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Rafael Del Naranco: Angustia, temores y pesadumbre

El equívoco de Hugo Chávez a requerimiento y rogación de Fidel Castro, fue la insistencia de nombrar a Nicolás Maduro su heredero político, y en esa apesadumbrada duermevela a secuela de su enfermedad, pudieron más los aires embaucadores de la isla en forma de cocodrilo dormido, que la responsabilidad política con Venezuela.

Esto que hemos venido exponiendo años hace, y nuestro apego a la autenticidad fidedigna, nos obliga a volver a expresarlo en unos instantes sociales corroídos hasta el tuétano.

Maduro ha sido un buen vasallo, fiel hasta la médula, de la misma forma que su esposa Cilia, pero una vez en Miraflores, mal caudillo. Cuando se está en primera fila del mando supremo es obligante tomar decisiones firmes, elegir a las personas más cabales, y no llevar a los ministerios a los meapilas apologistas, mientras a la par, como una vía inequívoca, ser cabalmente responsable de sus actos y apartar a los compadres anidados, siempre pésimos consejeros y aforados aduladores. Gobernar nunca ha sido un sendero de madreselvas en flor.

La realidad de esa decisión en La Habana ha traído nuestros fangos agrietados.

Los curtidos chavistas de primera fila, y la poca élite que aún queda de aquellos tiempos de esperanzas, se hallan actualmente muy alejados del actual aparataje gobernante.

Es la hora nona de la reflexión y el arrojo, cuando hasta el aire parece hallarse pútrido y la nación al borde de un precipicio sin fondo. Es bien sabido que las naciones no se hunden, se destrozan azuzadas debido a mentes malévolas que hace tiempo perdieron el norte y son incapaces de reconocer sus equivocaciones. Errar es humano, reconocerlo y cambiar de rumbo, de hombres cabales.

Todo poder sin mesura nubla el intelecto, y cuando es absoluto hace esponja las neuronas, siendo causa y efecto que ante una pifia del presidente Donald Trump, un jorobado mental de cuidado, nos hace emplazar a Venezuela en una incubación de patriotismo casero y arrinconar los verdaderos problemas de cada día: la economía rentista corroída como jamás había sido en esta nación de acaudalo fondo petrolero.

Debido a tal situación, es posible que el cielo protector pueda esperar, los venezolanos difícilmente lograrán hacerlo.

Al no ser mi persona experta en astucia y solamente un agnóstico en materia de ocultismo, espiritismo y todos los ismos imaginables existentes en la Cábala y en sus ciencias ocultas, sueño con que Venezuela se salve y, hasta que eso suceda, estoy, como pardillo asustado, en orillas del mar Mediterráneo en la que he varado al encuentro de mis raíces primogénitas tras muchas añadas de faenas caribeñas.

Hace cinco años salí de Maiquetía y dejé un país aún a flote; hoy se halla más que hundido, desmembrado. ¿Hemos liado el hato a tiempo? No. Uno perdurablemente quiere lo que conoce, y Venezuela es la pasión primeriza e imborrable. La crisis nativa   igualmente nos golpea aquí en España. La pensión cotizada durante décadas no se recibe, y aun así la daríamos por bien saldada si los males actuales de la tierra añorada se fueran enderezando.

Nada conozco de alquimia, tampoco del Libro de Thot, Tarot o juego de naipes, y aún menos de la evolución oculta de la humanidad desde Pitágoras a los Hermetistas, hasta llegar al mundo de los Rosacruces y los Masones, y aun así, sabemos con certeza que la crisis pavorosa de Venezuela tiene culpables y todos sabemos quiénes son. Y ellos tal vez más que nadie envueltos en sus enredadas y torpes maniobras. Han comenzado esos saltimbanquis con los eslóganes del mal llamado patrioterismo caduco y ramplón para salvarse de sus múltiples equivocaciones. La patria sin libertad es un ahogo.

Releyendo “Cosmos” de Carl Sagan, con deseos de calmar el desasosiego que nos embarga, uno no deja de asombrarse por la inmensidad del firmamento; tanto, que para situarnos debemos hablar de años luz. La obra nos dice cómo arriba y debajo de nosotros, trillones de galaxias formadas por miles de millones de estrellas, un infinito casi inalcanzable para la mente humana, nos descubren la grandeza de la inmensidad.

Dejémonos de preguntas ya que mientras eso sucede, en el espacio inmenso, en un punto insignificante del planeta llamado Venezuela, hay una sociedad dividida, manejada al mamporreo a cuenta de una marabunta convencida de que el epicentro de lo creado está en Caracas mientras se  implantan las condiciones hacia una confrontación extrema.

El país con más riquezas naturales del continente se debate en una debacle política y económica que augura una inmediatez cada vez más golpeada.

Debido a esta situación, le convendría al Presidente de la República poner la ojeada visual dentro de la angustia de sus compatriotas y sentir el aire de la zozobra estrujando a un pueblo que hizo grande, próspero y generoso el siempre auténtico Simón Bolívar.

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