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Gloria Cuenca: Dudas y certezas

Circula una especie de cuento-anécdota-chiste sobre la venta que hace Satanás de sus posibilidades. Según la historia, lo más costoso y lo que casi no se vende en la tienda: el desencanto. El demonio lo usa a gusto. Aquí echó una buena rociada de ese desencanto.

Después de haber estado cautivos, como verdaderos tontos, por el encantador de serpientes y el procubano. Estafaron al pueblo con sus mentiras y en especial a un país básicamente anticomunista. Le disfrazaron sus propósitos y “cayeron por inocentes”. La gente no cree. Hay duda, no razonable, sí fuerte, en torno todo lo que se dice. La aprovechan los llamados “guerrilleros del teclado”. Lanzan cantidad de locuras y empieza la duda. Se reacciona, sin analizar, ni reflexionar sobre todo lo que se plantea. No hay suficiente libertad de expresión ni de información –los medios casi no informan–. Resulta difícil para la gente común saber la verdad y la mentira en esa frondosa selva de seudoinformaciones (¿contradictorio, verdad?).

Al no haber un verdadero fluido informativo ocurre que la desinformación y la incertidumbre son el pan nuestro de cada día. La solución no es limitar la libertad, sino todo lo contrario: ampliar y mejorar todo lo que sea la información noticiosa. Para eso hay que enfrentar la “hegemonía comunicacional”. El régimen lo único que acepta como proceso de comunicación es propaganda.

No quieren entender que hasta los mensajes propagandísticos –por bien logrados que sean– llega un momento en que nadie los cree.

La realidad los confronta. Se dice que no hay hambre ni faltan alimentos; hay amor y comida a raudales. En el mercado, abasto o supermercado, el usuario, el cliente se da cuenta, rápidamente, de que el mensaje propagandístico y la realidad no concuerdan. ¿Nuestros ojos qué ven?, a menos que se esté totalmente alienado, la falta de comida. Hay otra situación, especialmente entre los seguidores del proceso revolucionario o de quienes se encuentran alienados a la doctrina comunista.

No importa que el muro de Berlín cayera hace más de dos décadas, desapareciera la Unión Soviética y el Partido Comunista; China cambió su economía al capitalismo salvaje, entre otros aspectos. Los obsecuentes seguidores de la doctrina derrotada, fracasada y anacrónica del marxismo-leninismo, no quieren o no pueden ver la realidad. ¡Qué lamentable! ¡Una situación tan sencilla, por la tozudez de algunos, nos pone al borde del precipicio!

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