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Alirio Pérez Lo Presti: El “yaísmo”

Cierto pensamiento filosófico que se suele predicar en las academias distingue dos tipos de irracionalismo.

La justificación de los “yaístas” 

1. El irracionalismo gnoseológico afirma que la razón humana no es capaz de explicar la realidad, pues su intrínseca complejidad está más allá de los límites de la mente humana. En este caso estricto, ciertas doctrinas filosóficas podrán calificarse de irracionalistas: así, por ejemplo, el escepticismo, que antiguamente negaba la existencia de todo tipo de verdad; en la Edad Media el misticismo y la teología negativa, que reducían todo conocimiento a una simple y pura forma de intuición; y también el moderno romanticismo, que prácticamente plantea que el arte y los sentimientos son la única forma posible de conocimiento.

2. El irracionalismo ontológico afirma que es la propia realidad la que se rige por los principios no racionales del azar, de la casualidad, de la vida, entendida esta como proceso imprevisible. Esta forma absoluta y metafísica de irracionalismo, que considera al mundo como algo absurdo, ilógico, insensato y falto de objeto, es típica y exclusiva de la época contemporánea y elocuente expresión de lo que muchos ven como la crisis de nuestro tiempo.

La voluntad de vivir

Durante el segundo decenio del siglo XIX, Shopenhauer formuló una doctrina más esencial: la voluntad de vivir. La describió como un impulso primordial, una fuerza ciega que va más allá de la dimensión espacio-temporal. La doctrina y la figura de Friedich Nietzsche fueron aún más determinantes para el nacimiento del irracionalismo contemporáneo. Este filósofo interpretó de una manera aún más radical las profundas exigencias de la reacción antipositivista, por lo que se convirtió en un efectivo estímulo para la renovación filosófica, aún en curso, conocida como crisis de la razón. Por el impulso de las ideas de Nietzsche, el irracionalismo se ha configurado como una importante y peculiar forma de la cultura y el arte moderno de la que surge una nutrida y variada serie de vanguardias.

Irracionales al ataque

La postura irracionalista típica de nuestro tiempo puede sintetizarse en los siguientes aspectos recurrentes:

La desconfianza respecto a las posibilidades del pensamiento científico, lógico o histórico para explicar la realidad. Rechaza la idea de que el pensamiento se produzca mediante la intervención de razón e intelecto, y propone que éstos sean sustituidos por la intuición y la acción: es decir, por la experiencia concreta de la vida.

El rechazo de los modelos tradicionales y de todo valor moral, político o religioso, ya que los considera expresiones de un mito racionalista y metafísico. Es una posición que puede llevan al rechazo total de la civilización occidental desde sus orígenes. Nietzsche también adoptó una posición dura al respecto, afirmando la negatividad de toda filosofía desde Platón en adelante, apostando al intento de inventar o imponer un nuevo sistema de valores distinto del tradicional.

La doctrina del superhombre de Nietzsche ha aportado el modelo para la asunción de conductas consideradas socialmente desviadas, comportamientos revolucionarios o provocadores.

El fracaso del “ya”

En medio de todo esto, ha sido una especie de slogan o forma de conducirse de ciertos sectores el apostar porque las cosas se materialicen de manera inmediata, jugando a la vida en sociedad como si fuese una consecución de espasmos a efectos de lograr las cosas. Cada vez que leo o escucho la consigna “YA”, sea a través de la lucha por conseguir espacios de poder o de materializar cambios, no puedo dejar de ser suspicaz frente a quien hace la proclama. Pocas cosas en la vida, y menos las dinámicas sociales, se materializan de manera instantánea y quien promueve el “yaísmo” no sólo se hace eco de una fantasía propia de los tiempos que corren, sino que en su obscura irresponsabilidad termina por prolongar la agonía de los males que vivimos en colectividad.

Quien corre como un caballo muchas veces termina como un burro, porque las cosas tienen una razón de ser y existe una causalidad que rige la historia. Una cosa deriva en la otra y salvo los imponderables, hay una lógica detrás de cada uno de los movimientos de los pueblos. Mucho daño hace y sigue haciendo el “yaísmo” porque es parte de la forma de pensar de nuestro tiempo en donde la razón queda aplastada por la intuición sin fundamento y la acción mal conducida que termina en fracasos, desilusiones y prolongación de lo caótico.

En lo personal, sigo apostando por la razón como brújula que guía, entendiendo que en la sociedad existen múltiples actores, que simultáneamente van tejiendo un entramado de base cuyos alcances son difíciles de predecir, pero que se puede hacer el esfuerzo por entender. Más daño han hecho quienes han apostado por las decisiones inmediatistas que aquellos que en su serenidad van construyendo con bases fuertes los senderos que han de transitar los pueblos. Mi rechazo a quienes apuestan por las soluciones mágicas, porque su fundamento es y seguirá siendo nuestra mayor condena.

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