambiente y las posibilidades para que se materialice una negociación política son verdaderamente precarios, lo cual de ninguna manera la descarta definitivamente como una necesidad.

Si ha sido difícil comprender esa necesidad y asumirla voluntariamente por parte de algunos factores de oposición, tanto más lo es si quien tiene la obligación de convocar y crear las condiciones adecuadas para ello amenaza con sentar “por las malas” a los “imbéciles” de la oposición ante una mesa para el entendimiento.

Imposible dialogar por las malas. Aunque los busque la Guardia Nacional, el SEBIN, el CONAS, la PNB, la GN, el Ejército, la Aviación, la Marina, la Milicia, las policías regionales y hasta las bandas paramilitares. ¿Diálogo por las malas? Eso no existe.

Humillados y a la fuerza, ni a misa. Pero cada ladrón juzga por su condición. Hay que carecer de dignidad o valorar pésimamente la propia para suponer que los demás están listos a pisotear y deshonrar olímpicamente las suyas.

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