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La lucha virtual en un país duplicado

 

Agosto ha sido el mes de los bots, de los perfiles falsos creados para neutralizar al adversario, de ataques a sitios oficiales y opositores. El descrédito moral del enemigo como objetivo. Se trata de una contienda digital de la cual ningún venezolano parece haber quedado aislado. ¿En cuál de los dos ejércitos se apunta usted?

Néstor Luis Llabanero
En las redes me consigues como @llabanero

La beligerancia política de calle –en reposo desde el mes de julio–  ha trasladado su artillería al entorno virtual. La batalla no produce caídos, pero sí hackeados.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) informó que su página web fue atacada.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) divulgó un hecho similar para su sitio en Internet.

Ambos sectores, oficialismo y oposición, han ratificado la ofensiva en el espacio virtual. Como si se tratara de un ring de boxeo, el entorno de individuos también ha recibido sus derechazos. Un ejemplo, la fiscal Luisa Ortega Díaz. La titular del Ministerio Público se ha visto duplicada en una cuenta falsa que no pocos incautos siguen y retuitean.

¿De qué se trata esta forma de disputa? Guerra 2.0, la clasifican algunos, siendo Twitter su principal campo de ejecución.

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Roberto Rasquin, experto en periodismo digital y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, UCAB, estima que esta “guerra“, en el caso de Venezuela –un país con polarización política– “no se queda en el enfrentamiento dialéctico entre los dos bandos”.

Ha alzado vuelo con los hackeos y vulneraciones de seguridad de los perfiles de redes sociales tanto de personeros e instituciones del gobierno como de personajes ligados a la oposición”.

Twitter, donde Venezuela mide el poder

La actividad en línea del país resulta dinámica. Por encima del promedio continental. Algunos alegan que este vigor en las redes se debe a que, en el caso de Twitter, es vista como la herramienta con mayor libertad para informar e informarse.

Venezuela tiene un mapa digital que conoce muy bien Tendencias Digitales. Esta empresa especializada en el análisis de mercados digitales en América Latina, precisó en su informe 2015 que hasta 16 millones de venezolanos hace vida en Internet. Es decir, 53% de la población del país tiene presencial virtual activa. Un crecimiento nada desestimable. En el año 2000, según la misma fuente, solo 3% de los venezolanos se asomaba al entorno digital.

De 16 millones de venezolanos, 88% envían y reciben correos electrónicos. El porcentaje de Latinoamérica es de 84%.

Ese porcentaje habla de una necesidad de comunicación del venezolano como ningún otro habitante del continente.

Tendencias Digitales indica que 78% de los venezolanos tiene presencia en redes, por ejemplo, Twitter, Facebook, Instagram. Latinoamérica presenta 75%.

La confianza en el ámbito 2.0 demanda una sensibilidad alta. Buena parte de las finanzas son tramitadas de manera  electrónica. Basta saber que de cada 100 venezolanos, 83 realizan operaciones bancarias.

Los elevados porcentajes dan cuenta de la relevancia que tiene para el venezolano la actividad en línea. Pero la seguridad 2.0 de los ciudadanos no luce blindada, lo cual genera ansiedad en la población.

El gobierno ha mostrado, según algunos especialistas, una vulnerabilidad de sus sitios en Internet que deja en evidencia la fragilidad incluso de toda la informática del país.

Roberto Rasquin intuye que la razón de esa debilidad, en el caso particular de los sitios oficiales, sería la improvisación con la que crean sus páginas web: “El gobierno ha demostrado ser eficiente en crear rápidamente organismos y empresas de un día a otro, según el antojo del jefe del Ejecutivo, y a veces esas decisiones requieren montajes de páginas sin mucha seguridad que los hackers pueden vulnerar”.

El país duplicado

Venezuela parece estar formal e informalmente partida en dos. Hoy se habla de un Ministerio Público con dos fiscales; de un Tribunal Supremo de Justicia con dos versiones; de dos anfitriones de la Asamblea Nacional, de dos grandes organizaciones partidistas que concentran a los votantes venezolanos y, por supuesto, de dos figuras políticas para uno y otro sector.

Esa puja por el poder se siente en el discurso de las redes. Incluyendo a los seguidores de lado y lado. Ahora bien, ¿quiénes de estas personalidades y organizaciones acumulan mayor ejército en Twitter?

PSUV vs. MUD

Las dos grandes entidades partidistas en Venezuela –PSUV y MUD– miden su fortaleza en la red social, de donde salen verdaderos misiles de ataques.

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Maduro vs. Capriles

Nicolás Maduro y Henrique Capriles –referentes políticos del oficialismo y oposición, respectivamente–  también dejan ver su alcance.

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Delcy vs. Borges

Los dos asambleístas también pulsan su alcance. Delcy Rodríguez es la presidenta de no reconocida internacionalmente Asamblea Nacional Constituyente. Su cargo le fue asignado por el gobierno, luego del 30 de julio de 2017. Mientras que Julio Borges es el presidente de la Asamblea Nacional, elegido por el pueblo venezolano durante un proceso comicial en 2015. Este último tiene mayor cantidad de defensores en Twitter.

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Tarek vs. Ortega Díaz

Desde agosto 2017, Venezuela cuenta con otro versus, el de Tarek William Saab, defensor del pueblo devenido en fiscal, y la propia fiscal, Luisa Ortega Díaz.  Ambos son rojos, aunque diferentes. Ortega Díaz se declara identificada con Hugo Chávez; Saab comienza su gestión con Nicolás Maduro. ¿Cuál recibe mayor apoyo de la comunidad tuitera?

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Jorge vs. Ocariz

Catia (oeste) y Petare (este) son los dos extremos geográficos de Caracas. Ambos puntos tienen respectivos alcaldes: Jorge Rodríguez (municipio Libertador) y Carlos Ocariz (municipio Sucre). Las dos autoridades miden su fuerza individual en Twitter de la siguiente manera:

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Las 8 estrategias de una guerra 2.0

Daniel Riveros, subdirector de la empresa Más Que Digital C.A, ubica algunas de las estrategias más comunes de una guerra en redes sociales

  1. Logro de accesos no autorizados a la administración de una o varias cuentas de Redes Sociales (RRSS).
  2.  Creación de cuentas de RRSS para difundir contenido difamatorio, potencialmente viral.
  3. Creación y robotización de generación y difusión de contenido inorgánico con uso de palabras claves para desposicionar tendencias negativas o potenciar tendencias positivas.
  4. Difusión de campañas de desinformación con utilización del hashtag del oponente.
  5.  Creación de cuentas de grupo o FanPages alusivos a favor del oponente para así identificar a los enemigos o seguidores del enemigo.
  6. Contratación de un influenciador del enemigo para difusión de contenido evergreen (no perecedero).
  7. Promover la inconformidad de la comunidad usuaria de un producto o servicio al exponer y magnificar una mala experiencia.
  8.  Magnificación de eventos e información no relacionada a la crisis.

Limpiar (o ensuciar) la imagen con una tropa de bots

Cada quien intenta generar aliados. Por eso, la batalla del poder se ha trasladado al mundo online. A veces se valen de artimañas no convencionales.

Roberto Rasquin menciona los bots. Estos vienen a conformar una suerte de milicia electrónica que funciona como un programa con posibilidades de ejecutar acciones en Internet o redes sociales.

Una vez activado el programa, los bots tienen posibilidad de tuitear, repetir hashtags, dar likes ante ciertas instrucciones o publicar links en diversas páginas web.

Su uso es una de las estrategias más comunes por parte del oficialismo (y a veces de opositores) para posicionar etiquetas en Twitter”, indica Rasquin: “Incluso, en momentos en los que se les critica abiertamente en las redes y buscan dar apariencia de fortaleza”.

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Hasta ahora, los bots no están permitidos en la política de uso de Twitter; sin embargo, han resultado útiles para posicionar temas y generar matriz de opinión.

El pasado 14 de agosto, el gobierno venezolano se apoyó en los bots para empujar el posicionamiento de la etiqueta #FueraTrumpDeAmericaLatina. Objetivo logrado.

Ese mismo día, las tendencias de Venezuela registraron otro hashtag #YoApoyoLaIntervencionMilitar, que  representaba el sentir de parte de la oposición.

Sin embargo, y esto es lo importante, el gobierno fue acusado de valerse también de la segunda etiqueta, a través de los bots, para introducir mensajes de rechazo en contra de los opositores.

Los bots son utilizados en ocasiones para desvirtuar la intención original de una etiqueta, dice Rasquin.

Este ex gerente editorial multimedia del diario El Nacional opina que “el tuitero poco avezado y que no conozca las prácticas, sobre todo del oficialismo, puede caer en la trampa de pensar que esos hashtags representan el pensamiento de una mayoría. Pero la realidad es que poco a poco esas tácticas quedan al descubierto y sólo generan desprestigio. El uso de bots solo demuestra desespero y debilidad”.

Los 10 objetivos de una Guerra 2.0

Daniel Riveros, especialista en marketing digital, menciona los 10 objetivos de un sector político cuando emprende una Guerra 2.0.

  • Consolidar el mayor número de voceros y difusores aliados posibles.
  • Generar publicaciones para desacreditar los mensajes del oponente.
  • Mantener conquista la comunidad.
  • Captar nuevos seguidores y aliados.
  • Crear e influenciar tendencias a favor.
  • Internacionalizar la crisis con menciones a organizaciones internacionales.
  • Buscar sumar a la interacción otras comunidades internacionales que apoyen el mensaje.
  • Difundir cronograma de actividades y lograr participación.
  • Someter a evaluación de la comunidad alguna propuesta de la organización política.
  • Magnificar eventos no relacionados (creación de cortinas de humo).

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